POETAS 106. Guillaume Apollinaire (traducido por Octavio Paz)

Guillaume Apollinaire (Seudónimo de Wilhelm Apollinaris de Kostrowitzki; 1880-1918) nació en Roma de una noble polaca cuyo apellido tomó el hijo al no ser reconocido por el padre, presuntamente un conde vaticano. Su madre, adicta a los juegos de azar y de costumbres relajadas, abandonó Italia para establecerse con sus hijos en París, después de vivir una temporada en Mónaco, donde Apollinare haría sus primeros estudios. Desde muy joven supo aprovechar su bagaje cultural para ganarse la vida como preceptor en casas de familias ricas, que le dieron la oportunidad de conocer Centroeuropa. Cuando contaba 22 años, siendo preceptor de una noble familia alemana, mandó cuentos y poesías a la Revue Blanche que llamaron la atención de Alfred Jarry. En 1902 regresó a París y se colocó en un banco, para más tarde subsistir como editor de una revista, le festin d’Esope, donde publicó alguno de sus primeros escritos. En París traba  pronto amistad con André Salmon, Max Jacob y Picasso y comienza a respirar el ambiente de ebullición artístico que se estaba cociendo en París a principios de siglo, y que va a influir en su búsqueda de formas nuevas. En 1905 escribe «Picasso pintor», convirtiéndose en el primer libro en la historia de la pintura dedicado a un todavía desconocido Picasso. En 1911 protagoniza otro episodio en el que también se ve mezclado Picasso, cuando es acusado de llevarse del Louvre «la Gioconda» robada el 21 de agosto de aquel año, llegando a pasar varios días en la cárcel. En 1913 Apollinaire se adhiere pasajeramente al futurismo de Marinetti, de quien va a acusar influencias en sus posteriores caligramas.  1913 es también el año en que publica «Alcools», libro de poemas que recogen quince años de escritura y que denota la influencia de Jules Laforgue, con un predominante tono de canción y humor. En este libro se pueden atisbar una de las notas predominantes de la literatura de comienzos de siglo, que es la ruptura con un yo íntimo y romántico fuerte, lo que se consigue acumulando imágenes sin apenas relación para dar la sensación de collage, siempre al servicio de un tono bonachón y despreocupado y de una voz que no se detiene en decir lo que le sale al paso y a menudo sin ninguna ilación lógica. En 1914 Apollinaire se alista como voluntario a la gran guerra y dos años después  recibirá  una herida en la cabeza por metralla de un obús, que a la larga iba a costarle la vida. Durante esta época, escribirá unos poemas de tema bélico «poemas de la paz y de la guerra», en muchos casos utilizando el caligrama, buscando mediante la disposición tipográfica que la forma del poema imité el tema evocado en él, un artilugio más propio de la pintura que de la literatura, pero que iba a tener una secuela de continuadores en toda la vanguardia.  Antes de morir infectado por la gripe española un día antes de que se firmara el armisticio, probablemente a consecuencia de que la trepanación que se le había practicado en la cabeza le había predispuesto a contagiarse, Apollinaire aún tuvo tiempo de rebuscar como un poseso en la biblioteca Nacional de Paris mamotretos de la literatura libertina y renovar el género con dramas como «Casanova» o con conjuntos de relatos como «Heresiarca y compañía» o novelas como «Las once mil vergas».  Y también a escribir encendidos manifiestos cubistas que sirvieron para crear un estado de ánimo proclive a las vanguardias artísticas, predicando por medio del ejemplo que supone el llevar a la poesía el mismo temple que animaba a otras disciplinas artísticas.  Los poemas aquí expuestos proceden de un libro de Octavio Paz titulado «Versiones y diversiones», donde recoge sus intentos por verter al castellano poetas de otras lenguas.  Guillaume Apollinaire fue uno de los poetas más versionado por él y  de los  que más prestó atención, hasta el punto de que el último poema aquí seleccionado «la linda pelirroja» contiene los versos que dio título a uno de sus libros: «Ya viene el verano la estación violenta/mi juventud se ha muerto como la primavera».

EL PUENTE DE MIRABEAU

Bajo el puente pasa el Sena

También pasan mis amores

¿Hace falta que me acuerde?

