POETAS 95. John Donne I (Sonetos y canciones)

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 John Donne (1572-1631) estudió derecho en Oxford y en Cambridge, y siendo muy joven viajó por Italia y España. Proveniente de una familia archicatólica en tiempos de persecuciones, Donne se convirtió al anglicanismo para poder continuar con su ambiciosa carrera cortesana. Enrolado como soldado al servicio del Conde Essex, participó en las expediciones contra Cadiz y las Azores. Poco después de su conversión de conveniencia, hacia 1601, contrae matrimonio, sin haber obtenido el consentimiento paterno, con Ann More,  joven de 17 años, bien situada socialmente. Tras el ostracismo provocado por el escándalo social de su matrimonio, se ve alejado de la corte londinense y obligado a ganarse la vida como simple abogado. Poco a poco, va granjeándose el favor de la corte, se arrima a protectores como el terrateniente Sir Henry Goodyer, y tiene amoríos con la condesa de Bedford, intima amiga de la esposa del rey Jacobo, y a la que dedicó alguno de sus poemas. El cariz laudatorio que tomaron muchos de sus composiciones con el fin de encontrar valedores para su carrera cortesana, le llevó a escribir elegías de ocasión, género en el que se hizo célebre, especialmente por las elegías  dedicadas a la hija, muerta prematuramente, de Sir Robert Drury. Fueron años éstos en los que recorrió el continente europeo formando parte del séquito de Sir Robert, antes de lograr instalarse en su añorada Londres. Ante la insistencia de la corte por hacerle ingresar en la carrera eclesiastica, única vía ya que le quedaba para  seguir medrando, el 23 de enero de 1615 se ordena sacerdote anglicano en la catedral de San Pablo. A partir del nombramiento de capellán real por parte del rey Jacobo, Donne sienta la cabeza y trueca sus poemas amorosos por otros de índole religiosa, volcándose con especial energía en la oratoria sagrada, que pone a prueba desde el púlpito. Pronto se gana fama como orador barroco y efectista hasta el punto de que su fama más temprana va ligada más a esta faceta que a su original poesía amorosa y metafísica.  Su célebre meditación XVII “¿Por quien doblan las campanas?”, escrita con motivo de una epidemia de peste que asolaba Londres, y que a punto estuvo de acabar con la vida del poeta,  fue utilizada por Hemingway como  sugerente título para una de sus novelas, mientras que los ecologistas la han utilizado como una”cita aldabón” para golpear las conciencias: “Nadie es una isla, completo en si mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad. Por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti”. Convertido ya en teólogo oficial de la corte, acaparador de dignidades eclesiásticas, y tan temido como admirado por su inflamada y barroca oratoria -T. S. Eliot le llegará a definir como “hechicero de una orgía de emociones”-, en 1621 es nombrado Deán de San Pablo.  Enfermedades y tribulaciones hacen que dedique sus últimos años a centrarse en temas como Dios, la muerte, el pecado y las vanidades humanas. Su último sermón -se dice que con lágrimas en los ojos, voz cavernosa y cara macilenta-, lo pronunció ante la corte en el invierno de 1631. Su poesía, para su tiempo incomprendida, resulta ahora paradójicamente contemporánea y de gran estima por los poetas modernos. El doctor Johnson consagró el desdeñoso término de “poeta metafísico” por adscribirse a una poesía a la que reprochaba unir conceptos díficilmente emparejables. Estas contradictorias ideas metafísicas que salpican profusamente sus poemas, son concretadas por una experiencia personal que logra dar materia a la palabra lírica. Despreciando la fluidez musical de sus antecesores renacentistas -Spenser y Sydney-, logra dar a sus versos una expresión directa y casi coloquial, con encabalgamientos y rupturas rítmicas que convierten sus poemas en dramáticos diálogos apasionados. Pese a que su poesía puede  parecernos un tanto oscura y desmañada, casi sin desbastar, su espontaneidad y sus imágenes insólitas hacen que su voz alcance un tono que hoy nos resulta sugerente.

*****

EL CÁLCULO

Han pasado veinte años desde ayer
sin apenas creer que me dejaste;
cuarenta más pasaron, y viví
del recuerdo de aquel amor de antaño,
y durante cuarenta que siguieron
de esperanzas de que ibas a volver;
otro siglo se ahogó en mis propias lágrimas
y aventaron dos siglos más suspiros.
Luego pasó un milenio y nada hice;
nada pensé, no me ocupé de nada,
dedicado a pensar tan sólo en tí;
tampoco te olvidé en mil años más.
Pero a eso no llames larga vida,
ya que soy inmortal por estar muerto.
¿O crees que también mueren los fantasmas?

