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POETAS 96. Pedro Salinas I (Seguro Azar)

 Se deja aquí un puñado de poemas de los tres primeros libros de Pedro Salinas, poeta mayor de la generación del 27 -nacido en Madrid en 1891-, que temprano colaboró en la vida cultural de la España de principios del siglo pasado, que llegó a ser un muy joven secretario del Ateneo, que fue lector de español en la Sorbona, donde se dejó hechizar por la prosa de Marcel Proust, al que más tarde tradujo con fortuna, que se casó con Margarita Botella, a la que prontó traicionó por Katherine Whitmore, para quien dedicara la trilogía «La voz a ti debida», «Razón de amor» y «Largo lamento» -trilogía de la que también se seleccionarán aquí poemas, si eso fuera posible-, más tarde la propia Katherine Whitmore -que en el año 32 había venido de Estados Unidos a estudiar en la Universidad de Verano de Sant4nder, de la que Salinas fue profesor y secretario- reapareció en España algunos años después, a mediados  de los años 30, complicando la vida matrimonial del poeta y levándole a un intento de suicidio, lo que no impidió que prosiguiera con su relación en el exilio norteamericano -al estallar la guerra civil- en cuya universidad dió vocacionalmente clases de literatura española, rindió tributo y escribió ensayos sobre Jorge Manrique y Rubén Dario, entre muchos otros, y asistió al adios definitivo de su relación con Katherine en 1939, una vez que ésta consumara su matrimonio con su colega Brewer Whitmore. Entre San Juan de Puerto Rico, Baltimore y Boston pasó sus últimos años dando clases, siendo ésta última ciudad donde le alcanzó la muerte -1951- después de un largo cáncer. Su cuerpo fue enterrado en San Juan de Puerto Rico. Los libros aquí seleccionados pertenecen a su etapa inicial («Presagios», 1923; «Seguro Azar», 1929; «Fábula y Signo, 1931) y en ellos se puede apreciar la huella de Juan Ramón Jiménez, los ecos de las vanguardias, el afán por recrear un nuevo lenguaje simbólico en los modernos objetos de la ciudad y la técnica,  el afán y el desvelo amoroso por llegar a la plenitud de la mujer amada, que se perfila y oculta de forma huidiza en este mismo mundo simbólico y moderno.

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1

Suelo. Nada más
Suelo. Nada menos.
Y que te baste con eso.
Porque en el suelo los pies hincados,
en los pies torso derecho,
en el torso la testa firme,
y allá, al socaire de la frente,
la idea pura, y en la idea pura
el mañana, la llave
-mañana- de lo eterno.
Suelo. Ni más ni menos.
Y que te baste con eso.

(«Presagios», 1924)

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ZAAK

Naturaleza Maya

MAJA. Comunidad del agua.

Es cierto que todo esfuerzo tiene su recompensa y para aquél que empieza por las dificultades siempre habrá un camino, pero precisamente por eso resulta tan difícil encontrarlo. Cómo puede ser posible hilar una historia coherente de un mundo tan lejano cuando a través de los siglos se han ido interpretando y reinterpretando los hallazgos a los que nos abandonamos en busca de una explicación que siempre resulta comprensible para la época que lo conoció pero no para la siguiente que debe reformularlos bajo un nuevo descubrimiento. Así es como después de tantos y tantos años unas se contradicen a otras dependiendo del momento en que se formularon. Por eso nos resulta más válida siempre la última porque debe tener más datos y por tanto ser más completa. Pero esto nos deja igual de perplejos porque, salvo caso cerrado, debemos esperar siempre un nuevo hallazgo que deje en pañales, sino en un absurdo, la teoría anterior. Además, tendríamos que contar con algo que nos parece muy sensato, deberíamos pensar si todos estaban de acuerdo con aquello que se escribía, dibujaba o representaba, o sencillamente con aquello que se practicaba. Debemos suponer que al artista de la arcilla podía no ser el mismo que practicaba el juego de la pelota, o sencillamente que el arquitecto no tuviera para nada que ver con la práctica de los sacrificios. Qué difícil sería según estos parámetros reescribir la historia, y por eso nos quedamos con los hallazgos y una historia que al relacionarlos resulte creíble. ¿Qué más podríamos hacer, sino seguir buscando «hallazgos»?.

En la historia del pensamiento aún es más difícil porque los hallazgos no lo describen con claridad como lo haría un libro con el pensamiento de su autor. Los Mayas, como casi todos los pueblos miraron al cielo buscando explicación. Antes que los jeroglíficos, está la geometría que nace sin tapujos mirando al cielo. Los «observadores», como así los llamaban, tenían dos modos, peculiares de toda la historia del pensamiento: la unidad y la relación. Si bien para el pueblo maya la unidad era, muy al contrario de nuestro pensamiento que la entiende como reunión, la independencia de todo lo que le rodea; y por tanto, el segundo modo como relación de unidades. Esto que parece tan simple es de una gran importancia, pensemos que nos hemos acostumbrado a establecer una relación de cosas que crecen sin cesar porque generan una nueva unidad, y este camino es infinito. Pero si tomamos la relación como lo que es, no hay por qué romper una unidad para crear una nueva relación, sencillamente lo necesario es distinguir las unidades y establecer de las relaciones que se pueden dar una nueva unidad. Por ejemplo, pensemos en nuestra forma de pensar en la que de un conjunto de cosas establecemos una relación, por ejemplo de cosas blancas: nieve, papel, nube, gabardina; y debemos romper esta unidad para llevarnos la nieve al conjunto de cosas frías; nuestro proceder es una constante construcción de grupos o conjuntos que deben constantemente romperse porque no pertenecen a uno sino a muchos y nunca los mismos al mismo; pero según el pensamiento maya tenemos una unidad, la nube y otra unidad, por ejemplo la nieve, y una relación entre dos unidades nos abre a otras unidades, por ejemplo, el frío. El mundo maya, como la comunidad en la que viven es una interpretación de independencia, la unidad es siempre independiente de todo lo que le rodea. Esto pienso que es extraordinario. El trabajo en torno a esto de Don José Díaz Ruiz, sencillamente magnífico. En la relación, la conciencia es de cercanía, juntas unas a otras. Esto nos lleva a una de las ideas más importantes del mundo maya: el tiempo. Curiosamente, en los grados de desconocimiento es el último, y representa el misterio; la relación más alta de entre todas las unidades, el calendario maya, lo que no podemos abarcar. En las relaciones estas unidades se autoinfluyen e independizan.

