POETAS 110. Novalis (Himnos a la noche)

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POETAS 110. Novalis (Himnos a la noche)

Friedrich von Hardenber nació el 2 de mayo de 1772 en Oberwiedertedt (Turingia) y murió de tisis a la edad de 29 años, el 25 de marzo de 1801 en Weissenfels. “Novalis”, el apelativo con el que es conocido literariamente, lo comenzó a usar a partir de 1798, tomándolo del nombre de una posesión familiar que significa: “el que construye el nuevo país”. Su familia pertenecía a una antigua estirpe nobiliaria y fue educado por su padre – director de las minas de sal de Sajonia- en la tradición pietista, asesorándole también para que se formase como administrador de las minas de sal. En 1790 se matriculó en las facultades de Filosofía y de Leyes de la Universidad de Jena, donde asistió a las lecciones de Schiller, con quien llegaría a intimar hasta el punto de seguir su consejo de trasladarse a Leipzig para continuar sus clases de derecho. Allí acaba llevando una vida desordenada, contrae deudas, se enreda en lances amorosos y se rezaga en sus estudios. En 1794 supera al fin los exámenes de Derecho y se emplea como pasante en Tennstedt. Justo en esta época va a conocer a una mujer que cambiará su vida y que provocará uno de los gestos más estridentes del romanticismo. Se trata de Sophie Von Kühn, una adolescente de 12 años a la que pronto se promete, pero que al morir tres años después provocará en Novalis una honda desesperación. Atraído por la nostalgia de la mujer amada, va a visitar a diario el sepulcro donde yace y se encierra durante días en su antigua habitación sólo para tener más vivo su recuerdo. Novalis creía que la muerte de Sophie podría ser revocada mediante una aproximación mágica al invisible mundo de ultratumba. Esta experiencia le conduce a escribir en 1997 “los himnos de la noche”, publicados en la revista “Athenaum” en 1800, alternando la prosa con el verso. La noche es identificada con el misterio de la muerte y elevada a símbolo de la verdadera vida, en sintonía con la concepción cristiana que hace de la superación de la muerte un símbolo primordial de redención. En contraste con el reino de la luz que representa lo diurno, la noche es símbolo del amor creador, de la libertad –al romper las ataduras de la existencia diurna- y de lo infinito. Pero también representa una nueva fase de la humanidad, una edad de oro que supera la edad de hierro en que cohabitaban los dioses y los hombres. Una edad aurea marcada por la aparición de Cristo, que se convierte en símbolo victorioso de la muerte y es garantía del tránsito hacia la otra vida, donde al fin puede ser saciada la sed de amor infinito y puede ser sofocado el sufrimiento. “Los himnos a la noche”, al igual que los fragmentos filosóficos que publicaría más tarde en la revista Atenaum, llevan la influencia de la filosofía de Fichte, al que había comenzado a estudiar el mismo año que conoce a Sophie. Fichte había proclamado como primer principio creador el yo trascendental, con una actividad ilimitada. Para la toma de conciencia de un yo que obra contra lo que se le resiste, Fichte concedía una importancia extrema la imaginación productiva. Pero este poder de la imaginación que en Fichte aparece contrapesado por la realidad de todo aquello que no es yo, en Novalis puede ser modificado a voluntad y usado con fines taumatúrgicos: es lo que llamó “idealismo mágico”. No hay nada más allá del absolutismo del yo que actúa y que conoce; para Novalis todo conduce hacia su interior: “el camino misterioso va hacia dentro”. Las fuerzas de la naturaleza ya operan en nuestro interior y quien conoce las leyes del mundo del espíritu puede domeñar la materia. Pero para adentrarse en los secretos del espíritu hay que conocer los arcanos de las ciencias naturales. A principios de 1798 comienza a enfrascarse en sus estudios en la Academia de Minas de Freiberg, a la vez que comienza a mitigarse el obsesivo recuerdo de Sophie, ya que se acaba prometiendo con la hija de su mentor, Julie Von Charpentier. Comienza entonces a fraguar un ambicioso proyecto novelístico del que al final sólo nos ha quedado su inacabado Enrique de Ofterdingen”. “Me gustaría dedicar toda mi vida a una novela, que llenaría por sí sola una biblioteca entera, y que quizá habría de contener los años de aprendizaje de una nación.” “Enrique de Ofterdingen” es su libro más autobiográfico. Contrapuesto al Wilhelm Meister de Goethe, su protagonista encarna al verdadero poeta romántico que sale en peregrinaje tras una flor azul que vislumbra en un sueño y que representa la imagen ideal de la poesía, lo único capaz de tender un puente entre el mundo visible y el invisible. Por la misma época en que escribe Enrique de Ofterdingen, Novalis comienza a publicar en la revista Ateneum unos fragmentos que son apuntes de pensamientos y que pretendía constituir con el tiempo “una biblia científica que fuera ejemplo y germen reales e ideales para todos los libros”. A menudo Novalis contemplaba la vida no desde el plano material, sino desde el espiritual. Buscaba la espiritualización de la vida entera, o por lo menos trataba que lo espiritual no estuviera soterrado por lo material. El sentido de la vida del hombre se encontraba para Novalis en expandirse hacia el infinito, y ese infinito sólo podría ser ahondado por el camino interior, estableciendo un vínculo entre el microcosmos que representa el hombre y el macroanthropos que postula el universo. Ser hombre para Novalis es tanto como ser universo; sólo si el hombre se concibe como microcosmos puede elevarse a una condición sobrehumana.  El mundo no es más que “un índice enciclopédico y sistemático de nuestro espíritu, una metáfora universal, una imagen simbólica de éste”, y por lo tanto es posible transformar el mundo a través del sentimiento moral y de una libertad creadora que nos podría asemejar a Dios. Y este arte infinitamente creador que puede convertir al hombre en mago, Novalis lo descubre en la poesía, un grado por encima de la filosofía, ya que el poeta es capaz de traducir en sentimientos lo que el filósofo sólo logra pensar, y con este sentir moral es capaz de obrar milagros, pues  conoce mejor que el sabio la correspondencia entre su espíritu y la naturaleza, pudiendo restablecer así la salud que ha ido perdiendo al romperse la armonía entre ambos mundos. (La traducción de los poemas al castellano se le debe a Jenaro Talens y Ernst-Edmund Keil)

I

Qué ser entre los vivos

Dotado de sensibilidad

Ante los cuadros prodigiosos

Que el espacio le muestra

Alrededor, no ama

La gratísima luz-.

Con su rayos, sus ondas,

Sus colores

Su omnipresencia dulce

A lo largo del día.

Como si fuera el alma

Más honda de la vida

La aspira en un mundo gigantesco

De infatigables astros

Que sobrenadan en su mar azul;

La fulgurante piedra

Y la planta tranquila;

Y la fuerza agitada,

Multiforme,

De los animales;

Y las nubes y el aire

Multicolor la aspiran

Y el soberbio extranjero

Sobre todo,

El de la mirada honda,

Y el andar fluctuante;

El de la boca grávida de música.

