POETAS 110. Novalis (Himnos a la noche)

POETAS 110. Novalis (Himnos a la noche)

Friedrich von Hardenber nació el 2 de mayo de 1772 en Oberwiedertedt (Turingia) y murió de tisis a la edad de 29 años, el 25 de marzo de 1801 en Weissenfels. “Novalis”, el apelativo con el que es conocido literariamente, lo comenzó a usar a partir de 1798, tomándolo del nombre de una posesión familiar que significa: “el que construye el nuevo país”. Su familia pertenecía a una antigua estirpe nobiliaria y fue educado por su padre – director de las minas de sal de Sajonia- en la tradición pietista, asesorándole también para que se formase como administrador de las minas de sal. En 1790 se matriculó en las facultades de Filosofía y de Leyes de la Universidad de Jena, donde asistió a las lecciones de Schiller, con quien llegaría a intimar hasta el punto de seguir su consejo de trasladarse a Leipzig para continuar sus clases de derecho. Allí acaba llevando una vida desordenada, contrae deudas, se enreda en lances amorosos y se rezaga en sus estudios. En 1794 supera al fin los exámenes de Derecho y se emplea como pasante en Tennstedt. Justo en esta época va a conocer a una mujer que cambiará su vida y que provocará uno de los gestos más estridentes del romanticismo. Se trata de Sophie Von Kühn, una adolescente de 12 años a la que pronto se promete, pero que al morir tres años después provocará en Novalis una honda desesperación. Atraído por la nostalgia de la mujer amada, va a visitar a diario el sepulcro donde yace y se encierra durante días en su antigua habitación sólo para tener más vivo su recuerdo. Novalis creía que la muerte de Sophie podría ser revocada mediante una aproximación mágica al invisible mundo de ultratumba. Esta experiencia le conduce a escribir en 1997 “los himnos de la noche”, publicados en la revista “Athenaum” en 1800, alternando la prosa con el verso. La noche es identificada con el misterio de la muerte y elevada a símbolo de la verdadera vida, en sintonía con la concepción cristiana que hace de la superación de la muerte un símbolo primordial de redención. En contraste con el reino de la luz que representa lo diurno, la noche es símbolo del amor creador, de la libertad –al romper las ataduras de la existencia diurna- y de lo infinito. Pero también representa una nueva fase de la humanidad, una edad de oro que supera la edad de hierro en que cohabitaban los dioses y los hombres. Una edad aurea marcada por la aparición de Cristo, que se convierte en símbolo victorioso de la muerte y es garantía del tránsito hacia la otra vida, donde al fin puede ser saciada la sed de amor infinito y puede ser sofocado el sufrimiento. “Los himnos a la noche”, al igual que los fragmentos filosóficos que publicaría más tarde en la revista Atenaum, llevan la influencia de la filosofía de Fichte, al que había comenzado a estudiar el mismo año que conoce a Sophie. Fichte había proclamado como primer principio creador el yo trascendental, con una actividad ilimitada. Para la toma de conciencia de un yo que obra contra lo que se le resiste, Fichte concedía una importancia extrema la imaginación productiva. Pero este poder de la imaginación que en Fichte aparece contrapesado por la realidad de todo aquello que no es yo, en Novalis puede ser modificado a voluntad y usado con fines taumatúrgicos: es lo que llamó “idealismo mágico”. No hay nada más allá del absolutismo del yo que actúa y que conoce; para Novalis todo conduce hacia su interior: “el camino misterioso va hacia dentro”. Las fuerzas de la naturaleza ya operan en nuestro interior y quien conoce las leyes del mundo del espíritu puede domeñar la materia. Pero para adentrarse en los secretos del espíritu hay que conocer los arcanos de las ciencias naturales. A principios de 1798 comienza a enfrascarse en sus estudios en la Academia de Minas de Freiberg, a la vez que comienza a mitigarse el obsesivo recuerdo de Sophie, ya que se acaba prometiendo con la hija de su mentor, Julie Von Charpentier. Comienza entonces a fraguar un ambicioso proyecto novelístico del que al final sólo nos ha quedado su inacabado Enrique de Ofterdingen”. “Me gustaría dedicar toda mi vida a una novela, que llenaría por sí sola una biblioteca entera, y que quizá habría de contener los años de aprendizaje de una nación.” “Enrique de Ofterdingen” es su libro más autobiográfico. Contrapuesto al Wilhelm Meister de Goethe, su protagonista encarna al verdadero poeta romántico que sale en peregrinaje tras una flor azul que vislumbra en un sueño y que representa la imagen ideal de la poesía, lo único capaz de tender un puente entre el mundo visible y el invisible. Por la misma época en que escribe Enrique de Ofterdingen, Novalis comienza a publicar en la revista Ateneum unos fragmentos que son apuntes de pensamientos y que pretendía constituir con el tiempo “una biblia científica que fuera ejemplo y germen reales e ideales para todos los libros”. A menudo Novalis contemplaba la vida no desde el plano material, sino desde el espiritual. Buscaba la espiritualización de la vida entera, o por lo menos trataba que lo espiritual no estuviera soterrado por lo material. El sentido de la vida del hombre se encontraba para Novalis en expandirse hacia el infinito, y ese infinito sólo podría ser ahondado por el camino interior, estableciendo un vínculo entre el microcosmos que representa el hombre y el macroanthropos que postula el universo. Ser hombre para Novalis es tanto como ser universo; sólo si el hombre se concibe como microcosmos puede elevarse a una condición sobrehumana.  El mundo no es más que “un índice enciclopédico y sistemático de nuestro espíritu, una metáfora universal, una imagen simbólica de éste”, y por lo tanto es posible transformar el mundo a través del sentimiento moral y de una libertad creadora que nos podría asemejar a Dios. Y este arte infinitamente creador que puede convertir al hombre en mago, Novalis lo descubre en la poesía, un grado por encima de la filosofía, ya que el poeta es capaz de traducir en sentimientos lo que el filósofo sólo logra pensar, y con este sentir moral es capaz de obrar milagros, pues  conoce mejor que el sabio la correspondencia entre su espíritu y la naturaleza, pudiendo restablecer así la salud que ha ido perdiendo al romperse la armonía entre ambos mundos. (La traducción de los poemas al castellano se le debe a Jenaro Talens y Ernst-Edmund Keil)