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PENSAMIENTOS 11. Marco Aurelio I

(Roma, 26 de abril de 121 – Vindobona, o actual Viena,17 de marzo de 180). Descendiente de una familia noble, de origen hispano por la rama paterna, el padre murió cuando Marco tenía 10 años, siendo criado por su abuelo Anio Vero, que fue prefecto de Roma y cónsul durante tres ocasiones. Su madre, Domicia Lucila, fue dama de gran cultura y en su palacio del monte Celio -donde se crió Marco- hospedó a las principales personalidades de la época. Su bisabuelo, Catilio Severo, también prefecto y cónsul, llegó a intimar con el emperador Adriano y se introdujo en el círculo de Plinio. El complejo nexo de parentescos y de relaciones que rodeaba la persona de Marco permitió finalmente que pudiera ascender al trono del imperio, para el que fue educado desde muy temprana edad. Una vez que Adriano adoptó a Antonino, y después de ser Marco adoptado a su vez por el segundo –cuando éste contaba 16 años-, no tuvo más que esperar a que llegara su turno en el orden sucesorio, lo que se produjo tras la muerte del emperador Antonino Pío en el año 161. Para su crianza dispuso de un selecto elenco de preceptores y maestros, de los que nos ha dejado semblanza de sus cualidades en el primer libro de sus «Meditaciones», probablemente, el último en ser redactado. De Junio Rústico, célebre filósofo estoico de su tiempo, aprendió –por ejemplo- el haber concebido la necesidad de enderezar y cuidar su carácter. De Apolonio de Calcis –que a instancias de Antonino acudió a Roma para instruir a Marco Aurelio-, a no dirigir la mirada a otra cosa que a la razón. De Sexto de Quereonea, sobrino de Plutarco, aprendió la dignidad sin afectación y el saber polifacético, sin alardes. Del filósofo peripatético Claudio Severo, el dominio de sí mismo y a no dejarse arrastrar por nada. Especialmente prolija resulta la relación de cualidades que pudo observar de su tío político y padre adoptivo, Antonino Pío, de quien heredó el imperio, y a quien siempre admiró profundamente. De su maestro Frontón, quien fue apreciado en la antigüedad por sus dotes de orador sólo comparables a las de Cicerón, aprendió el arte de la retórica, y a él le unió una amistad que fue más tarde alentada por un fluido intercambio de cartas, muchas de las cuales nos han sido conservadas. El mismo Frontón sostuvo una carrera política al socaire de la del propio Marco Aurelio. Una vez Marco es adoptado y trasladado a la casa de Adriano en Roma, se le nombra cuestor y se le promete, para asegurar su posición, con la hija del futuro emperador Antonino, Faustina la menor, con la que se casará años más tarde y con la que tendrá 14 hijos -de los cuáles sólo cinco le iban a sobrevivir-. Tras subir al trono Antonino Pío en el año 138, Marco es nombrado cónsul por primera vez a los 18 años, cargo que ocupará dos veces más antes de su coronación en corregencia con su hermano adoptivo Lucio (año 161). Pese a ser Marco Aurelio de carácter pacífico, su reinado de veinte años se vió comprometido de continuo por amenazas fronterizas e invasiones que terminaron en guerras. Primero fue su hermano Lucio quien se vio obligado a dirigir las tropas contra los partos que habían invadido Armenia, y que no pudieron ser derrotados hasta el año 166. A su regreso a Roma, el ejército trajo consigo la terrible plaga de la peste, que acabó haciendo estragos entre los soldados y la población de toda Italia. Según Jerónimo, el ejército romano fue destruido y casi aniquilado, provocando una seria crisis económica -al enmagrecerse los ingresos públicos procedentes de impuestos- que Marco quiso atajar subastando una parte considerable de los bienes de palacio. En el año 169 muere Lucio de un ataque de apoplejía y el propio Marco ha de partir para una guerra de la que desconocía casi todo, ya que nunca había salido de Roma ni había recibido instrucción militar. En el año 170 acompaña a las tropas en la ofensiva al otro lado del Danubio (cerca de la actual Belgrado). Es muy probable que en su primera temporada completa en los cuarteles de invierno comenzara a redactar su cuaderno de notas filosóficas que dejó tras su muerte, y que llevó consigo durante una década. En ese mismo año las tropas romanas salen vapuleadas de Aquilea y poco después los bárbaros invaden Italia. En el año 172, finalmente, son derrotados los marcomanos. El segundo libro de sus meditaciones lleva como epígrafe «En Carnunto» (en la actualidad, población austriaca). Situado en el campamento de aquella ciudad, donde nos dejó apuntes de gran parte de sus meditaciones, pasó el año 171 luchando contra los yáziges sármatas, fieros jinetes de la llanura húngara. Siendo como era de complexión enfermiza, por aquel entonces su pecho y estómago comenzaron a resentirse, Galeno le prescribió opio para paliar el dolor y el insomnio, y acabó volviéndose adicto a sus remedios. En el año 175, después de extenderse el rumor de que Marco Aurelio había muerto, Casio se proclamó emperador en Egipto, reclamando el resto del imperio, lo que llevó a un conato de guerra civil que concluyó con el asesinato del mismo Casio por la mano de uno de sus guardianes. Era