*****

VAPORES PONZOÑOSOS

Una vez muerto, cuando nadie sepa
la causa, e investiguen mis amigos
haciendo que me trinchen para ver
qué ha pasado a cada uno de mis órganos,
viendo en mi corazón la imagen tuya
un súbito vapor de amor letal
se adueñará de todos sus sentidos
con los mismos efectos que sufrí,
convirtiendo tu crimen en matanza.

!Ruin victoria! Pero si te atrevieras
a ser audaz gozando de tu triunfo,
mata al gigante cruel de tu desdén,
asesina a la bruja del pudor,
y lo mismo que vándalos y godos
destruye los anales y las crónicas
que cuenten tus ardides y conquistas,
y careciendo ya de tal ventaja
puedes entonces acabar conmigo.

Pues yo también haría que luchasen
en mi bando gigantes y hechiceras,
la constancia sin fin, la discreción,
mas no quiero que me presten su ayuda.
Dame muerte con armas de mujer
y deja que yo muera como un hombre.
Pon a prueba tan sólo en la batalla
tu pasivo valor; verás que así,
desnuda, triunfarás del otro sexo.
 

*****

FIEBRE

No te mueras porque tendré que odiar
a todas las mujeres tras tu muerte,
y dejar de cantar tus alabanzas
recordando que fuiste una mujer.

Por más que sé que no puedes morir
pues se abandona el mundo con la muerte,
pero si tú te fueras de este mundo
él contigo también iba a ser nada.

Este mundo sin ti, es decir, sin alma,
sería tu esqueleto, las mujeres
más hermosas serían tu fantasma,
viles gusanos los mejores hombres.

Oh, sabios que buscáis cuál es el fuego
que hará arder este mundo, ¿acaso nadie
ha pensado que bien podría ser
esta fiebre que ahora la domina?

Sé bien que ella no va a morir por esto
ni a sufrir largo tiempo de ese mal,
ya que mucha infección se necesita
para encender una fiebre tan larga.

Tan ardientes accesos son meteoros
que se agotan en ti al cabo de poco:
Tu belleza, como tus otros dones,
forman un inmutable firmamento.

No obstante yo quisiera ser tu dueño,
aunque fuese fugaz la posesión:
pues prefiero poseerte sólo una hora
que todo lo demás tener por siempre.

*****

ADIOS AL AMOR

Aunque no tuve pruebas,
pensé que había algún dios del amor,
y me incliné ante él y le di culto,
como hacen los ateos cuando mueren
invocando al que no saben nombrar
y no es más que un poder desconocido.
También a ciegas yo le supliqué.
Así ocurre
al anhelar aquello que ignoramos:
nuestros propios deseos le dan forma,
y según son o mengua o se agiganta.

Como en la última feria
el simulacro real en trono de oro
no es menos admirado por los niños
durante varios días, ciegamente
veneran de rodillas los amantes;
pero tras conseguirlo, su deleite
se ve disminuido al poco tiempo,
y ya entonces
lo que halagaba todos los sentidos
afecta sólo a uno, y así deja
en el alma un hastío melancólico.

!Ay! ¿Por qué no podemos
lo mismo que los gallos y leones
después de ese placer seguir gozosos?
A no ser que así lo haya decretado
muy sabiamente la naturaleza
(Pues dicen que cada uno de estos actos
disminuye en un día nuestra vida),
y que el juego
se pueda despreciar por ser tan breve,
lo que dura un minuto, en que se cifran
las ansias de tener posteridad.

No voy, pues, a desear
lo que es inalcanzable a cualquier hombre.
No voy a extraviarme persiguiendo
esas cosas que ya me han hecho daño.
Y cuando me tropiece con beldades
tentadoras, como se suele hacer
cuando el sol más ardiente del verano
nos abrasa,
aunque admire su gran magnificencia
rehuiré su calor. Y si no hay sombra
me frotaré la cola con santónico.