Como reina

De la naturaleza terrenal

Invita a la energía

A innúmeras metamorfosis

Y su presencia sola

Revela el esplendor maravilloso

Del reino de la tierra.

Yo, sin embargo, vuelvo

Hacia la misteriosa, inexpresable

Noche sagrada.

Muy lejos queda el mundo

Como si sepultado en honda fosa.

¡Cuán solitario su lugar

Y cuán desierto!

Honda melancolía

Hace sonar las cuerdas del corazón.

Los recuerdos lejanos,

Ansias de juventud,

Sueños de la niñez.

Los breve goces,

Las ilusiones vanas,

Toda una larga vida

Aparece con vestiduras grises,

Cuando ya el sol inicia

Su desaparición,

Como una niebla en el atardecer.

Muy lejos queda el mundo,

Sus revueltos placeres.

Es espacios distintos

Ha elevado la luz

Sus agradables carpas.

¿Tal vez no debería

Regresar a sus hijos

Fieles, a sus jardines,

A su mansión espléndida?

¿Qué es lo que surge, sin embargo,

Tan frío y delicioso,

Como un presentimiento

De bajo el corazón

Y sorbe el aire blando

De la melancolía?

¿Acaso también tienes

Un corazón humano,

Oscura noche?

¿Qué guardas

Debajo de tu manto

Que poderoso e invisible

Solicita mi alma?

Terrible eres tan sólo en apariencia-

Un bálsamo precioso

Gotea de tu mano,

Del racimo de las adormideras.

Con dulce embriaguez abres

Las fatigosas alas del espíritu

Y os das alegrías

Oscuras e indecibles,

Secretas, como tu,

Alegrías que dejan

Entrever todo un cielo.

¡Cuán pobre me parece la luz,

Sus cosas de colores,

Cuán pobre y cuán pueril,

Y cuán grata y dichosa

La partida del día!

Y solamente porque

A tus siervos la noche

Los aleja de ti

Siembras en el espacio,

Allá en la lejanía,

Las radiantes esferas,

Para anunciar tu poderío,

Tu seguro retorno

Mientras dura tu ausencia.

Pero más celestiales

Que las estrellas, que en la lejanía

Resplandecen,

Son los inmensos ojos que en nosotros

Abrió la noche.

Mucho más lejos ven

Que las macilentas

Entre la hueste innumerable.

Sin necesidad de la luz

Penetran en las profundidades

De un espíritu amante

Colmando así un espacio superior

Con placer indecible.

Loada sea la reina del Universo

La alta anunciadora

De un mundo que es sagrado,

La protectora del amor

Dichoso.

A mí vienes, amada-

Ya es de noche-

Extasiado mi espíritu-

Ya ha terminado el día terrenal

Y vuelves a ser mía.

Te miro en tus profundos ojos negros

Y nada veo, sino amor y gozo.

Sobre el altar nocturno zozobramos,

Sobre este blando lecho-

Los velos caen, e inflamado

Por el cálido tacto

El puro ardor se enciende

Del dulce sacrificio.

 

I

Welcher Lebendige

Sinnbegabte

Liebt nicht vor allen

Wundererscheinungen

Des verbreitetern Raums um ihn

Das allerfreuliche Licht-

Mit sinem Strahlen und wogen,

Seinen Farben,

Seiner milden Allgegenwart

Im Tage.

Wie des lebens

Innerste Seele

Atmet es die Riesenuwelt

Der rastlosen Gestirne,

Die in seinem blawen Meere schwimmen.

Atmet es der funkelnde Stein,

Die rubige Pflanze

Und der Tiere

Vielgestaltete,

Immerbewegte Kraft-

Atmen es vielfarbige

Wolken und Lüfte

Und vor allen

Die herrlichen Fremdlinge

Mit den sinnvollen Augen,

Derm schwebenden Gange

Und derm tönendem Munde.

Wie ein König

Der irdischen Natur

Ruft es jede Kraft

Zu zahllosen Verwandlungen

Und sein Gegenwart allein

Offenbart die wunderherrlichkeit

Des irdischen Reichs.

Abwärts wend ich ich

Zu der heiligen, unaussprechlichen

Geheimnisvollen Nacht-

Fernab liegt die Welt

Wie wurst und einsam

Ihre Stelle!

Tiefe Wehmut

Wht in den Saiten der Brust.

Fernen der Erinerung,

Wunsche der Jugend,

Der kindheit Träume,

Des ganzen langen lebens

Kurze Freuden

Und vergebliche Hoffungen

Kommen in grauen Kleidern,

Wie Abendnebel

Nach der Sonne

Untergang

Fernab liegt die welt

Mit ihren bunten Genüssen.

In andern Räumen

Schlug das Licht auf

Die lustigen Gezelte.

Solt es nie wiederkommen

Zu seinen trewen Kindern,

Seinen Gärten

In sein herrliches Haus?

Doch was quillt

So kühl und erquichlich

So ahndungvoll

Unterm herzen

Und werschlucht

Der wehmut weiche Luft?

Hast auch du

Ein menschliches herz,

Dunkle Nacht?

Was hältst du

Unter deinem Mantel,

Das mir unsichtbar kräftig

An die Seele geht?

Du scheinst nur furchtbar-

Köstlicher Balsam

Träuft aus deiner Hand,

Aus dem Bündel Mohn.

In süβer trankenheit

Entfaltest du die schweren Flügel des Demüts.

Und schenkst uns Freuden

Dunkel und unaussprendclich,

Heimilich, wie du selbst bist,

Freuden, die uns

Einen Himmel ahnden Lassen.

Wie arm und kindlich

Dünkt mir das Licht,

Mit seinen bunten Dingen,

Wie erfreulich und gesegnet

Des tages abschied.

Also nur darum,

Weil die Nacht dir

Abwendig macht die Dienenden,

Saetest du

In des Raumes Weiten

Die leuchtenden Kugeln,

Zu verkünderi deine Allmacht,

Deine Wiederkebr

In den Zeiten deiner Entfernung

Himmlischer als jene blitzenden Sterne

In jenen Weiten

Dünken uns die unendlichen Augen,

Die die Nacht

In uns geöffnet.

Weiter sehn sie

Als die blässesten

Jener zahllosen Heere.

Unbedürftig des Lichts

Durchschaun sie die Tiefen

Eines liebenden Germüts,

Was einen höhern Raum

Mit unsäglicher Wollust füllt.

Preis der Weltkönigin,

Oer hohen Verkündigerin

Heiliger Welt,

Der Pflegerin

Seliger Liebe.

Du Kommst, Geliebte.-

Die Nacht ist da-

Entzückt ist meine Seele-

VorÚber ist der irdische Tag

Und du bist wieder mein.

Ich schaue dir ins tiefe dunkle Auge

Sehe nichts als Lie bund Seligkeit.

Wir sinken auf der Nacht Altar

Aufs weiche Lager-

Die Hülle fallt.

Und angezündet von dem warmen Druck

Entglüht des süβen Opfers

Reine Glut.

 

 

II

¿Ha de volver siempre la mañana?

¿El poder de la tierra nunca terminará?

¿Habrá de consumir una solicitud funesta

La noche aterrizando celestial?