ya en aquel momento, tal como llegó a retratarse ante sus tropas en una de sus arengas, “un hombre viejo y débil e incapaz de comer sin dolor o de tener un sueño tranquilo”. En el año 176 partió para Egipto para pacificar algunas rebeliones. Después de pasar por Siria y Palestina, navegó hacia Atenas donde pidió ser iniciado en los misterios de Deméter y Perséfone que se celebraban durante el més de septiembre, y donde fundó cuatro cátedras de filosofía (una por cada una de las grandes escuelas: la platónica, la socrática, la epicurea y la estoica). A su llegada triunfal a Roma, después de una ausencia de 8 años, trató de asegurar la sucesión de su hijo Cómodo otorgándole títulos que lo habilitaban para actuar como corregente. Poco después, Marco lanza una segunda expedición con la idea de crear dos nuevas provincias en territorios de cuados y marcomanos, pero no llegó a culminarla. Murió cuando todavía se encontraba en campaña, el 17 de marzo de 180, al cabo de poco más de un mes después de haber cumplido los 59 años. Murió a orillas del Danubio, cerca de la actual Viena, mientras se dirigía contra los sármatas de la llanura húngara. El hecho de que Marco Aurelio despachara con premura a su hijo Cómodo de su lecho de muerte hace pensar que ésta se produjo a causa de la peste. Se dice que al tribuno que le pidió el santo y seña le dijo: «ve al sol naciente, porque yo ya me estoy poniendo». Si bien el cuaderno de anotaciones que llevaba consigo parece estar desprovisto de toda alusión a las guerras en medio de las cuales fueron escritas sus meditaciones, su biógrafo Anthony Birley -«Marco Aurelio», excelente biografía traducida por la editorial Gredos- cree más bien que las guerras fueron el motivo de que llegaran a ser escritas, pues en ellas abundan los pensamientos vinculados con la muerte y muchas de las imágenes elegidas recaen en los conflictos bélicos. Sería, por tanto, este ambiente de conmoción y violencia un acicate y una ocasión para que meditara sobre la vida y la muerte. Acaso, si Marco Aurelio hubiera gozado de un apacible reinado sin salir de Roma, no hubiera tenido necesidad de tomar la pluma. En cierta ocasión se dijo que su posición en la vida le dificultaba para profesar la filosofía. No obstante, trató durante todo su reinado de revertir esa desfavorable situación de emperador baqueteado por guerras y sediciones, y siempre que le era posible se entregaba a sus meditaciones: “eso tienes tu ahora el palacio y la filosofía”, llega a decirse en sus apuntes. Como emperador fue tratado favorablemente por los historiadores más próximos, siendo considerado el último de la llamada «edad de oro» del Imperio romano. Supo continuar la labor jurídica de Antonino, redactó más de trescientos textos legales y mejoró la condición de esclavos, mujeres y niños. Taine dijo de Marco Aurelio que era el alma más noble que haya existido y Renan lo calificó como el mejor y más grande de su siglo. Fue precisamente el cuaderno de anotaciones filosóficas que llevaba consigo en medio de campañas con cadáveres y caballos de batalla lo que le hizo merecer la elogiosa opinión de la posteridad. Su cuaderno, escrito en griego, que era la lengua que había aprendido desde niño y en la que quiso razonar por amor a la filosofía, fue titulado «Ta eis heautón» -«Acerca de si mismo»-, aunque ha pasado a ser conocido por la posteridad como «Meditaciones» -en castellano- o incluso «Pensamientos» -en su aproximación francesa-. Nos ha sido legado con una división en doce capítulos,tal vez reagrupados y ordenados de forma póstuma por un editor, y está compuesto por una serie de fragmentos más bien breves, que son anotaciones esporádicas donde abundan las admoniciones espirituales, los preceptos morales o las disquisiciones filosóficas. Escritas con un estilo sobrio, conciso, e incluso lapidario, hace un repaso a los temas tópicos de la meditación estoica. Si bien Marco Aurelio profesó siempre una gran admiración al estoicismo, procuró que su formación filosófica fuera lo más ecléctica posible. Ha sido señalado por los historiadores lo paradójico del hecho de que los dos últimos grandes estoicos fueran un esclavo frigio cojo y el soberano de un imperio mundial. Y sin embargo, su condición de soberano apenas se deja asomar entre las lineas de sus meditaciones, y sí, en cambio, su sólida formación filosofíca y su elevado carácter moral: “no te conviertas ni en esclavo ni en tirano de ningún hombre”. Imbuído de algunas nociones estoicas, como la necesidad cósmica que todo lo encadena, la asunción de la razón como guía, el sentido del deber o el orgullo de sentirse ciudadano del mundo, y espoleado a la vez por un desprecio hacia la muerte y hacia todo lo corporal, Marco Aurelio nos ha dejado en sus meditaciones un extraordinario libro de ejercicios espirituales con el que trata de elevar el nivel moral de la naturaleza humana, invitándonos a que aprovechemos al máximo la porción de vida que nos es entregada en cada instante. (Para no hacer prolija esta reseña, se tratará de dejar para próximas entregas el análisis filosófico y la disección de su pensamiento, siempre acompañado de sus máximas correspondientes)

