Mes: abril 2015

POETAS 103. Philip Larkin III (Ventanas altas)

Phillip Arthur Larkin, (9 de agosto de 1922-2 de diciembre de 1985), comenzó a labrarse fama en Inglaterra como poeta –antes había ensayado alguna que otra novela-  a raíz de la publicación de su segundo libro de poemas, “Engaños”, publicado en 1955. Le siguió “Las bodas de Pentecostés” (1964) y “Ventanas altas” (1974). Pasó su infancia y adolescencia en Coventry, tal como rememora en su poema “Recuerdo, Recuerdo”, un lugar del que más bien abominaba, y del que no pudo decir que encontró sus raíces, con una irónica “magnífica familia a la que nunca acudió corriendo cuando estaba deprimido”. Su padre llegó a ser tesorero de esta ciudad y se encargó de su primera educación leyéndole obras de Ezra Pound y T. S Eliot. Precisamente éstas fueron sus primeras influencias poéticas, a la que más tarde agregó el descubrimiento de Auden y, sobre todo, de Thomas Hardy. Si bien sus primeros poemas acusaron la influencia simbolista de Yeats, de la que se desprendió más tarde por la lectura más a ras de suelo que hiciera de Hardy. De estos primeros años datan la tartamudez que le acompañó a lo largo de su vida, así como su afición al jazz, llegándose a convertir en uno de los mayores especialistas de Inglaterra. Exento de ir al frente durante la segunda guerra mundial por su miopía, estudió en Oxford entre 1940 y 1943, y se graduó en Literatura Inglesa, llegando a trabar durante esta época una amistad duradera con el escritor Kingsley Amis. Poco después logró un puesto de bibliotecario en Wellington y se ganó fama de mujeriego al mantener durante un tiempo relación con dos mujeres, Ruth Bowman y Monica Jones. En 1950 entró a trabajar en la biblioteca de la Queen’s University de Belfast, donde permaneció durante cinco años, que resultaron bastante fructíferos para su escritura –aquí escribió casi en su totalidad “Engaños”-, debido en parte a una situación de extrañamiento y anonimato favorables, tal como deja constancia en su poema “La importancia de otro lugar”, donde sugiere que la condición de extranjero abre la licencia para poder rechazar las costumbres y las instituciones del lugar, algo que está vedado para quien es nativo. En 1955 fue contratado como bibliotecario por la Universidad de Hull y ya no volvería a cambiar de empleo ni de ciudad. Como bibliotecario fue un empleado diligente que promovió la construcción de una nueva biblioteca y multiplicó ampliamente su dotación de libros. Hull supuso para Larkin la ciudad con la que por fin podía conciliarse, una ciudad perfecta en muchos aspectos, especialmente por “estar al límite de las cosas”, “lejos de todo, de camino a ninguna parte”. La soledad física y espiritual que le aportó Hull le permitió un aclaramiento consigo mismo cuyo fruto fue el siguiente libro, casi diez años después, “Las bodas de Pentecostés”, con excelente acogida por parte de la crítica. Fue especialmente valorada su capacidad para reunir “el mundo de todos, el lugar donde, al final, encontramos nuestra felicidad, o jamás la encontramos”, una capacidad para sintonizar con la trivialidad del hombre contemporáneo . Como ha escrito Damià Alou, “la belleza de los poemas de Larkin no reside en otra cosa que en la verdad de la experiencia relatada, en su manera de partir del detalle, de fijarlo, de precisarlo, y de saber pasar, a veces con un leve paso y a veces con una cabriola sintáctica, a una observación general acerca de la vida que nunca es desatinada, nunca deja indiferente”. Larkin fue un escritor moroso que trabajaba mucho sus poemas, a veces durante años, por lo que su siguiente libro demoró su aparición una década más, llegó en 1974, “Ventanas altas”, con un gran éxito de ventas. Su último poema importante, “Albada” fue publicado en el Times Litterrary Supplemente del 29 de noviembre de 1977 y versa sobre el terror de “la muerte infatigable (…) que borra todo pensamiento excepto cómo y dónde y cuándo moriré (…) un miedo concreto que ningún truco disipa”. Murió de cáncer de esófago, en Hull, el 2 de diciembre de 1985. Su fama póstuma, cada vez más creciente, fue emborronada por la publicación en 1992 de sus cartas y de su biografía oficial escrita por Andrew Motion. Estos documentos desentierran a un Larkin obsesionado por la pornografía, que se manifestaba abierta y procazmente racista. En alguna ocasión Larkin llegó a escribir: “Encuentro el estado de la nación muy terrorífico. En diez años probablemente nos ocultemos bajo nuestras camas mientras grupos de negros roban todo lo que pueden”. A pesar de su fama controvertida, Larkin fue elegido en 2003, en una encuesta hecha por la Poetry Book Society, como el poeta más querido de Gran Bretaña y en los paneles de los autobuses de la ciudad de Hull se puede leer todavía alguno de sus poemas.

La traducción de estos poemas se le debe a Damià Alou. De su labor como traductor de Larkin, ha comentado: “Nunca se prima el sentido sobre el sonido, ni viceversa, porque en el lenguaje humano ambas cosas no pueden separarse. Lo más importante en poesía es que oigamos  la voz del poeta como si fuera un buen doblaje: nunca será lo mismo, pero puede llegar a conmovernos o divertirnos igual. El lenguaje de Larkin nunca es chillón ni machacón, y a veces su rima es tan sutil que pasa desapercibida. Sin embargo, poemas como “Sapos” o “Egoísta es el hombre” la reclama a gritos para que nos llegue su efecto: la risa.”

VENTANAS ALTAS

Cuando veo una parejita e imagino

Que él se la folla y ella toma

Píldoras o usa un diafragma,

Sé que es  el paraíso

 

Que todo viejo soñó la vida entera:

Ataduras y prejuicios desechados

Como una cosechadora obsoleta, y los jóvenes

Deslizándose sin límites, ladera abajo,

 

Hacia la felicidad. Me pregunto si

Cuarenta años atrás, mirándome alguien

Habrá pensado: Eso es vida;

Nada de Dios, ni de sudar de noche

 

Pensando en el infierno, ni de ocultar

Lo que opinas del pastor. Ese y sus

Amigos se deslizarán, maldita sea,

Libres como pájaros. Y de inmediato,

 

Más que en palabras, pienso en ventanas altas:

El cristal donde cabe el sol y, más allá,

El hondo aire azul, que nada muestra,

Y no está en ninguna parte, y es interminable.

 

 

HIGH WINDOWS

When I see a couple of kids

And guess he’s fucking her and she’s

Taking pills or waring a diaphragm,

I know this is Paradise

 

Everyone old has dreamed of all their lives-

Bonds and gestures pushed to one side

Like and outlated combine harvester,

And everyone you going down the long slide

 

To happiness, endlessly. I wonder if

Anyone looked at me, forty years back,

And thought, That’Il be the life;

No God any more, or sweating in the dark

 

About hell and that, or having to hide

What you think of the priest. He

And his lot will all go down the long slide

Like free bloody birds. And inmediately

 

Rather than Word comes the thougt of high Windows:

The sun-comprehending glass,

And beyond it, the deep blue air, that shows

Nothing, and is nowhere, and is endless.

 

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