¿No arderá eternamente el sacrificio

Secreto del amor?

Adjudicada fue a la luz

Su duración,

Igual que a la vigilia,

Pero es intemporal el reino de la noche

Y eterna es la duración del sueño.

¡Sueño sagrado!

Haz feliz a menudo

A quienes a la noche se consagran-

En esta jornada terrenal.

Sólo el necio te ignora,

No sabe de otro sueño

Que la sombra

Con la que, compasiva, nos recubres

En este atardecer

De la auténtica noche.

No te siente

En el caudal dorado de las uvas

Ni en el aceite milagroso

Del almendro,

Ni en la savia oscura de las amapolas.

No sabe que eres tú

Quien flota en derredor sobre los pechos

De la tierna doncella, transformando

En cielo su regazo-

Ni siquiera sospecha

Que llegas a nosotros

Desde antiguas leyendas

Como quien abre un cielo

Y que traes la llave

Del lugar donde habitan los bienaventurados,

Callado mensajero

De misterios sin fin.

 

II

Muss immer der Morgen wiederkommen?

Endet nie des Irdischen Gewalt?

Unselige Geschäftigkeit verzebrt

Den himmalischen Anflug der Nacht?4Wind nie der Liebe geheimes Opfer

Ewig brennen?

Zugemessen Ward

Dem Lichte seine Zeit

Und dem Wachem-

Aber zeitlos ist der Nacht Herrschaft,

Ewig ist die Dauer des Schlafs.

Heiliger Schlaff

Beglücke zu selten nicht

Der Nacht Geweiht-

In diesem indischen Tagwerk.

Nar die Torren verkennen dich

Und wissen von keinem Schlafe

Als den Schattten,

Den du mitleidig auf uns wirfst

In jener Dämmrung

Der wahrhaften Nacht,

Sie fühlen dich nicht

In der’goldnen Flut der Trauben,

In des Madelbaums

Wanderöl

Und dem braunen Safte des Mohns

Sie wissen nicht,

Daβ du es bist,

Der des zarten Mädchens

Busen umschwebt

Und zum Himmel den Schoβ macht-

Ahnden nicht,

Daβ aus alten Geschichten

Du himmelöffnend entgegentrittst

Und den schlüssel trägst

Zu den Wohnungen der Seligen,

Unendlicher Geheimnisse

Schweigender Bote.

 

 

III

Una vez,

Cuando vertía lágrimas amargas,

Desvanecida mi esperanza

Y disuelta en dolor,

Y solitario estaba

Junto al árido túmulo

Que, en la estrecha oscuridad de un hueco,

Sepultaba la forma de mi vida,

Solitario

Como jamás lo estuvo un solitario,

Abrumado por la angustia indecible,

Sin fuerzas, reducido

Al solo pensamiento de mi desventura:

Cuando buscaba auxilio alrededor

Sin avance posible

Ni posibilidad de retroceso,

Aferrándome con nostalgia infinita

A una vida ya fugaz y apagada:

De la azul lejanía,

Desde la cimas de mi antigua dicha

Un estremecimiento

Sobrevino al crepúsculo

Y se rompió de pronto

El vínculo natal,

La cadena de la luz.

Huyó lejos el resplandor terrestre

Y mi duelo

Con él.

Fluyó conmigo la melancolía

En un mundo nuevo e insondable,

Tú, éxtasis nocturno,

Somnolencia del cielo

Caíste sobre mí.

Levemente se elevó el terreno;

Sobre el terreno

Flotaba, libre ya,

Mi renacido espíritu.

El túmulo era ahora polvareda,

Contemplé a través suyo

Los transfigurados rasgos de la amada.

En sus ojos reposaba la eternidad;

Tomé sus manos y las lágrimas

Se convirtieron en collar brillante

E irrompible.

Los años descendieron a millones

Como una tempestad que se alejara.

Abrazado a su cuello

Lloré a la nueva vida

Lágrimas de arrebato.

Fue la primera vez que soñaba contigo.

Y mi sueño pasó

Permaneciendo su reflejo,

La eterna,

Inquebrantable fe

En el cielo nocturno

Y en su sol,

Que es la amada.

 

III

Einst,

Da ich bittre Tränen vergoβ,

Da in Schmerz

Aufgelöst meine Hoffnung Zerrann

Und ich einsam stand

Am dürren Hügel,

Der im engen, dunkeln Raum

Die Gestalt meines Lebens begrub;

Einsam,

Wie noch kein Einsamer war,

Von unsäglicher Angst getrieben,

Krafilos,

Nar ein Gedanken des Elends noch:

Wie ich da nach Hülfe

Umberschaute

Vorwäarts nicht konnte

Und am fliebenden, verlöschten Leben

Mit unendlicher Sehnsucht hing:

Da kam aus blauen Fernen,

Von den Höhen meiner alten Seligkeit

Ein Dämmrungsschauer,

Und mit einem Male

Riβ das Band der Geburt,

Des Lichtes Fessel.

Hin floh die indische Herrlichkeit,

Und meine Trauer

Mit ihr.

Zusammen floβ die Wehmut

In eine neue, unergründliche Welt;

Du, Nachtbegeisterung,

Schlummer des Himmels,

Kamst über mich:

Die Gegend hob sich sacht empor;

Über der Gegend

Schwebte

Mein entbundner, neugeborner Geist.

Zur Staubwolke wurde der Hügel,

Und durch die Wolke sah ich

Die verklärten Züge der Geliebten.

In ibren Augen

Ruhte die Ewigkeit;

Ich faβte ihre Hände,

Und die Tränen wurden ein funkelndes,

Unzerreiβliches Band.

Jabrtausende zegen abwärts in die Ferne

Wie Ungewitter.

An ihrem Halse weint ich

Dem neuen Leben

Entzückende Tränen.

Das war der erste

Traum in dir.

Er zog vorüber.

Aber sein abglanz blieb,

Der ewige,

Unerschütterliche Glauben

An den Nachthimmel

Und seine Sonne,

Die Geliebte.

 

 

IV

Ahora sé

Cuándo será la última mañana,

Cuándo la luz

Dejará de ahuyentar el amor y la noche,

Cuándo la somnolencia será eterna,

Únicamente un sueño inagotable.

Un celestial cansancio

Que nunca me abandonaré de nuevo.

Largo y fatigoso fue el camino

De la tumba sagrada,

Y pesada la cruz.

Aquél cuya boca alguna vez

Humedeció la ola cristalina

La que invisible a los sentidos brota

En el oscuro seno de este túmulo,

A cuyo pie se quiebra la marea

Terrestre, aquél que erguido

Sobre la misma cima

Fronteriza del mundo

Miró al nuevo país,

A la morada de la noche,

Nunca más volverá

Al tumulto mundano

Al lugar en que habita

Una inquietud constante

Donde reina la luz.

Levanta en lo alto

Sus cabañas de paz

Allí se añora

Y ama,

Mira luego hacia allí

Hasta que la más esperada de las horas

Le empuja a las profundidades

De la fuente.

Es entonces cuando

Todo sobrenada lo terrenal,

Y desde las alturas

Se le purifica.