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– ¿Serás algún día, alma mía, buena, sencilla, única, desnuda, más patente que el cuerpo que te circunda? ¿Probarás algún día la disposición que te incita a amar y querer? ¿Serás algún día colmada, te hallarás sin necesidades, sin echar nada de menos, sin ambicionar nada, ni animado ni inanimado, para disfrute de tus placeres, sin desear siquiera un plazo de tiempo en el trascurso del cual prolongues tu diversión, ni tampoco un lugar, una región, un aire más apacible, ni una buena armonía entre los hombres? ¿Te conformarás con tu presente disposición, estarás satisfecha con todas tus circunstancias presentes, te convencerás a ti misma de que todo te va bien y te sobreviene enviado por los dioses, y asimismo, de que te será favorable todo cuanto a ellos les es grato y cuanto tienen intención de conceder para salvaguardar al ser perfecto, bueno, justo y bello, que todo lo genera, que contiene, circunda y abarca todo lo que, una vez disuelto, generará otras cosas semejantes? ¿Serás tú algún día tal, que puedas convivir como ciudadano, con los dioses y con los hombres, hasta el extremo de no hacerles ninguna censura ni ser condenado por ellos?
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POETAS 70. Juan Ramón Jiménez V («Piedra y Cielo»)

(Moguer, Huelva 1881- San Juan, Puerto Rico 1958). Juan Ramón Jiménez vivió su primera juventud entre Huelva y Sevilla, ciudad, está última, en que comenzó a cursar estudios de derecho, interrumpidos luego por su traslado a Madrid en 1900. Allí publica sus primeros libros, se entera de la ruina del negocio familiar, e ingresa durante varios meses en un sanatorio psiquiátrico, aquejado de una neurosis depresiva provocada por la noticia de la muerte del padre -se imaginó que era él mismo quien moría o podía morir, y desde aquel momento un pavor a la muerte le acompañó de por vida-. En 1906 se retira durante unos años a Moguer y allí escribe “Platero y yo”, hasta que en 1911 regresa definitivamente a Madrid con el ansia de estar en contacto permanente con los poetas y las ideas importantes del momento. Decisivo para la vida y la obra de Juan Ramón iba a ser el encuentro en 1913 con Zenobia Camprubí, culta escritora y traductora de Tagore, y que se iba a convertir, a la postre, en la esposa, secretaria copista, traductora y agente de su obra. Los años en Madrid antes del exilio son años en que publica gran parte de su obra en revistas y comienza a ejercer su magisterio sobre las generaciones poéticas posteriores, dirigiéndose siempre, tal como reza la dedicatoria en uno de sus libros, “a la inmensa minoría”. Juan Ramón fue un poeta puro e hipersensible que dedicó su vida a la belleza, y que compuso exquisitos y repulidos poemas, acorazado en su torre de marfil, siempre aislado del ruido exterior dentro una habitación acorchada, alejado de bullicios y visitas, y sólo interrumpido en su tarea creativa por la entrada de una críada que le anunciaba la hora del crepúsculo, mientras a la vez le abría la puerte del balcón que daba al poniente. A este respecto, cuenta Sanchez Barbudo que, el día de la proclamación de la república, J.R.J no pudo sumarse al júbilo general porque por entonces tenía en casa -una de las muchas casas a las que se mudaban en busca siempre de más tranquilidad- una cuadrilla de albañiles que estaban levantando otra pared con la que aislarse aún más del ruido exterior. Al estallar la guerra civil, el poeta abandona España con destino a Washington para ocupar un puesto en la embajada cultural y dedicarse a la docencia. Antes de trasladarse a Puerto Rico en 1950, sufre otra crisis depresiva que le conduce a un nuevo internamiento. Se cuenta que Juan Ramón nunca logró superar la nostalgia del exilio -se echaba a llorar si oía hablar en español o escuchaba flamenco- y que éste era uno de los motivos de las constantes crisis que le impedían trabajar en su obra y que obligaban a hospitalizarlo. El 28 de octubre de 1956 fallecía, en San Juan, Zenobia Camprubí después de una larga enfermedad de cáncer, y tras haber renunciado a un tratamiento adecuado en Estados Unidos, ya que J. R. J no soportaba el tráfago de la vida americana y tampoco quería quedarse solo. Después de la desparición de Zenobia, abatido por una nueva depresión, fue hospitalizado y no volvió a escribir ya más poemas hasta su muerte en 1958. En uno de sus últimos apuntes en una libreta, dejó constancia de su recuerdo atormentado: “A Zenobia de mi alma este último recuerdo de su Juan Ramón, que le adoró como a la mujer más completa del mundo y no pudo hacerla feliz”. Tres días antes de fallecer Zenobia, le había sido concedido al poeta el premio nobel de literatura, “por su poesía lírica que, en el idioma español, constituye un ejemplo de elevado espíritu y pureza artística”. Este implacable proceso de depuración por el que pasa su obra, puede ser resumido con las propias palabras del poeta: “1. Influencia de la mejor poesía “eterna” española, predominando el Romancero, Góngora y Becquer. -2 El “modernismo”, con la influencia especial de Rubén Darío. -3 Reacción brusca a una poesía profundamente española, nueva, natural y sobrenatural , con las conquistas formales del “modernismo”. -4 Influencias generales de toda la poesía moderna. Baja de Francia. -5 Anhelo creciente de totalidad. Evolución creciente, seguida, responsable, de la personalidad íntima, fuera de escuelas y tendencias. Odio profundo a los ismos y a los trucos. – y siempre Angustia dominadora de eternidad”. Después de un periodo modernista y de exacerbada sensibilidad romántica, surge una poesía más metafísica e íntima que se culmina en 1915 con “Diario de poeta y mar” -antiguamente titulado “Diario de poeta recién casado” y modificado después por el propio Juan Ramón-. En 1917, con “Arenal de Eternidades” -antiguamente, titulado “Eternidades”-, da el salto definitivo hacia la “poesía pura” mediante un verso libre que aparece despojado de adjetivaciones y que busca la precisión de la inteligencia. Pertenecen a este periodo “Piedra y Cielo” (1919) y “Belleza” (1923). Con la publicación en 1949 de “Animal de fondo”, Juan Ramón Jiménez entra en su fase más mística, abrigando una concepción panteista del mundo y de la vida. El poeta puede alcanzar la redención dedicándose a la Obra, la cual le salva de la anquilación y le reintegra al Ser total de la belleza.

