Avances en neurología

Campos magnéticos y responsabilidad

Estos días los avances en neurología están propiciando una conciencia borrosa de la naturaleza -por otra parte inexplicable – del hombre. No se trata de algo novedoso, el funcionalismo o mecanicismo, el considerar el ente animal como un conjunto de complicados mecanismos, tuvo una gran difusión ya en el XVII y nos dejó una bonita colección de dibujos en los que se interpreta así el cuerpo humano: engranajes, bielas y poleas. Este intento de explicar la carne como metal tiene un paralelismo con la subterránea conciencia creada acerca de la no trascendencia del ser humano. Parece que la ciencia más tarde o más temprano lo explicará todo: ¿Los sentimientos también? ¿Sólo una combinación de sustancias químicas identificables será capaz de explicar el heroísmo, el amor, la poesía…?

Es aquello de conocer perfectamente el mecanismo del reloj y no saber la hora.

El hombre es un ser cuya corporalidad no puede ser obviada pero que es finita, se acaba.

Reducir el hombre a su cuerpo es un insulto porque todos los pensamientos que surgen de cualquier modesta inteligencia componen un mundo, de algún modo imperecedero, independiente del cuerpo que se marchita y devuelve su mota de polvo al universo.

Se podrá manipular el cuerpo, se le podrá hacer sentir tanto placer, dolor o desconcierto cuanto imaginen e investiguen los científicos: también se puede poner arena en los frágiles engranajes del reloj, pero el sueño de libertad del común de los mortales, sentido en la química del cuerpo, siempre tendrá esa sustancialidad inalcanzable de los sueños.

Pueden los cuerpos de los predicadores gritar que los cuerpos son responsables de las consecuencias de sus actos. U otros predicadores susurrar que cuando se acaba la biología se acaba todo. Todos quieren explicar todo y ninguno osa enfrentarse al absurdo.

El absurdo es muchas veces el camino hacia la verdad: el cuerpo del hombre se sueña libre cuando está absoluta y heterónomamente determinado. Que un ser finito y condicionado, y por demás contingente, se sueñe eterno, feliz y libre es absurdo, como es absurdo intentar comprenderlo. Y ese es el comienzo de un camino que sólo tiene su fin fuera del cuerpo. Después de la biología tampoco habrá filósofos.

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