Más lo que fue santificado

Al roce del amor

Por galerías secretas

Corre disuelto a la región contigua

En donde como nube

Con sus muertos amados se entremezcla.

 

IV

Nun weiss ich,

Wenn der letzte  Morgen sein wird,

Wenn das Licht

Nicht mehr die Nacht und die Liebe scheucht,

Wenn der Schlummer ewig

Und nur ein unerschöpflicher Traum sein wird.

Himmlische Müdigkell

Verläβt mich nun nicht wieder.

Weit und mühsam

War der Weg zum heiligen Grabe,

Und ds Kreuz war schwer.

Wessen Mund einmal

Die Kristallene Woge netze, die,

Gemeinen Sinnen unsichtbar,

Quillt in des Hügels dunkelm Schoβ,

And desen Fuβ

Die irdische Flut bricht,

Wer oven stand

Auf diesem Grenzgebürge der Welt

Und hinübersah in das neue Land,

In der nacht wohnsitz,

Wahrlich, der Kehrt nicht

In das Treiben der Welt zurück,

In das Land,

Wo das Licht regiert

Und ewige Unruh haust.

Oben baut er sich Hütten.

Hütten des Friedens,

Sehnt sich

Und liebt,

Schaut hinüber,

Bis die willkommenste alter Stunden

Hinunter ihn in den Brunnen der Quelle zieht.

Alles Irdische

Schwimmt obenauf

Und wird von der Höhe

Hinabgespült.

Aber was hellig Ward

Durch der Liebe Berühurung.

Rinnt aufgelöst in verbogenen Gängen

Auf das jenseitige Gebiet,

Wo es,

Wie Wolken,

Sich mit entschlummerten Lieben mischt.

 

 

V

Aún incitas,

Vívida luz,

El agotado cuerpo a la tarea-

Me infundes alegría, también vida,

Pero no me distraes

Del símbolo musgoso

De mis evocaciones.

Con gusto moveré

Mis manos laboriosas,

Y he de mirar allí

Donde me necesitas,

Alabaré

La majestuosidad de tu fulgor,

Incansable, siguiendo

El hermoso conjunto de tu obra,

Su artificiosidad,

Observaré

La inteligente marcha

De tu grandioso y lúcido

Reloj,

Sondearé con gusto

Dentro del equilibrio de las fuerzas

Y las reglas del juego,

Maravilloso juego,

De los innúmeros espacios

Y de su tiempo innumerable.

Pero fiel permanece

Mi corazón más íntimo

A la noche y su hija,

El amor creador.

¿Podrás quizá mostrarme

Un corazón eternamente fiel?

¿Tendrá acaso tu sol

Unos ojos amigos

Para reconocerme?

¿Tomarán tus estrellas

Mi ansiosa mano?

¿Me podrán devolver

El dulce abrazo?

¿Fuiste quien la adornó

Con colores

Y con leves contornos?

¿O fue ella tal vez

La que dio a tus adornos

Una más alta y grata significación?

¿Qué placer,

Que delicia

Ofrece tu vivir

Para contrapesar

Los arrebatos de la muerte?

¿Acaso todo cuanto nos exalta

No lo posee ya

El color de la noche?

Ella te guía como madre

Y es a ella a quien debes

Tu grandeza.

En ti misma

Te disiparías

Desvaneciéndote

En los espacios infinitos

Si no te contuviera

Y te atare

Para que te encendieses

Y al arder

Engendraras el mundo.

Yo fui antes que tú.

La madre me envió

Al lado de los míos

Para habitar tu mundo

Y así santificarlo

Con amor.

Para otorgar sentido,

Un humano sentido,

A lo que tú creaste.

No han madurado aún

Esos divinos pensamientos

Y pocas son las huellas

De que estamos presentes.

Un día tu reloj

Ha de marcar

El final de los tiempos,

Cuando ya seas

Como uno de nosotros

Y, llena de nostalgia,

Te extingas y hayas muerto.

Siento dentro de mí

El fin de todo quehacer,

Celeste libertad,

Un dichoso retorno,

En mi dolor punzante

Percibo tu distancia

De nuestro mutuo hogar,

Tu resistencia

Hacia el antiguo cielo

Fastuoso.

En balde tu furor,

Tu delirio.

Se alza la cruz,

Indestructible,

Enseña victoriosa

De toda nuestra estirpe.

Hacía allá peregrino,

Que algún día serán

Todos los sufrimientos

Aguijón de placer.

Un poco tiempo aún

Y seré libre al fin,

Podré reposar, ebrio,

En el regazo del amor.

Una vida infinita

Me recubre,

Desde su altura estoy

Observándote. Veo

Cómo se extingue

Tu brillo en la colina,

Mientras las sombras traen

Una fresca corona.

Aspira, amado aspira,

Aspírame con fuerza

Para que pueda pronto

Dormir eternamente.

Siento en mí el oleaje

Con que la muerte nos rejuvenece

Y aguardo con valor

Entre las tempestades de la vida.

 

V

Noch weckst du,

Muntres Licht,

Den Müden zur Arbeit-

Flöβest fröhliches Leben mire in.

Aber du lockst mich

Von der Erinnerung

Moosigem Denkmal nicht.

Gern will ich

Die fleiβigen Hände rühren,

Überal umschaun,

Wo du mich brauchst,

Rühmen deines Glanzes

Volle Pracht,

Unverdrossen verflogen

Den schönen Zusammenhang

Deines künstlichem Werks,

Gern Betrachten

Den sinnvollen Gang

Deiner geuvaltigen

Leuchtenden Uhr,

Ergründen der Kräfte

Ebenmaβ

Und die Regeln

Des wunderspiels

Unzähliger Räume

Und ihrer Zeiten

Aber getreu der Nacht

Bleibt mein geheimes Herz

Und ihrer Tochter,

Der schaffenden Liebe.

Kannust du mir zeigen

Ein ewig treues Herz?

Hat deine Sonne

Freundliche, Augen,

Die mich erkennen?

Fassen deine Sterne

Meine verlangende Hand?

Geben mir wieder

Den zärlichen Druck?

Hast du mit Farben

Und leichtem Umriβ

Sie geschmückt?

Oder war sie es,

Die deinem Schmuck

Höhere, liebere Bedeutung geb?

Welche Wollust

Welchen Genuβ

Bietet dein Leben,

Die aufvögen

Des todes entzückungen!

Trägt nicht alles,

Was uns begeistert,

Die Farbe Der Nacht-

Sie trägt dich mütterlich,

Und ihr verdankst du

All deine Herrlichkeit.

Du verflögest

In dir selbst,

In endosen Raumbewohnen deine Welt

Und zu hiligen sie

Mit Liebe.

Zu geben

Menschlichen Sinn

Deinen Schöpfungen.

Noch reiften sie nicht,

Zergingest du,

Wenn sie dich nicht hielte-

Dich nicht bände,

Daβ du warm wündes

Und flammend

Die Welt zeugtest

Wahrlich, ich war eg du warst.

Mit meinem, geschlecht

Schickte die Mutter mich,

Zu beowhnen deine Welt

Und zu heiligen sie

Mit Liebe.