(Dentro de la llamada “etapa intelectual” de Juan Ramón Jiménez que arranca de su libro Diario de poeta y  mar, (1915) y que se caracteriza por una poesía pura despojada de artificios, expresada de manera cada vez más esquemática y abstracta, libre de tropos y metáforas, puede situarse el libro “Piedra y cielo”, publicado en 1919, poco antes del impacto de su “segunda antología poética”, editada en 1922. En él se recogen las nuevas inquietudes del poeta, cada vez más centrado en el mundo de la creación literaria, que busca cumplir con su voz y sus cantos el anhelo ideal de belleza, plenitud y eternidad. El yo del poeta se hace microcosmos que sólo toma conciencia de su grandeza cuando refleja el macrocosmos, lo que se logra al fusionarse su obra en el proceso cósmico. Por medio de las canciones del poeta –que da eco a los cantos del mundo- el poeta alcanza la eternidad en su eco, y así logra salvarse de lo perecedero humano. Se da una compenetración entre la insaciable alma del poeta y el cuerpo del mundo, y ambos se funden en el ideal de belleza. A la vez que se funde la piedra con el cielo –reflejándolo- se funde la lágrima con la estrella y se funde el alma del poeta con el movimiento del mundo que mece todas las cosas.) 

ASÍ ES

!No la toques ya más, que así es la rosa!

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ANTES DE CANTARTE

!Canción mía, canta antes de cantar; da a quien te mire antes de cantarte, tu emoción y tu gracia; emánate de ti fresca y fragante!

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POETAS 93. Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal nació en Granada (Nicaragua) en 1925. Procedente de una de las familias más adineradas del país, estudia literatura en Managua y más tarde en México, hasta 1946. Durante dos años continua sus estudios en Nueva York. Después de un viaje por Europa, con escala en España, regresa en 1950 a Nicaragua para integrarse en el movimiento revolucionario que ya se estaba gestando para derrocar al tirano Anastasio Somoza. Tras un fallido golpe de Estado en «La revolución de Abril» de 1954,  y después de ver como muchos de sus compañeros de armas fueron perseguidos y ejecutados, marcha a Estados Unidos para ingresar en el monasterio de Gethsemaní, en Kentucky, donde permanece hasta 1959, año en que parte a Cuernavaca para estudiar Teología. Ya ordenado como sacerdote, regresa a Nicaragua en 1965 con varios libros publicados: «Epigramas», 1961; Gethsemaní, Ky», 1960; «Salmos», 1964; «Oración por Marilyn Monroe y otros poemas», 1965. Al año siguiente, y apreciando el consejo de su maestro Thomas Merton -no ingresar en una orden religiosa donde no se tenga la vida contemplativa de una forma natural, sencilla y sin reglamentos-, funda en una de las islas Solentiname una comunidad religiosa que sigue, a la vez, el modelo utópico de las comunidades primitivas. Durante este periodo se organizaron cooperativas agrícolas entre los campesinos y se promovió una escuela de pintura primitivista de gran influencia en Sudamérica. Fruto de esta experiencia colectiva, que agitó la vida religiosa y cultural del continente, fue su libro de poemas «El evangelio en Solentiname», al mismo tiempo que su poesía se va comprometiendo en contacto con el Frente Sandinista de Liberación Nacional y su batalla contra el dictador Somoza.  Cuando en julio de 1979 triunfa la revolución sandinista, es nombrado ministro de cultura, cargo que ocupará durante casi una década. Activista comprometido de la teología de la liberación, sus desviaciones respecto a la política vaticana le valieron una de las admoniciones papales más encarnizadas que se recuerdan. A pesar de ser afeado por la autoridad como sacerdote díscolo, y luego suspendido, el poeta no dejó de mantener su fidelidad al evangelio y al marxismo. «Desobedecimos al Vaticano y obedicimos la enseñanzas de Santo Tomás -llegó a declarar en una entrevista-. La máxima autoridad debe ser siempre la propia conciencia. Incluso cuando pesa la amenaza de excomunión». Elegido en 2010 miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, ha obtenido el premio iberoamericano de poesía Pablo Neruda y ha sido nominado para el nobel en 2004.

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EPITAFIO PARA JOAQUÍN PASOS

Aquí pasaba a pie por estas calles, sin empleo ni puesto,
y sin un peso.
Sólo poetas, putas y picados conocieron sus versos.
Nunca estuvo en el extranjero.
Estuvo preso.
Ahora está muerto.
No tiene ningún monumento.
                                                               Pero

recordadle cuando tengáis puentes de concreto,
grandes turbinas, tractores, plateados graneros,
buenos gobiernos.
Porque él purificó en sus poemas el lenguaje de su pueblo
en el que un día se escribirán los tratados de comercio,
la Constitución, las cartas de amor, y los decretos.