*****

EXPLICACIÓN SOBRE LA SOMBRA

Amor, espera un poco, que te lea
esta filosofía del amor.
Juntos hemos andado unas tres horas
con dos sombras pegadas a los pies
que gracias a nosotros existían;
sobre nuestras cabezas está el sol,
y pisamos ahora aquellas sombras;
y todo es refulgente claridad.
Cuando crecía así el amor pueril
brotaban los disfraces y las sombras
de nuestra desazón; ahora es distinto.

No era el grado más alto del amor
el que teme ser visto por los otros.

Si en nuestro amor no es siempre mediodía
nuevas sombras caerán a nuestra espalda.
Y si cegaban antes a los otros
ahora cegarán los propios ojos.
Si mengua nuestro amor la luz declina.
Tu corazón querrás enmascararme
y lo que hay en el mío te hurtaré.
Las sombras mañaneras ya no están,
pero éstas van creciendo hasta lo oscuro.
¿Porque es tan breve el día del amor
si camina el amor hacia el ocaso!

El amor resplandece, y un instante
después del mediodía es ya de noche.

*****

EL LEGADO

Pasó la última vez en que morí
(y muero cada vez que me separo
de ti, aunque solamente sea una hora,
porque es eterna la hora de los que aman),
recuerdo que algo dije y di en herencia;
aunque ya estaba muerto, era forzoso
que fuese al mismo tiempo mi albacea
y la manda dejada en testamento.

A mí mismo me oí decir entonces:
Dile que he sido yo (pero eres tú)
el que me ha dado muerte, y al morir
quise legar mi propio corazón;
pero no lo encontré tras desgarrarme
y buscar donde están los corazones.
Volvió a matarme el que aún siendo sincero
no pudiera dejarte aquel legado.

Encontré un corazón de simulacro,
muy parecido a él y con repliegues,
sin ser bueno ni malo, y que no era
de nadie, de unos pocos a trocitos.
Una obra artificial, pero bien hecha;
apenado pensé este corazón
enviarte por no tener el mío,
pero ¿quién lo tendrá? Pues era el tuyo.

*****

EL INFINITO DE LOS ENAMORADOS

Si no poseo aún todo tu amor,
amor mío, ya nunca lo tendré,
no hay en mí más suspiros que te muevan
ni me es posible derramar más lágrimas.
Para comprarte, todo mi tesoro
de suspiros y llanto y juramentos
y cartas he dilapidado ya.
Y no obstante, tú no me debes nada,
pues éste era el acuerdo al que llegamos:
si tu entrega era entonces compartida,
era mía una parte y de otros otra.
Nunca mía del todo vas a ser.

Suponiendo que me lo dieras todo,
era sólo tu todo aquel entonces,
pero si en ti ha nacido un nuevo amor
o nacerá pensando en otros hombres
que tienen aún intacto su caudal,
ofreciéndote en llanto y en suspiros,
juramentos y cartas, más que yo,
nuevos miedos dará tal amor nuevo,
pues este amor no entraba en tus promesas.
Pero como tu amor era absoluto,
mío es tu corazón y cuanto allí
pueda crecer también ha de ser mío.

Pero no te lo pido todo entero,
no puede tener más quien todo tiene,
y dado que mi amor sigue aumentando
reserva para él nuevas mercedes.
Darme tu corazón todos los días
no lo puedes hacer, puesto que entonces
previamente jamás lo hubieras dado.
Misterioso es amor, se da y se guarda,
se conserva aun después de que se dé.
Seremos generosos, juntaremos
corazones en vez de intercambiarlos:
dos en uno, y enteros para el otro.

***** 

LOS BUENOS DÍAS

Pregunto, por mi fe: ¿qué hacíamos tú y yo
hasta que nos amamos? ¿Sin destetar seguíamos,
chupando puerilmente placeres ignorantes?
¿O estábamos dormidos en una cueva mágica?
Así fue, y los placeres sólo eran fantasías.
Si vi alguna belleza
que deseé y obtuve, era un sueño de ti.

Ahora, “Buenos días”: despiertan nuestras almas,
sin mirarse entre sí, por temor; pues amor
domina todo amor a otras cosas visibles
y hace de un rinconcito el espacio de todo.
Sí, los descubridores hallaron mundos nuevos,
los mapas han mostrado mundo y mundo a otros,
uno es nuestro: cada uno tiene uno, y son uno.

Mi cara está en tus ojos, y la tuya en los míos,
y las almas sinceras descansan en las caras:
¿dónde halláramos dos hemisferios mejores,
sin norte asolador, sin decadente oeste?
Cuanto muere no estaba por igual bien mezclado:
si son nuestros amores uno, y tan por igual
sin ceder nos amamos, ninguno ha de morir.