Zu geben

Menschlichen Sinn

Deinen Schöpfungen.

Noch reiften sie nicht,

Diese Göttlichen Gedanken.

Noch sind der Spuren

Unsrer Gegenwart

Wenig.

Einst Zeigt deine Uhr

Das Ende der Zeit

Wenn du wirst

Wie unsereiner

Und voll Sehnsucht

Auslöschest und stirbst.

In mir fühl ich

Der Geschäftigkeit Ende,

Himmlische Freiheit,

Selige Rückkehr,

In wilden Schmerzen

Erkenn ich deine Entfernung

Von unsrer Heimat,

Deinen Widerstand

Gegen alen altern.

Herrlichen Himmel.

Umsonst ist deine Wut,

Dein Toben.

Unverbrennlich

Steht das Dreuz,

Eine Siegesfahne

Unsres Geschlechts.

Hinüber Wall ich,

Und jede Pein

Wird einst ein Stachel

Der Wollust sein.

Noch wenig Zeiten,

So bin ich los

Und liege trunken

Der Lieb’im Schhoβ

Unendliches Leben

Kommt über mich,

Ich sebe von oven

Herunter auf dich.

An jenem Hügel

Verlischt dein Glanz,

Ein Schatten bringet

Den Kühlen Kranz.

O! sauge, Geliebter,

Gewaltig micha n,

Daβ ich bald weig

Entschlummern kann.

Ich fühle des Todes

Verjüngende Flut,

Und harr in den Stürmen

Des Lebens voll Mut.

 

 

 

VI

Reinaba en otro tiempo

Con un sordo poder

Sobre las muy dispersas razas

De los hombres

Un destino de hierro.

Una plomiza venda,

Oscura, comprimía

Su espíritu

Angustiado.

La tierra era infinita,

Morada de los dioses,

Su patria

Rica en joyas

Y milagros espléndidos.

Desde la eternidad su arquitectura

Se alzaba misteriosa.

Sobre los azulados montes

Del amanecer,

En el sagrado seno

De la mar habitaba

El sol,

La vivaz y la siempre

Esplendorosa luz.

Un antiguo gigante soportaba el feliz universo.

Recluidos  bajo las montañas

Los primogénitos yacían,

Los de la madre tierra.

Impotente su furia destructora

Ante la nueva y fastuosa

Estirpe de los dioses.

También ante los hombres

Amigos

Y llenos de alborozo.

La azul profundidad

Oscura de océano

Era el regazo de una diosa.

Celestes grupos habitaban

En medio de alegría

Las grutas de cristal.

Los ríos y los árboles,

Animales y flores

Poseían un sentimiento humano,

Era más dulce el vino,

Porque quien a los hombres

Servía era la flor

De la divina juventud- las grávidas gavillas

De áureos cereales

Eran un don divino.

Los ebrios goces del amor

Un dulce oficio

De la belleza celestial.

Así la vida era

Una fiesta continua

De dioses y de hombres.

Y todas las estirpes

Ingenuamente veneraban

La llama frágil y preciosa

Como lo más sublime de la tierra.

Tan sólo había un pensamiento:

 

Que de modo terrible abordaba el alegre festín

Infundiendo en las almas el pavor.

Ni siquiera los dioses conocían

Cómo llenar el alma de consuelo,

Misteriosa la senda que llevaba a este maligno ser

Ni súplicas ni ofrendas su furor apagaban-.

Irrumpía la muerte en el banquete

Y sembraba la angustia y el dolor y el llanto.

 

Alejado por siempre de todo cuanto mueve

Con un dulce deleite el corazón-

Lejos de los que amaba, presos en este mundo

De la vana nostalgia de un largo lamento-

Fue todo para el muerto un sueño extinto

Sólo una pugna inútil fue su estrella.

Y así vino el placer a quebrantar sus olas

Al chocar con las rocas de un despecho infinito.

 

Con espíritu osado y un ardor sensual

El hombre embelleció la oruga gris-

Descansa un joven pálido tras apagar la luz-

Dulce será el final como el plañir de un arpa-.

En la fresca marea de las sombras se diluye el recuerdo

Así canto la poesía la melancólica necesidad.

Pero la eterna noche seguía indescifrada,

Como el símbolo tétrico de un remoto poder.

 

Declinó el viejo mundo.

Y el dichoso jardín

De la estirpe más joven

Se marchitó,

Los hombres

Adultos y precoces

Anhelaron

Un espacio más libre.

Los dioses desaparecieron,

Sin vida la naturaleza,

Exánime quedó

Y en abandono

Ante el rigor numérico

Y la férrea cadena.

Se elevaron leyes

Y la inconmensurable floración

De la múltiple vida

Se deshojó en conceptos

Como si viento y polvo.

Huyó la fe,

La todopoderosa,

Y su celeste compañera,

La imaginación

Que todo lo transforma

Y fraterniza.

Desde el norte

Un viento frío y áspero sopló

Sobre los campos gélidos

Y la maravillosa patria

Se disipó en el éter,

Y la infinita lejanía

Del cielo

Llena quedó de mundos que brillaban.

Entró el espíritu del mundo

Con todas sus potencias

En un santuario más hondo,

En un espacio superior del alma

Para reinar allí

Hasta el amanecer

Del nuevo día

El más alto esplendor de la tierra.

Dejó de ser la luz

Morada de los dioses

Y su signo celeste-

Recubriéndose ellos

Con el velo nocturno.

Se convirtió la noche

En el fecundo seno

De las revelaciones,

En medio de los hombres.

Entre el pueblo,

Que, despreciado de todos

Y prematuramente

Madurado,

De la dichosa inocencia juvenil

Se había enajenado retador,

Apareció un mundo nuevo

Con rostro jamás visto,

En la cabaña milagrosa

De la pobreza-

Hijo de la primera virgen y madre-

Fruto infinito

De un misterioso abrazo.

Fue la sabiduría

Próspera, la intuición

Del Oriente

Quienes reconocieron `por primera vez

Que un nuevo tiempo comenzaba.

Una estrella señaló el camino

Hacia la humilde cuna

Del rey.

En el nombre de un vasto porvenir

Se le rindió homenaje

Con brillos y perfumes,

Las maravillosas máximas de la naturaleza.

Sólo se desplegó

El corazón divino

En el ardiente seno

Del amor,

Vuelto a la faz augusta de su padre-

Reposando en el pecho de la madre,

Llena de gracia, que colman las premoniciones.

Con un fervor deífico

La mirada profética

Del niño floreciente

Contemplaba los días venideros

Y a sus amados, vástagos

De un divino linaje,

Despreocupándose del sino terrestre de sus días.

Pronto se reunieron a su alrededor

Las almas más ingenuas,

Enajenadas milagrosamente

Por un amor profundo y todopoderoso.

Como una flor brotó

Nueva remota vida

En contacto con él-

Inagotables, las palabras,

La más alegre de las nuevas

Cayeron como chispas

De espíritu divino

De sus labios amables.