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DDHH

DDHH

El 10 de diciembre de 1948 se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Nada me apetece más que empezar esta ovación a los DDHH que haciendo exaltación del largo y tortuoso camino que el ser humano ha tenido, tiene y tendrá, que recorrer para desembarazarse de los dioses y de los idiotas. Nada es más cruel para la humanidad que un dios vengativo y un ser humano ignorante. Hubo un tiempo en el que no existió la libertad porque sólo pensaban unos pocos.

Un derecho es el filosofar mismo, la libertad con la que empezamos a pensar; de no ser así se nos daría todo pensado, o como se nos dan los objetos a la sensibilidad: indiscutiblemente. Por eso pensamos que este hecho a priori, este derecho, la libertad, es el fundamento de la dignidad humana, como el principio de contradicción lo es de toda la lógica, y siendo así que hasta para negarla sea necesario primero afirmarla. Y aquello que se cumple para todos por igual, se le llama igualdad, y esto no se cumple si tan sólo uno no lo es. De modo que la dignidad distingue al ser humano del resto de los organismos vivos porque es libre para pensar, y los iguala con todos aquellos en los que esto no se cumple y en todo lo demás que como organismos vivos los iguala. Resumiendo, todos los seres vivos somos iguales, pero la dignidad es sólo de aquellos que son libres, porque son aquellos que piensan. Y hay que tener muy presente que sólo por ésto la humanidad progresa.

Todos los seres vivos estamos determinados naturalmente, pero los seres humanos además somos libres porque pensamos y en esta actividad elegimos, y porque sus consecuencias afectan siempre al organismo social en el que se deciden, somos al fin conscientes de ello, es decir, responsables. El ser humano absolutamente independiente no puede darse, cabría decir que una decisión que no tenga consecuencias sociales no puede darse; cabría imaginarse en el retiro más absoluto, pero aún así y sólo en el caso de ser absolutamente desconocidos, en el caso de que no existiéramos para nadie en su conciencia, sólo en ese caso nuestro aislamiento no tendría consecuencias, pero esto parece excepcionalmente posible, es decir, todos y cada uno de los seres humanos que viven o han vivido han tomado en cada una de sus elecciones decisiones que han afectado a la sociedad y por ende a la humanidad entera.

Por eso toda pedagogía es poca, es necesaria la libertad que aprende en todo lo posible de todo lo posible, porque las ideas de la cultura en la que desarrolla su primera conciencia sobre el mundo que le rodea y el cuerpo que le hace crecer forman sus creencias; cabe, sin embargo, distinguir cuidadosamente que si la conciencia es libre porque decide antes de actuar, la sociedad también, es decir, una sociedad que se organiza a sí misma y toma deliberadamente sus decisiones, que los fines que persigue en sus actos tengan las consecuencias que todos los que pertenecen a ella esperan, es una sociedad libre que también debe tener normas que la protejan de las decisiones de un sólo acto humano y cuyas consecuencias deba sin remedio padecer. Esta libertad es el estado social natural de la convivencia entre los seres humanos gracias a la reflexión que sobre ella se hace para mejorar estas relaciones con el fin de alcanzar la convivencia en las mejores condiciones posibles que son a juicio de todos las de la paz y, por tanto, fundada en la solidaridad. El filosofar que alcanza este fin como el mejor de los posibles se pone manos a la obra para que el andamio que debe construir este solemne edificio que proteja tan altos valores perseguidos desde que la humanidad tiene conciencia de gran familia, libre, pacífica y solidaria; desde que esta conciencia tiene como finalidad lo mejor para todos, y conscientes de que sólo es alcanzable si es entre todos, sabe que el futuro, o es así o no es, será.

Un ser humano libre que en conciencia elige a priori sus actos por el fin naturalmente social es una naturaleza libre, pacífica y solidaria porque es  «un hecho de la sensible empatía humana«.

El hambre, la sed, la enfermedad, el acoso, abuso, la violencia, prisión, el dolor, la angustia o sencillamente el silencio es lo que se llevaban a la boca del pensamiento, cercenada la libertad y dejándola morir sino rabia, de pena, una mayoría de seres humanos, cuyo número hoy en día es escalofriante. Por eso no debe extrañarnos que la primera libertad de la dignidad humana sea la de su propio cuerpo, las primeras lágrimas pesan como zurrones. Hoy, el dato es que hay el mismo número de obesos que de hambrientos y sentimos vergüenza de pensar como esclavos, de no tener nunca satisfecha nuestra libertad porque a todas luces no sabemos que es, de tener la certeza de que si no se soluciona un problema tendremos siempre dos, el primero más el que genera no haberlo resuelto, y así progresivamente; sabemos que necesariamente todo pasa por la educación, la de los que no tienen para que siendo libres sean autosuficientes; y la de los que tienen porque tan importante es tener como saber tener, y tener demasiado acaba con ellos por ser innecesario, y también con los que no tienen por no tener, pero a los que les correspondía tener POR DERECHO.

¿Quién ha dicho que el agua del planeta no es de todos?, ¿algún extraterrestre?.

Todo aquel que pueda creer que el que nace sin un miembro, o un órgano o mermado en cualquier facultad es una razón suficiente para que no sea tratado igual comete un delito que no sólo atenta contra el derecho sino contra sus fundamentos, contra la conciencia social del derecho, la igualdad. Pensamos además que si el ser humano es parte, última o no, de la evolución de los organismos vivos del planeta, todos tienen derechos fundamentados en ella a ser tratados en igualdad, y por tanto a ser protegidos para mantenerla.