Tras el goce va la pena

 

La noche llega y da la hora

Se va la hora y me abandona

 

Pongo en tus manos mis manos

Y con los brazos formamos

Un puente bajo el que pasan

Onda mansa las miradas

 

La noche llega y da la hora

Se va la hora y me abandona

 

Amor es agua corriente

Y como el agua se va

Agua de la vida lenta

Y la esperanza violenta

 

La noche llega y da la hora

Se va la hora y me abandona

 

Pasan días y semanas

Pasan y jamás regresan

Días semanas amores

Bajo el puente pasa el Sena

 

La noche llega y da la hora

Se va la hora y me abandona

 

 

CLOTILDE

En el jardín donde crecen

La anémona y la ancolía

Entre el amor y el desdén

Duerme la melancolía

 

También vagan nuestras sombras

Que ha de dispersar la noche

El sol que las vuelve opacas

Se disipará con ellas

 

La diosa del agua viva

Suelta en ondas sus cabellos

Pasa y persigue entre sombras

La sombra de tu deseo

 

 

LA GITANA

Desde el principio la gitana

Vio nuestras vidas por la noche

Rayadas. Adiós, le dijimos.

Del adiós brotó la esperanza.

 

De pie como oso amaestrado

Danzó el amor cuanto quisimos,

Perdió el plumaje azul el pájaro,

Sus oraciones los mendigos.

 

Sabiendo que nos condenamos

En el camino nos amamos;

Lo que nos dijo la gitana

Lo recordamos abrazados.

 

 

EN LA PRISIÓN

I

Antes de entrar en mi celda

Tuve que mostrarme en cueros

Oí una voz ululante

¿en qué has parado Guillermo?

 

Lázaro que entra en su tumba

No Lazaro redivivo

Adiós cantaban en ronda

Mis años y mis amores

 

II

No me siento aquí

     Yo mismo

Un número soy

           El quince

 

Atraviesa el sol

           Los vidirios

Sol títere sobre

         mis versos

 

Baila el sol yo escucho

           arriba

con el pie golpean

         la bóveda

 

 

III

Como un oso voy y vengo

Vueltas vueltas siempre vueltas

Marco el paso bajo un cielo

Color azul de cadenas

Vueltas vueltas siempre vueltas

Como un oso voy y vengo

 

Oigo manar una fuente

En el pasillo de enfrente

Vaya o venga el carcelero

Hace tintinar sus llaves

En el pasillo de enfrente

Oigo manar una fuente

 

V

Qué lentas pasan las horas

pasan como los entierros

tú llorarás esta hora

que llorarás y ha de pasar

rápida como las otras

 

 

VI

Oigo el rumor de las calles

En mi horizonte cerrado

Un cielo enemigo veo

Y la desnudez de un muro

 

Se apaga el sol y se enciende

Una lámpara en la cárcel

Solitaria compañera

Luz hermosa razón clara.

 

 

EL ADIOS

Corté una brizna de brezo

Otoño murió recuerda

Nunca más sobre esta tierra

Nos veremos con los ojos

Brizna brezo olor de tiempo

Recuerda que yo te espero.

 

CUERNOS DE CAZA

Nuestra historia es noble y es trágica

Como del tirano la máscara

Ningún drama arriesgado o mágico

Ningún detalle indiferente

Ha vuelto nuestro amor patético

 

Thoma de Quincey que tomaba

Opio veneno dulce y casto

Pasa en su pobre Ana soñando

Pasemos ya que todo pasa

Me voy me voy volviendo el rostro

 

Recuerdos sois cuernos de caza

Ecos que mueren en el viento

 

LOS FUEGOS DEL VIVAC

El fuego móvil del campamento

Ilumina las formas del sueño

Y entre las ramas que se entrelazan

Otro sueño se dibuja lento

 

Desdenes del arrepentimiento

Ya desollado como una entraña

De los recuerdos y los secretos

No queda nada sino esta brasa

 

 

EL ADIOS DEL JIINETE

Ah Dios qué linda la guerra

Con sus cantos y sus ocios

Esta sortija la pulo

Con el aire y tus suspiros

 

Y sonó la batasilla

Y se perdió en una vuelta

Y él murió y ella reía

Ante el extraño destino.