De lejanas orillas,

Nacido bajo el cielo

Sereno de la Hélade

Un cantor arribó

A Palestina

Para ofrendar su corazón entero

Al niño prodigioso:

 

Eres el joven que desde hace tiempo

Hondamente medita sobre nuestras tumbas-

Signo consolador en medio de tinieblas

Feliz principio de una más alta humanidad.

Lo que en honda tristeza nos sumió

Lejos nos lleva ahora con un anhelo dulce.

La muerte reveló la vida eterna-

Tú eres la muerte y tú nos curarás.

 

El cantor se marchó

Rebosante de gozo

Camino de Indostán

Lleno de amor eterno

El corazón,

Y lo desahogaba

Con himnos tan fervientes

Bajo unos cielos tan benevolentes

Que más íntimamente

Se aproximan a tierra,

Que hacia él se inclinaban

Miles de corazones,

De suerte que la buena nueva

Como un árbol creció de muchas ramas.

Pero apenas el cantor hubo partido

Cuando aquella preciosa

Vida víctima fue

De la honda ruina humana-

Murió, con juventud

arrancado

de la tierra que amaba,

de su llorosa madre

y sus amigos.

Sus dulces labios apuraron

El cáliz sombrío

Del indecible sufrimiento,

Con una angustia atroz,

Se le acercó la hora de alumbrar

Un mundo nuevo.

Duramente luchó con el espectro de la muerte antigua,

La carga del viejo mundo pesaba sobre él,

Una vez más volvió a su madre una mirada afable-

Luego la luz eterna puso en él

Su mano redentora-

Y se murió.

Durante algunos días

Pendió un velo sombrío

Sobre el rugiente mar, sobre los tenebrosos campos

Que se estremecían, y derramaban los amantes

Infinidad de lágrimas.

Rompióse el sello del misterio

Cuando elevaron los sagrados espíritus

De su sombría tumba

La antiquísima losa-.

Al lado del durmiente se posaban los ángeles

Como un símbolo dulce

De algún hermoso sueño.

Resucitado, a las alturas

Del mundo que nacía, comenzó a ascender

Con divino esplendor,

Al tiempo que con su propia mano sepultaba

En la fosa vacía

El viejo mundo fallecido con él

Y con enorme fuerza nuevamente

Colocaba la piedra que nadie ya podría levantar.

 

Tus amados

Junto a tu sepulcro

Siguen vertiendo aún

Lágrimas de emoción

Y de infinita gratitud

Al tiempo que contemplan

Dichosamente conmovidos

Cómo resucitas y contigo

Ellos también-

Cómo con un fervor enternecido

Lloras sobre el bendito pecho

De tu madre,

Sobre el fiel corazón

De tus amigos-

Cómo, ansioso, te echas

En brazos de tu padre

Trayéndole la joven e inocente

Humanidad,

La copa inagotable

Del áureo porvenir.

Muy pronto te siguió la madre

En celestial triunfo-

Fue la primera

Que en el nuevo mundo

Estuvo contigo.

Largo tiempo ha pasado

Desde entonces

Y con un brillo cada vez más vivo

Se desplegó tu nueva creación

Y a miles te siguieron,

Atormentados y anhelantes,

Apenados y fieles,

Llenos de fe

Y allí imperan contigo

Y la virgen celeste

En el reino del amor, sirviendo

En el templo

De la muerte divina.

 

Se levantó la piedra

resucitó la humanidad.

Tuyos seremos siempre

Libres de todo lazo.

Huye amarga zozobra

Ante tu copa áurea

Cuando en la última cena

Se alejan mundo y vida.

 

Llama la muerte a bodas.

Vivas arden las lámparas,

Presentes las doncellas,

El aceite no falta.

¡Ah, si el remoto eco

Del cortejo se oyera,

Y los astros llamaran

Con son y voz humana!

 

Se alzan a ti, María,

Miles de corazones

Que en esta vida en sombras

Sólo a ti te anhelaron.

Llenos de gozo y ansia

La salvación aguardan

Cuando tú, santo ser,

Contra ti les abraces.

 

Los que un dolor amargo

Consumió con su fuego,

Los que huyeron del mundo

Por contemplarte sólo,

Los que ayuda prestaron

Entre tanto dolor,

Con ellos viviremos

Toda la eternidad.

 

No llora de dolor

Sobre las tumbas quien

Amando cree. Nadie

Le arrebata el amor.

Su corazón lo guardan

Hijos del cielo, y para aplacar su ansiedad

La noche le enardece.

 

Esta vida transcurre

Hacia otra eterna ya.

Con un íntimo ardor

Se transfigura el alma.

Las estrellas devienen

Un vivo vino áureo,

Que habremos de beber

Cambiados en estrellas.

 

El amor es ya libre

Ya no hay separación.

La plena vida ondea

Como en un mar sin límites-

De una noche de gozo

Un eterno poema-

Que nuestro sol reside

En el rostro de Dios.

 

 

Über der Menschen

VI

Witverbreitete Stämme

Herrschte vor Zeiten

Ein eisernes Schicksal

Mit stummer Gewalt.

Eine dunkle

Schwere Binde

Lag um ihre

Bange Seele.

Unendlich war die Ende.

Der Götter Aufenthalt

Und ihre Heimat

Reich an Kleinoden

Und herrlichen Wundern.

Seit Ewigkeiten

Stand ihr geheimnisvcller Bau.

Über des Morgens

Blauen Bergen

In des Meeres

Heiligen Schoβ

Wohnte die Sonne,

Das allzÜndende

Lebendige Licht.

Ein alter Riese

Trug die selige Welt.

Fest unter Bergen

Lagen die Ursöhne

Der Mutter Ende-

Ohmmäching

In ibrer zerstörenden Wut

Gegen das neue

Herrliche Göttergeschlecht

Und die befreundeten

Fröhlichen Menschen.

Des Meeres dunkle

Blaue Tiefe

War einer Göttin Schoβ.

Himmlische Scharen

Wohnten in fröhliche Lust

In den kristallenen Grotten

Flüsse und Bäume.

Blumen und Tiere

Hatten menschlichen Sinn,

Süβer schmeckte der Wein,

Weil ihn blühende Götterjugend

Den Menschen gab-

Des golnen Korns

Volle Garben

Waren eiin göttliches Gescenk.

Der Liebe trunkne Freuden

Ein hiliger Dienst

Der himmlischen Schönheit.

So war das Leben

Ein euriges Fest

Der Götter und Menschen.

Und kindlich verehrten

Alle Geschlechter

Die zarte, köstliche Flamme

Als das Höchste der Welt.

Nar ein Gedanke wars.

 

Der furchtbar zu den frohen Tischen trat

Und das Gemüt in Wilde Schrecken hüllte

Hier wuβten selbst die Götter keinen Rat,

Der das Gemüt mit süβen Troste füllte,

Geheimnisvoll war dieses Unholds Pfad,

Des Wut kein Flehn und keine Gabe stillte-

Es war der Tod, der dieses Lustgelag

Mit Angst und Schmerz und Tränen unterbrach.

 

Auf ewig nun von allem abgeschieden,

Was hier das Herz in süβer Wollust regt-

Getrennt von den Gelliebten, die hinieden

Vergebne Sehnsucht, Langes Web beuegt-

Schien nur dem Toten matter Traum beschieden,

Ohmmächtiges Ringen nur ihm auferlegt.