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POETAS 87. FELIPE BENíTEZ REYES

Nació en Rota, Cadiz, en 1960, donde estudió filología hispánica y comenzó desde muy joven su tarea creativa -su primer intento poético en forma de libro data de 1972-.  Suyos son, como poeta, los siguientes libros: «Vanos mundos», 1985; «Sombras particulares», 1992; «El equipaje abierto», 1996; «Escaparate de venenos», 2000. Consagrado desde hace ya tiempo como  autor de relatos («Un mundo peligroso», 1994), en 2007 recibió el premio Nadal por su novela  «Mercado de espejismos». También ha obtenido los premios Luis Cernuda, Loewe y el Premio Nacional de Literatura. Ha sido director de las revistas Fin de Siglo y Renacimiento. Su poesía puede encuadrarse en la llamada «Poesía de la Experiencia». Concibe la poesía como un ejercicio de fijación de la memoria, una suerte de biografía moral y estética. En alguna ocasión ha comentado que su intención al escribir poemas es la de que en ellos resuenen «los pasos que dimos hacia nosotros en busca de nosotros mismos».  La poesía  es vista, así, como una relectura de nuevos sentidos que el paso del tiempo nos va abriendo, «como el mensaje embotellado de un náufrago que el capricho de la marea devuelve a la misma orilla».

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ADVERTENCIA

Si alguna vez sufres -y lo harás-
por alguien que te amó y que te abandona,
no le guardes rencor ni le perdones:
deforma su memoria el rencoroso
y en amor el perdón es sólo una palabra
que no se aviene nunca a un sentimiento.
Soporta tu dolor en soledad,
porque el merecimiento aun de la adversidad mayor
está justificado si fuiste
desleal a tu conciencia, no apostando
sólo por el amor que te entregaba
su esplendor inocente, sus intocados mundos.

Así que cuando sufras -y lo harás-
por alguien que te amó, procura siempre
acusarte a ti mismo de su olvido
porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato.
Y aprende que la vida tiene un precio
que no puedes pagar continuamente.
Y aprende dignidad en tu derrota,
agradeciendo a quien te quiso
el regalo fugaz de su hermosura.
                    («Los Vanos Mundos», 1985)

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POETAS 86. Dante Alighieri I. Divina Comedia (El Infierno)

Italia (Florencia, 1265-Ravena, 1321). Dante nació en Florencia y pertenecía a una familia güelfa de la pequeña nobleza, estuvo casado y tuvo tres hijos. Se inició pronto en la actividad política y ostentó diversos cargos corporativos. Era un güelfo blanco: a diferencia de los guëlfos negros -la otra facción política de florencia-,  defendía la autonomía de las comunas y era hostil  a la injerencia del papa en la vida política de Florencia, abogando por una independencia del poder temporal -representado por el emperador- frente al poder espiritual -representado por el papa-. Su actividad y rivalidad política le granjeó una condena a dos años de carcel y a una multa monetaria que, al no poder satisfacer, fue agravada por una sentencia a ser quemado vivo, lo que provocó que Dante viviese el resto de su vida exiliado en distintas ciudades fuera de Florencia. Además de escribir la «Divina Comedia», escribió «Rimas», un tratado político titulado «La monarquía universal» y  el «Tratado de la elocuencia vulgar», en la que hace una defensa de la lengua vulgar y afirma la supremacía de ésta sobre la lengua docta de los eruditos. Precisamente, la Divina Comedia va a ser escrita en la lengua vulgar del italiano y bautizada como comedia  porque,  a diferencia de la tragedia,  comienza ásperamente para culminar con un final dichoso. Compuesta por catorcemil endecasílabos, con cien cantos en tercetos encadenados, la obra alegoriza el itinerario del alma hacia Dios a través del viaje por el infierno, el purgatorio y el paraíso, guíado consecutivamente por Virgilio, Beatriz y San Bernardo. Se suele aceptar la idea de que Virgilio personifica la Razón, Beatriz la Fe y San Bernardo el Amor. Aunque la obra de Dante se mueve en un plano trascendental, lo novedoso de la obra se halla en que Dante hace irrumpir a la historia y al momento presente en el hierático y atemporario mundo cultural de la Edad Media latina. Dante cita a papas y emperadores de su tiempo, a reyes y prelados, a  dictadores, capitanes, hombres y mujeres de la nobleza y de la burguesía, de los gremios y de la escuela, incluyendo más de medio millar de personajes. Si bien se ha identificado a Beatriz con la hija del banquero Folco Portinari, muerta con veintinco años, y de la que se habría enamorado Dante  a la edad de nueve años, resulta más razonable ver en la figura de Beatriz una vaga identificación con alguna mujer florentina desconocida, a la que Dante estilizó y trocó en símbolo. Para Ernst Robert Curtius («Literatura europea y Edad Media Latina II), Beatriz no es más que un mito inventado por Dante. «No es el recuperado amor de juventud -concluye- sino la salvación suprema en figura humana, emanación de Dios; sólo por eso puede aparecer sin blasfemia en un cortejo triunfal en el cual interviene el mismo Cristo». En palabras de Carlyle, nos es lícito escuchar en Dante «la voz de diez siglos de silencio», constituyendo así su obra un compendio genial de toda la tradición medieval. Para Borges, lo magistral en Dante se halla en «la variada y afortunada invención de rasgos precisos», tanto en el plano estilístico como en bosquejo de rasgos psicológicos de sus personajes. Se acompaña el capítulo XXXIII del Infierno (Trad. Angel Crespo) aquí seleccionado con un comentario de este pasaje hecho por Jorge Luis Borges, titulado «El falso problema de Ugolino» y un soneto del mismo Dante, traducido por Nicolás González Ruiz.