*****

USURA DE AMOR

Por cada hora que me des, a cambio,
dios de amor usurero, te daré
una veintena de horas cuando tenga
tanto cabello gris como castaño.
Hasta entonces, amor, deja que reine
mi cuerpo, que viaje, robe, intrigue,
que posea y olvide, y que retorne
a la que abandoné el año pasado.
Hasta entonces no quiero conocerte.

Que las cartas ajenas me atribuya,
y que pueda gozar por la mañana
la que a otros prometió hacia medianoche;
que engañe de pasada a la doncella
y que explique a la dama mi tardanza;
eso sí, que de nadie me enamore,
ni el placer me esclavice, de la hierba
campesina al arrope cortesano
o a gollerías, pase de una a otra.

El trato te conviene, si al ser viejo
me consumo en tus llamas, si tu honor,
o quizá mi vergüenza o ni congoja
es lo que más deseas, ganas mucho.
Hágase entonces como quieras, dicta
nombre, arrebato y fruto del amor.
Hasta entonces olvídame, que yo
lo voy a soportar, aunque una de ellas
acabe enamorándose de mí.

*****

LA PARADOJA

Ningún amante dice “yo amo”, y nadie
a otro amante le va a juzgar perfecto;
cree que no puede serlo nadie más,
y que otro pueda amar es imposible.
No digo “amé”, porque, ¿cómo admitir
el absurdo de que me dieron muerte?
Por exceso de ardor el amor mata
eligiendo al que es joven más que al viejo,
mata la muerte exagerando el frío;
sólo una vez se muere, mata amor,
miente quien dice haber vuelto a morir.
Parece que se mueve y que se agite,
pero es sólo un engaño a los sentidos.
Esta vida es la luz que aún puede verse
tras la puesta de sol, como el calor
comunicado a un cuerpo y que conserva
horas después de que se apague el fuego.
Amé y luego morí; ya sólo soy
ahora mi epitafio y mi sepulcro.
Aquí los muertos hablan, yo también:
el amor me mató y aquí reposo.

*****

LA PROHIBICIÓN

Sobre todo no me ames,
por lo menos recuerda que te lo prohibí;
así no me recobro del inmenso derroche
de palabras y sangre por tu llanto y suspiros
devolviéndote el mal que me hiciste sufrir;
pero como tal goce nos consume la vida,
para no malograr con mi muerte tu amor
si me llegas a amar, sobre todo no me ames.

Sobre todo no me odies,
o cantes victoria celebrando tu triunfo.
Porque no quiero hacerme vengador de mí mismo
respondiendo con odio a lo que tú me odiaste;
pero vas a perder tu perfil victorioso
si después de vencido pereciera por tu odio.
Para que, al ser yo nada, no te merme mi muerte
si me llegas a odiar, sobre todo no me odies.

Une el odio al amor,
y así tales extremos se podrán anular.
Moriré, si es que me amas, de manera muy dulce,
ódiame, pues tu amor para mí es excesivo;
o que tu odio y tu amor me mantegan con vida
Y así sea un ejemplo de tu gloria triunfal.
Para que no destruyas amor, odio y a mí,
y yo pueda vivir, une el odio al amor.

*****

LA RELIQUIA

Cuando otra vez vuelvan a abrir mi tumba
para alojar en ella a un nuevo huésped
(pues las tumbas, igual que las mujeres,
siempre ofrecen a su lecho a más de uno),
verá el sepulturero en torno al hueso
un brazalete de cabello rubio;
¿acaso no querrá dejarnos solos
pensando que allí yacen dos amantes
que quisieron hacer de esta manera
que sus almas unidas tras la muerte
prolongaran su amor un poco más?

Si sucede en un tiempo o un país
en el que haya extraviadas devociones,
el que nos desentierre llevará
al obispo y al rey aquellos restos,
que se venerarán como reliquias;
María Magdalena vas a ser,
y yo algún otro santo junto a ti.
Y todas las mujeres y algún hombre
nos querrán adorar. En aquel tiempo
gustarán de milagros, los que obró
nuestro amor inocente ahora diré.