Zerbrochen war die Woge des Genusses

Am Felsen des unendlichen Verdrusses.

 

Mit künem Geist und hoher Sinnenglut

Verschönte sich der Mensch die grause Larve-

Ein blasser Jüngling löscht das Licht und ruht-

Sanft ist das Ende, wie ein Wehn der Harfe-

Erinnerung schmilzt in külher Schattenflut,

Die Dichtung sang dem traurigen Bedarfel

Doch unenträtselt bielb die ewge Nacht,

Das ernste Zeichen einer fernen Macht.

 

Zu Ende neigte

Die Alte Welt sich

Der lustige Garten

Des jungen Geschlechts

Verwelkte,

Und hinaus

In den freieren Raum

Strebten die eruachsenen

Unkindlichen Menschen.

Verschwunden waren die Götter,

Einsam und leblos

Stand die Natur,

Entseelt vor der strengen Zahl

Und der eisernen kette.

Gesetze wurden,

Und in Begriffe

Wie in Staub und Lüfte

Zerfiel die unermeβliche Blüte

Des tausendfachen Lebens.

Entflohn war

Der allmächtige Glauben

Und die allverwandelnde

Himmelsgenossin,

Die Fantasie.

Unfreundlich blies

Ein kalter Nordwind

Über die erstarrte Flur,

Und die Wunderheimat

Verglog in dem Aether,

Und des Himmels

Unendliche Fernen

Fülten mit leuchtenden Welten sich.

Ins tiefere Heiligtum,

In des Gemüts höhern Raum

Zog die Seele der Welt

Mit ihren Mächten,

Zu walten dort

Bis zum Anbruch

Des neuen Tags,

Der höhern Weltherrlichkeit.

Nicht mehr war das Licht

Der Götter Aufenthalt

Und himmlisches Zeichen-

Den Schleier der Nacht

Warfen sie über sich,

Die Nacht Ward

Der Offenbarungen

Fruchtbarer Schoβ.

Mitten unter den Menschen.

Im Volk, das vor allen

Verachtet,

Zu früh reif

Und der seligen Unschuld

Der Jugend

Trotzig fremd geworden war,

Erschien die neue Welt

Mit niegesehnem Angesicht-

In der Armut

Wunderbarer Hütte-

Ein Sohn der ersten Jungfrau und Mutter-

Geheimnisvoller Umarmung

Unendliche Frucht.

Des Morgenlands

Ahndende, blütenreiche

Weisheit

Erkannte zuerst

Der neuen Zeit Beginn.

Ein Stern wies ihr den Weg

Zu des Königs

Demütiger Wiege.

In der weiten Zukunft Namen

Huldigte sie ihm

Mit Glanz und duft,

Den Höchsten Wundern der Natur,

Einssam entfaltete

Das himmlische Herz sich

Zu der Liebe

Glühendem Schoβ,

Des Veters hohem Antlitz zugewandt-

Und ruhend an dem ahndungsselgen Busen

Der lieblichernsten Mutter.

Mit vergötternder Inbrunst

Schaute das weissagende Auge

Des blühenden Kindes

Auf die Tage der Zukunft,

Nach seinen Geliebten,

Den Sprossen seines Götterstamms,

Unbekümmert über seiner Tage

Indisches Schicksal.

Bald sammelten die kindlllischsten Gemüter,

Von allmächtiger Liebe

Wundersam ergriffen,

Sich um ihn her.

Wie Blumen keimte

Ein neues fremdes Leben

In seiner Nähe-

Unerschöpfliche Worte

Und der Botschaften fröhlichste

Fielen Wie Funken

Eines göttlichen Gelstes

Von seinen freundlichen Lippen.

Von fermer Küste

Unter Hellas

Heiterm Himmel geboren

Kam ein Sänger

Nach Palästina

Und ergab sein ganzes Herz

Dem Wunderkinde:

 

Der Jüngling bist du, der seit langer Zeit

Auf unsern Gräbern steht in tiefen. Sinnen-,

Ein tröstlich Zeichen in der Dunkelheit,

Der höhern Menschheit freuddiges Beginnen;

Was uns gesenkt in tiefe Traurigkeit,

Zieht uns mit süβer Sehnsucht nun von hinnen.

Im Tode Ward das ewge Leben kund-

Du bist der Tod und machst uns erst gesund.

 

Der Sänger zog

Voll Freudigkeit

Nach Indostan

Und nahm ein herz

Voll ewger Liebe mit,

Und schüttete

In feurigen Gesängen

Es unter jenem milden Himmel aus,

Der traulicher

An die Erde sich schmiegt,

Daβ tausend Herzen

Sich zu ihm neigten,

Und die fröhliche Botschaft

Tausendzweigig emporwuchs.

Bald nach des Sängers Abschied

Ward das köstliche Leben

Ein Opfer  des menschlichen

Tiefen Verfalls-

Er starb in jungen Jahren

Weggerissen

Von der geliebtten Welt,

Von der weinenden Mutter

Und seinen Freunden.

Der unsäglichen Leiden

Dunkeln Kelch

Leerte der heilige Mund,

In entsetzlicher Angst

Naht ihm die Stunde Der Geburt

Der neuen Welt.

Hart rang er mit des alten Todes Schrecken,

Schwer lag der Druck der alten Welt auf ihm,

Noch einmal sah er freundlich nach der Mutter-

Da dam der ewigen Lichte

Lösende Hand-

Un der entschlief.

Nur wenig Tage

Hing ein tiefer Schleier

Über das brausende Meer, über das finstre bebende Land,

Unzählige Tränen

Weinten die Geliebtten

Entsiegelt Ward das Geheimnis,

Himmlische Geister hoben

Den uralten Stein

Von dunklen Grabe-

Engel saβen bei dem Schlummernden,

Lieblicher Träume

Zartes Sinnbild.

Er stieg, in neuer Götterherrlichkeit

Erwacht auf die Höhe

Der verjüngten, neugebornen Welt,

Begrub mit eigner Hand

Die alte mit ihm gestorbne Welt

In die verlaβne Höhle

Und legte mit allmächtiger Kraft

Den Stein, den keine Macht erhebt, darauf.

 

Noch weinen deine Lieben

Tränen der Freude,

Tränen der Rübrung

Und des unendlichen Danks

An deinem Grabe-

Sehn dich noch immer

Freudig erschreckt

Auferstehn

Un d sich mit dir-

Mit süβer Inbrunst

Weinen an der Mutter

Seligem Busen

Un dan der Freunde

Treuem Herzen-

Eilen mit voller Sehnsucht

In des Vaters Arm,

Bringend die junge,

Kindliche Menschheit

Und der goldnen Zukunft

Unversieglichen Trank.

Die Mutter eilte bald dir nah

In himmlischen Triumph-

Sie war die erste

In der neuen heimat

Bei dir.