 

 

TORBELLINO DE MOSCAS

Un jinete por el llano

La muchacha lo recuerda

Y la flota en Mitilene

La alambrada que reluce

 

Al cortar la rosa en llamas

Sus ojos han florecido

Y qué sol la boca errante

Al que su boca sonríe

 

 

TARJETA POSTAL

Te escribo bajo esta tienda

Afuera se muere un día

En cuyo cielo de estío

Apenas azul florece

Un rumor de cañoneo

Que antes de ser se disipa

 

 

EL RIZO

Rizo de pelo castaño

Encontrado en mi memoria

Son increíbles ¿recuerdas?

Nuestros cruzados destinos

 

Bulevar de la Capilla

Ella murmura me acuerdo

Y el lindo Montmartre y el día

En que traspuse tu puerta

 

Como el otoño ha caído

El rizo de mi recuerdo

Los destinos que te asombran

Con el día se deshacen

 

 

PULPO

Lanza su tinta contra el cielo,

La sangre chupa de la que ama,

La encuentra siempre deliciosa,

Yo soy ese monstruo inhumano.

 

CARPAS (Primera versión)

En viveros y en estanques,

Carpas, vivís largos años,

Olvidados por la muerte,

Peces de melancolía

 

CARPAS (Segunda versión)

Carpas en el quieto estanque

Peces de melancolía

Olvidados por la muerte

 

UN POEMA

Ha entrado

Se ha sentado

No mira al pirógeno de mechas rojas

Llamea el fósforo

Se fue

 

CENTINELA

Tú corazón ¿por qué lates?

-Melancólico vigía

La noche acecho y la muerte

 

EL MÚSICO DE SAINT-MERRY

Por fin tengo el derecho de saludar a seres que no conozco

Pasan frente a mí y se acumulan a lo lejos

Mientras que todo lo que yo veo en ellos me es desconocido

Y su esperanza no es menos fuerte que la mía

 

Yo no canto a este mundo ni a los otros astros

Yo canto todas las posibilidades de mí mismo fuera de este mundo y de los astros

Canto la alegría de vagar y el placer de morir errante

 

El 21 del mes de mayo de 1913

Barquero de los muertos y las merianas mordonantes

Millones de moscas abanicaban un esplendor

Cuando un hombre sin ojos sin nariz y sin orejas

Dejó la avenida Sebastopol y entró en la calle Aubry-le-Broucher

Joven el hombre era moreno y ese color de fresa en las mejillas

Hombre ah Ariadna

Tocaba la flauta y la música guiaba sus pasos

Se detuvo en la esquina de la calle Saint-Martin

Tocando el aire que yo canto y que yo inventé

 

Las mujeres que pasaban se detenían a su lado

Venían de todas partes

De pronto las campanas de Saint-Merry comenzaron a tañer

El músico dejó de tocar y bebió en la fuente

Que está en la esquina de la calle Simon-Le-Franc

Después Saint-Merry se calló

El desconocido volvió a tocar su aire de flauta

Y volviendo sobre sus pasos se fue hasta la calle de la Verrerie

Penetró en ella seguido por el tropel de mujeres

Salían de las casas

Llegaban de las calles laterales los ojos locos

Las manos tendidas hacia el melodioso raptor

Él se iba indiferente tocando su aire

Se iba terriblemente

 

Después en otra parte

A qué hora saldrá un tren hacia París

 

En ese momento

Los pichones de las Molucas evacuaban nueces moscadas

Al mismo tiempo

Misión católica de Bôma que no tienes escultor

 

En otro lado

Ella atraviesa el puente que une Bonn a Beul y desaparece en Putzchen

 

En ese instante

Una joven enamorada del alcalde

En otro barrio

Rivaliza poeta con los marbetes de los perfumistas

 

En suma oh reidores no habéis sacado gran cosa de los hombres

Apenas habéis extraído un poco de grasa de su miseria

Pero nosotros que morimos de vivir lejos el uno del otro

Tendremos nuestros brazos y sobre esos rieles se desliza un largo tren de carga

 

Tú llorabas cerca de mí sentada en el fondo de un fiacre

 

Y ahora

Te pareces a mí desgraciadamente te pareces

 

Nosotros nos parecemos como en la arquitectura del siglo pasado

Esas altas chimeneas semejantes a torres

Subimos más alto ahora ya no rozamos el suelo

 