Nos amamos de veras y fielmente
sin saber lo que amamos ni por qué,
y supimos tan poco de los sexos
como sabe nuestro ángel de la guarda;
a veces nos besábamos, un signo
de encuentro o despedida, nada más;
y no tocamos nunca el sello abierto
en la naturaleza al ser herida.
Eso fue lo que hicimos, pero ahora
no bastan las palabras si tuviese
que decir el milagro que ella fue.

*****

CANCIÓN

Coge estrellas fugaces con la mano
y preña la raíz de una mandrágora;
y dime dónde están los años idos,
quién hendió las pezuñas al demonio,
y haz que pueda escuchar a las sirenas
o líbrame del ardor de la envidia
y ayúdame a saber qué viento amigo
favorece a los ánimos leales.

Si naciste tan sólo para ver
maravillas o cosas invisibles,
cabalga diez mil días con sus noches
hasta que el tiempo nieve tus cabellos,
y luego a tu retorno me dirás
qué prodigios pasaron por tus ojos,
y me podrás jurar que no encontraste
en parte alguna a una belleza fiel.

Y si alguna encontraste en tu camino,
dulce peregrinar ha sido el tuyo;
mas, pensándolo bien, no iré en su busca,
aunque fuese vecina de esta calle.
Pues aunque fuera fiel cuando la viste
y aún lo fuese al mandarme las noticias,
antes de llegar yo, dos o tres veces
seguro que ya hubiera traicionado.

*****

LA SALIDA DEL SOL

!Oh, viejo entrometido, malcriado y estúpido!
¿Por qué siempre nos llamas traspasando
ventanas y cortinas? Los amantes,
¿tienen que acomodarse a tu andadura?
!Oh, dómine infeliz e impertinente!
Riñe a los colegiales dormilones
y al aprendiz roncero al despertarse,
avisa a los monteros de la Corte
que el rey quiere salir a cabalgar,
e invita a las hormigas campesinas
a acudir al quehacer de la cosecha.
El amor nada sabe de estaciones,
horas, días o meses, los harapos del tiempo.

¿Por qué crees que tus rayos son sagrados y fuertes?
Yo podría eclipsarlos y nublarlos
con sólo parpaedear, pero no quiero
quedarme tanto tiempo sin mirarla;
si sus ojos aún no te han cegado,
míralos y mañana por la tarde
vuelve y dime si has visto que ambas Indias,
la que es rica en especias y la que es
generosa en dar oro, siguen donde
las dejaste o están aquí conmigo.
Pregunta por los reyes que ayer viste
y sólo te darán una respuesta:
todos están aquí en el mismo lecho.

Ella es todos los reinos y yo todos los príncipes,
no existe nada más, los soberanos
simulan ser lo que nosotros somos.
Comparado con esto, todo honor
es sólo simulacro, toda riqueza alquimia.
Tú eres, sol, la mitad de feliz que nosotros,
porque así se ha abreviado el universo.
tu edad piede sosiego, y ya que es tu deber
dar calor, calentándonos cumples  tu cometido.
Brilla para nosotros, puesto que en todas partes
lucirá tu fulgor. Esta cama es tu centro,
y estas cuatro paredes son el cielo en que giras.

*****

DESPEDIDA: EL LIBRO

Voy a decirte, amor, lo que has de hacer
para poner fuera de sí al destino,
como él acaba haciendo con nosotros;
cómo voy a aquedarme, aunque me aleje,
y cómo lo sabrán también los siglos
venideros, cómo podrá tu fama
dejar atrás a la de la Sibila,
oscurecer a la de quien venció
a Píndaro y a aquella que ayudara
a pulir la poesía de Lucano,
sin olivdar a la mujer que, dicen,
hizo el libro al que Homero dio su nombre.

Estudia estos papeles manuscritos,
miriadas de cartas que cruzamos
los dos para escribir nuestros anales:
allí pauta y ejemplo encontrarán
todos aquellos a los que el amor
haya purificado como un fuego.
Ese amor tendrá artículos de fe
que no podrá impugnar ningún hereje,
ya que todos verán como el amor
nos concede esta gracia: la de hacer,
transmitir y prestar servicio a todos
en ese testimonio de sí mismo.

Este libro será tan duradero
como los componentes y la forma
del mundo, y está lleno de inscripciones
cifradas o en algún nuevo lenguaje.
Nosotros sólo somos mediadores
de ese gran sacerdocio del amor,
y una vez este libro se haya escrito,
aunque se repitiera la invasión
de los salvajes vándalos y godos,
quedarían a salvo los saberes;
aprenderán las escuelas ciencias,
música el cielo, cánticos los ángeles.