Lange Zeiten

Entflossen seitdem,

Und in immer höhern Glanze

Regte deine neue Schöpfung sich,

Und Tausende zogen

Aus schmerzen und Qualen

Voll Glauben und Sehnsucht

Und treue dir nach,

Und walten mit dir

Und der himmlischen Jungfrau

Im Reiche der Liebe

Und dienen im Tempel

De himmlischen Todes.

 

Gehhoben ist der Stein,

Die Menschheit ist erstanden.

Wir alle bleiben dein

Un fühlen keine Banden.

Der herbste Kummer fleucht

Im letzten Abendmahle

Vor deiner goldnen Schale,

Wenn Erd und Leben weicht.

 

Zur Hochzeit ruft der Tod.

Die Lampen brennen helle,

Die Jungfraun sind zur Stelle,

Um Öl ist keine Not.

Erklänge doch die Ferne

Von deinem Zuge schon,

Und ruften uns die Sterne

Mit Menschenzung und Ton!

 

Nach dir, Maria, heben

Schon tausend Herzen sich,

In diesem Schattenleben

Verlangten sie nur dich.

Sie hofften  zu genesen

Mit ahndungsvoller Lust,

Drückst du sie, heilges Wesen,

An deine treue Brust.

 

So manche, die sich glühend

In bittrer Qual Verzehrt

Und dieser Welt entfliehend

Nur dir sich zugekehrt,

Die hülfreich uns erschienen

In mancher Not und Pein-

Wir kommen nun zu ihnen,

Um ewig da zu sein.

 

Nun weint and keinem Grabe

Für Schmerz, wer liebend glaubt.

Der Liebe süβe Habe

Wind keinem nicht geraubt.

Von treuen Himmelskindern

Wird ihm sein herz bewacht;

Die Sehnsucht ihm zu lindern,

Begeistert ihm die Nacht.

 

Getrost, das Leben schreitet

Zum ewgen Leben hin,

Von innrer Glut geweitet

Verklärt sich unser Sinn.

Die Sternwelt wird zerflieβen

Und lichte Sterne sein.

 

Die Lieb’ist freigegeben

Und keine Trennung mehr.

Es wogt das volle Leben

Wie ein unendlich Meer-

Nur eine Nacht der Wonne,

Ein Ewiges Gedicht-

Und unser aller Sonne

Its Gottes Angesicht.

 

 

VII

¡Abajo, al seno de la tierra,

Fuera del reino de la luz!

El airado dolor y el duro choque

Señales son de una feliz partida.

Pronto en estrecha barca

Llegaremos a orilla de los ciclos.

 

¡Loada sea la noche

Eterna, el sueño eterno!

Fatigados del caluroso día,

Ajados de dolor, cerca del padre

Queremos regresar,

Acabadas las ansias por lo extraño.

 

¿Qué hacer en este mundo

Con nuestro amor y la fidelidad?

Sin atender lo antiguo

¿qué sólo queda, qué afligido

Quien, ardiente y piadoso, ama lo remoto!

 

El tiempo en el que los sentidos

Con lucidez ardían entre llamas-

Los hombres aún reconocían

Rostro y manos del padre,

Con candidez algunos se acercaban

A su prístina imagen.

 

El tiempo en que resplandecían

En plena flor los troncos antiquísimos

Y los niños pedían la tortura y la muerte

Ara entrar en el reino de los cielos;

Que a pesar de atraer el placer y la vida

Muchos corazones se quebraban de amor.

 

El tiempo en que Dios mismo

Se reveló con fuego juvenil

Ofreciendo a la muerte prematura

Su dulcísima vida con un brío amoroso

Sin rechazar la angustia ni la pena

Para hacernos más caro así su amor.

 

Lo miramos con ansia temerosa

Envuelto en noche oscura,

Que jamás en el mundo

La ardiente sed se apagará.

Hemos de regresar a la patria de origen

Para volver a ver ese tiempo sagrado.

 

¿Qué demora el retorno?

Ha tiempo que descansan los amantes.

Cierra su tumba el curso a nuestra vida

Y nos invade la aflicción y el miedo.

Ya no tenemos nada que buscar,

Vacío el mundo y harto el corazón.

 

¡Un temblor dulce nos recorre

Misterioso y sin fin!

Pues parece que en hondas lejanías

Nuestra tristeza resonó en sus ecos

Que también los amantes nos añoran

Al enviar suspiros de nostalgia.

 

¡Vayamos al encuentro de la dulce novia,

Vayamos al encuentro de Jesús, bienamado!

Que el crepúsculo envuelv e

A los que aman como a los que sufren.

Un sueño rompe nuestros lazos

Y nos hunde en el seno paternal.

 

VII

Hinunter in der Erde Schoβ,

Weg aus des Lichtes Reichen!

Der Schmerzen Wut und Wilder Stoβ

Its froher Abfahrt Zeichen.

Wir kommen in dem engen Kahn

Geschwind am Himmelsufer an.

 

Gelobt sei uns die ewge Nacht,

Gelobt der ewge Schlummer,

Wohl hat der Tag uns warm gemacht

Und welk der lange Kummer.

Die Lust der Fremde ging uns aus,

Zum Vater wollen wir nach Haus.

 

Was sollen wir auf dieser Welt

Mit unsrer Lieb’und Treue-

Das alte wird hintangestelt,

Was einsam steht und tiefbetrübt,

Wer heiβ und Fromm die Vorzeit liebt.

 

Die Vorzeit, wo die Sinne licht

In hohen Flammen brannten,

Des Vaters Han und Angesicht

Die Menschen noch erkannten

Und hohen Sinns, einfältiglich

Noch mancher seinem Urbild glich.

 

Die Vorzeit, wo an Blüten Reich

Uralte Sämme prangten,

Und Kinder für das Himmelrich

Nach Tod und Qual verlangten,

Und wenn auch Lust und leben sprach,

Doch manches Herz für Liebe brach.

 

Die Vorzeit, wo in Jugendglut

Gott selbst sich kundgegeben

Und frühem Tod in Liebesmut

Geweiht sein süβes Leben,

Und Angst und Schmerz nicht von sich trieb

Damit er uns nur teuer blieb.

 

Mit banger sehsucht sehn wir sie

In dunkle Nacht gehüllet,

Und hiera uf dieser Welt wird nie

Der heiβe Durst gestillet.

Wir müssen nach der Heimat gehn,

Un diese heilge Zeit zu sehn.

 

Was hält noch unsre Rückkehr auf-

Die Liebsten ruhn schon lange.

Ihr Grab schlieβt unsern Lebenslauf,

Nun wird uns weh und bange.

Zu suchen haben wir nichts mehr-

Das Herz ist satt, die Welt ist leer.

 

Unendlich und geheimnisvoll

Durchstömt uns süβer Schauer;

Mir däucht, aus tiefen Fernen scholl

Ein Echo unsrer Trauer.

Die Lieben sehnenb sich wohl auch

Und sandten uns der Sehnsucht Hauch.

 

Hinunter zu der süβen braut,

Zu jesus dem Geliebten!

Gestrost, die Abenddämmrung graut

Den Liebenden, Betrübten.

Ein Traum bricht unsre Banden los

Und senkt uns in des Vaters Schoβ.

 

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