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«!Oh peregrinos!, que pensando vais
tal vez en cosas que están presentes
¿es que venís de tan lejana tierra
como mostráis en vuestro aspecto,

pues no se os ve llorar cuando pasáis
por medio de la doliente ciudad
como personas que no se diesen
cuenta de la gravedad de sus actos?

Si os detuvierais a escuchar,
el corazón con suspiros me dice
que os veríamos marchar llorando.

La ciudad ha perdido a su Beatriz,
y las palabras que de ella pueden decirse
atesoran la virtud de hacer llorar a quien las oye.»

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POETAS 5. Octavio Paz IV.(Semillas para un himno 1943-1955)

En Diciembre de 1945 Octavio Paz arriba al París de la Postguerra -«sin gasolina, sin calefacción, racionado, hambriento y en el que medraban las sanguijuelas del mercado negro»-y enseguida se siente atraído por el círculo surrealista de André Breton, colaborando activamente  en las reuniones del grupo en el Café de la Place Blanche. A pesar de que su estética anda distante de los dogmas del surrealismo -sus poemas no siguen el dictado de un estricto automatismo-, su influencia se puede detectar en el onirismo que puebla alguno de los poemas de esta etapa. Tal como rememora Octavio Paz años más tarde, el surrealismo fue capaz de desatar sus imágenes y echarlas a volar. Durante su época parisina, Paz publica parte de los poemas de «Libertad bajo palabra» y «El laberinto de la soledad», libro de ensayos en los que trata de definir el carácter del mexicano y su historia. En 1952 se traslada  a Nueva Delhi para trabajar en la embajada india durante cinco meses y, tras residir  ocho meses más en Tokyo, regresa por fin a México en 1953, después de nueve años de ausencia, «una ciudad todavía agradable, aunque ya empezaba a convertirse en el monstruo de ahora». A su regreso traba contacto con los nuevos valores de las letras mexicanas -Arreola, Fuentes,  Rulfo, etc- y colabora activamente en las distintas revistas literarias y grupos de teatro que se van creando por aquellos años. Tras el tránsito hacia un apartamiento de posiciónes políticas radicales, Paz comienza a defender la libertad de la imaginación y su oposición  hacia un arte ideológico. A propósito de esta concepción de la poesía, Octavio Paz escribe en «Las peras del Olmo»: «El arte sobrevive a los partidos, a los imperios y a los dioses. En su esencia última el arte no sirve a nadie, ni siquiera a la libertad, porque es la libertad misma, el hombre mismo, creándose infatigablemente, empezando siempre y siempre revelándose.»

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          El día abre la mano
          tres nubes
          y estas pocas palabras

Al alba busca su nombre lo naciente
Sobre los troncos soñolientos centellea la luz
Galopan las montañas a la orilla del mar
El sol entra en las aguas con espuelas
La piedra embiste y rompe claridades
El mar se obstina y crece al pie del horizonte
Tierra confusa, inminencia de escultura
El mundo alza la frente aún desnuda
Piedra pulida y lisa para grabar un canto
La luz despliega su abanico de nombres
Hay un comienzo de himno como un árbol
Hay el viento y nombres hermosos en el viento

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POETAS 75. José Agustín Goytisolo II

(Barcelona 1928-1999). La muerte de la madre durante un bombardeo en plena guerra civil va a marcar su infancia y su posterior poesía. En 1945 ingresa en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, donde coincide con Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral y Jaime Ferrán. Cursa los últimos años en Madrid, donde se relaciona con Emilio Lledó, José Ángel Valente y José Caballero Bonald. En 1953 gana el accésit del premio Adonais, siendo el primer miembro del grupo catalán de los cincuenta que publica. Interviene en las Conversaciones Poéticas de Formentor, que a través de “Papeles de Son Armadans”, convoca Cela en mayo de 1959 para hablar de poesía, encuentro al que también asisten Dámaso Alonso, Gerardo Diego y Vicente Aleixandre. En alguna ocasión Goystisolo se sintio identificado con la denominación de poeta industrial,  que hace referencia, según su propia versión, a esos poetas que hablan de “letras protestadas, de la huelga de tranvías, de las casas de prostitución. Los demás sólo hacían referencia a la meseta, la encina y esas cosas”. Es esta experiencia urbana la que atraviesa su libro ”Algo sucede” (1968), donde los poemas reflejan  el ámbito urbano y la experiencia de lo cotidiano. Con la publicación de este libro, seguido de “Bajo tolerancia” (1973),  comienza a reunir textos autobiográficos que toman como fondo vital una determinada situación política, haciendo uso de un tono coloquial y cínico, donde un sujeto algo maniaco-depresivo, que gusta del alcohol, el café y las mujeres, deambula compulsivamente  por bares y calles, y se topa con personas a las que luego hace desfilar como secundarios del poema. A partir del “Rey mendigo”, 1888, Goystisolo abundará en el uso de la tercera persona, lo que le permite un distanciamiento idóneo para el tono elegíaco y la meláncolía que suscita el paso del tiempo. Este tono irónico, ya teñido de desesperanza, se convertirá en el ” leit motiv” de su último libro “las horas quemadas”(1996).

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EL ROSTRO QUE CONJURA

Cuando llegue la hora de partir
que a su lado esté ella: que le mire
y que apriete su mano. No le asusta
regresar a la nada. Más quisiera
llevar al otro lado su figura.
La eternidad no existe. Cuando supe
amar a esta mujer y cuando mira
a quien le mira sabe que el infierno
estuvo aquí; también su paraíso.
Al fin y al cabo nadie le invitó
a entrar en este mundo que sabía
no iba a durar por siempre para él.
Pero ha tenido el rostro que conjura
ver al final. El viaje no le importa.
                                                                  («Las horas quemadas», 1996)

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