Los que el amor estudian como teólogos
(pues toda teología es maravilla
o es amor) hallarán cuanto deseen,
el amor del espiritu, teniendo
por lo invisible el alma enajenada,
o -muy poco dispuestos a admitir
las inseguridades de la fe-
lo que se puede ver y hasta tocar;
puesto que aunque el espíritu es del Cielo,
que es el lugar donde el amor se alberga,
la belleza ha de ser una figura
muy adecuada que lo represente.

Aquí más que en sus libros los juristas
verán por qué son nuestras las amadas,
y cómo por encima de la ley
se apropian de estos bienes, transferidos
desde el amor a todas las mujeres,
que aunque del corazón y de los ojos
obtienen cuantiosísimos subsidios,
abandonan a quien confía en ellas,
e invocan o la honra o la conciencia
para excusarse con quimeras tales,
afirmando tener prerrogativas
que sabemos tan fútiles como ellas.

También los estadistas (por lo menos
los que saben leer) pueden hallar
aquí la explicación de sus quehaceres:
el amor y su oficio son dos cosas
que hieren mortalmente si uno quiere
pensar en qué consisten. Pero en ambas
sobresalen aquellos que se atienen
al momento presente nada más,
en cuya escasa consistencia nadie
quiere pensar, ni mencionar siquiera.
En tu libro verán ellos su nada,
como en la Biblia hay quien descubre alquimia.

Di lo que piensas: yo me iré muy lejos
para pensar en ti, como se va
a distancia quien quiere abarcar cimas.
Para saber cuán grande es el amor
se requiere presencia, pero sólo
la ausencia prueba cuánto va a durar:
Para medir la latitud, el sol
o las estrellas siempre deben verse
en el cenit; para las longitudes,
¿es que acaso tenemos otro medio
de medirlas que en el tiempo y lugar
en que se da el eclipse más oscuro?

*****

DESPEDIDA DE LÁGRIMAS

Deja que en este adiós vierta mis lágrimas
ante tu rostro mientras sigo aquí;
las acuña tu rostro con tu imagen
y así tienen valor tales monedas,
puesto que están preñadas de ti misma.
Frutos de mi dolor es lo que son,
y emblema de algo más, cuando una cae
por llevarte también caes con ella,
y no somos los dos entonces nada
al estar en riberas tan distintas.

Un hábil dibujante en una esfera
siguiendo sus modelos va a trazar
una Europa y un África y un Asia,
y a hacer de aquella nada todo el mundo.
Otro tanto sucede en cada lágrima
que darramas, un mundo, un universo
acaba por surgir a imagen tuya,
hasta que al fin tu llanto que se mezcla
con el mío copioso anega el mundo
y disuelve mi cielo a fuerza de agua.

A la luna no imites, no manejes
los mares hasta ahogarme en tus esferas,
que tu llanto en tus brazos no me mate,
no sugieras al mar lo que tal vez
hará pronto, no des al viento ejemplos
para hacerme aún más daño del que quiere,
Cuando cada suspiro tuyo y mío
es del aire y la vida de los dos,
quien suspira más hondo es el más cruel,
pues la muerte del otro se apresura.

*****

EL MALEFICIO DE UNA IMAGEN

Cuando clavo mis ojos en los tuyos
compadezco la imagen que arde en ellos,
y ahogada en una lágrima clarísima
vuelvo a verla si miro más abajo.
Si tuvieses un arte de hechicera
para matar por medio de una imagen,
¿cuántas veces podrías conseguirlo?

He bebido tus lágrimas tan dulces
y salobres, si lloras más me iré;
ya deshecha mi imagen, no hay temor
de que tu maleficio pueda herirme.
Aunque de mí conserves otra imagen,
como se pintará en tu corazón
ya no podrá tener maldad alguna.

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3 respuestas a “ POETAS 95. John Donne I (Sonetos y canciones) ”

  1. Tupacalos dice:

    Siendo versos de amor sí que parecen de otro tiempo. Se me ocurre que sería estupendo tener un índice cronológico… pero yo no digo nada…

  2. Pobrecito hablador dice:

    Gracias por la observación. !Ojalá dispusiera de ese índice cronológico! Yo también lo hecho de menos: es una buena idea que me apunto. A ver si puedo fechar algún poema. Trataré de indagar…

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