Y mientras el mundo vivía y cambiaba

 

El cortejo de mujeres largo como un día sin pan

Seguía en la calle de la Verrerie al músico feliz

 

Cortejos oh cortejos

Como antaño cuando el rey iba a Vincennes

Cuando los embajadores llegaban a París

Cuando el flaco Suger corría hacia el Sena

Cuando el motín moría a los pies de Saint-Merry

 

Cortejos oh cortejos

Las mujeres se desbordaban eran tantas y tantas

En todas las calles vecinas

Y se apresuraban inflexibles como la bala

Para seguir al músico

Ah Ariadna y tu Páquette y tú Amine

Y tú Mia y tú Simona y tú Mavise

Y tú Colette y tú la hermosa Genoveva

Todas han pasado temblorosas y vanas

Y sus pasos ligeros y rápidos seguían la cadencia

De la música pastoral que guiaba

Sus ávidas orejas

 

El desconocido se detuvo un instante frente a una casa en venta

Casa abandonada

Vidrios rotos

Una construcción del siglo dieciséis

El patio sirve de cochera a carritos de entrega

Ahí entró el músico

Su música al alejarse se volvió lánguida

Las mujeres lo siguieron a la casa abandonada

Todas entraron confundidas en bandada

Todas entraron sin volver la mirada todas

Sin pena por lo que dejaban

Sin pena por lo que habían abandonado

Sin pena por el día la vida la memoria

Luego no quedó nadie en la calle de la Verrerie

Excepto yo mismo y un sacerdote de Saint-Merry

Los dos entramos en la vieja casa

No encontramos a nadie

 

Llega el atardecer

En saint-merry el tañer del Angelus

Cortejos

Como antaño cuando el rey volvía de Vincennes

Vino una tropa de vendedores de gorras

Vinieron vendedores de plátanos

Vinieron soldados de la guardia republicana

Oh noche

Tropel de lánguidas miradas de mujeres

Oh noche

Tú mi dolor y tú mi vana espera

Yo escucho morir el son de una flauta lejana

 

LA LINDA PELIRROJA

Ante todos me planto un hombre en sus cabales

Conozco la vida y sé de la muerte todo lo que un ser vivo puede saber

He probado los dolores y las alegrías del amor

Acerté algunas veces a imponer mis ideas

Conozco varias lenguas

He viajado bastante

Vi la guerra en la artillería y en la infantería

Herido en la cabeza trepanado bajo el cloroformo

Perdí a mis mejores amigos en la lucha espantosa

Sobre lo antiguo y lo moderno sé tanto como el que más

Y hoy sin preocuparme por esta guerra

Entre nosotros y para nosotros amigos míos

Juego esta larga querella entre la tradición y la invención

                          El Orden y la Aventura

 

Vosotros cuya boca está hecha a imagen de la boca de dios

Boca que es el orden mismo

Sed indulgentes cuando comparéis

Aquellos que fueron la perfección del orden

Con nosotros que buscamos en todas partes la aventura

 

No somos vuestros enemigos

Queremos daros vastos y extraños dominios

Allá el misterio en flor se ofrece al que quiere cortarlo

Allá hay fuegos nuevos de colores nunca vistos

Mil fantasmas imponderables

A los que hay que darles un cuerpo

Queremos explorar la bondad comarca inmensa donde todo se calla

También el tiempo que podemos expulsar o retornar

Apiadaos de nosotros que combatimos siempre en las fronteras

De lo ilimitado y por venir

Apiadaos de nuestros errores apiadaos de nuestros pecados

Ya viene el verano la estación violenta

Mi juventud se ha muerto como la primavera

Oh Sol es el tiempo de la Razón ardiente

                                                 Yo espero

Que tome al fin la forma noble y dulce

Para seguirla siempre y amarla únicamente

Ella llega y me atrae como el imán al hierro

                             Tiene el aire hechicero

                             De una adorable pelirroja

 

Sus cabellos son de oro se diría

Un hermoso relámpago que dura

O esas llamas que se pavonean

En las rosas de té al marchitarse

 

Pero reíd de mí reíd

Hombres de todas partes sobre todo gentes de aquí

Hay tantas cosas que no oso deciros

Tantas cosas que no me dejaríais decir

Tened piedad de mí.

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