I

Qué ser entre los vivos

Dotado de sensibilidad

Ante los cuadros prodigiosos

Que el espacio le muestra

Alrededor, no ama

La gratísima luz-.

Con su rayos, sus ondas,

Sus colores

Su omnipresencia dulce

A lo largo del día.

Como si fuera el alma

Más honda de la vida

La aspira en un mundo gigantesco

De infatigables astros

Que sobrenadan en su mar azul;

La fulgurante piedra

Y la planta tranquila;

Y la fuerza agitada,

Multiforme,

De los animales;

Y las nubes y el aire

Multicolor la aspiran

Y el soberbio extranjero

Sobre todo,

El de la mirada honda,

Y el andar fluctuante;

El de la boca grávida de música.

Como reina

De la naturaleza terrenal

Invita a la energía

A innúmeras metamorfosis

Y su presencia sola

Revela el esplendor maravilloso

Del reino de la tierra.

Yo, sin embargo, vuelvo

Hacia la misteriosa, inexpresable

Noche sagrada.

Muy lejos queda el mundo

Como si sepultado en honda fosa.

¡Cuán solitario su lugar

Y cuán desierto!

Honda melancolía

Hace sonar las cuerdas del corazón.

Los recuerdos lejanos,

Ansias de juventud,

Sueños de la niñez.

Los breve goces,

Las ilusiones vanas,

Toda una larga vida

Aparece con vestiduras grises,

Cuando ya el sol inicia

Su desaparición,

Como una niebla en el atardecer.

Muy lejos queda el mundo,

Sus revueltos placeres.

Es espacios distintos

Ha elevado la luz

Sus agradables carpas.

¿Tal vez no debería

Regresar a sus hijos

Fieles, a sus jardines,

A su mansión espléndida?

¿Qué es lo que surge, sin embargo,

Tan frío y delicioso,

Como un presentimiento

De bajo el corazón

Y sorbe el aire blando

De la melancolía?

¿Acaso también tienes

Un corazón humano,

Oscura noche?

¿Qué guardas

Debajo de tu manto

Que poderoso e invisible

Solicita mi alma?

Terrible eres tan sólo en apariencia-

Un bálsamo precioso

Gotea de tu mano,

Del racimo de las adormideras.

Con dulce embriaguez abres

Las fatigosas alas del espíritu

Y os das alegrías

Oscuras e indecibles,

Secretas, como tu,

Alegrías que dejan

Entrever todo un cielo.

¡Cuán pobre me parece la luz,

Sus cosas de colores,

Cuán pobre y cuán pueril,

Y cuán grata y dichosa

La partida del día!

Y solamente porque

A tus siervos la noche

Los aleja de ti

Siembras en el espacio,

Allá en la lejanía,

Las radiantes esferas,

Para anunciar tu poderío,

Tu seguro retorno

Mientras dura tu ausencia.

Pero más celestiales

Que las estrellas, que en la lejanía

Resplandecen,

Son los inmensos ojos que en nosotros

Abrió la noche.

Mucho más lejos ven

Que las macilentas

Entre la hueste innumerable.

Sin necesidad de la luz

Penetran en las profundidades

De un espíritu amante

Colmando así un espacio superior

Con placer indecible.

Loada sea la reina del Universo

La alta anunciadora

De un mundo que es sagrado,

La protectora del amor

Dichoso.

A mí vienes, amada-

Ya es de noche-

Extasiado mi espíritu-

Ya ha terminado el día terrenal

Y vuelves a ser mía.

Te miro en tus profundos ojos negros

Y nada veo, sino amor y gozo.

Sobre el altar nocturno zozobramos,

Sobre este blando lecho-

Los velos caen, e inflamado

Por el cálido tacto

El puro ardor se enciende

Del dulce sacrificio.

 

I

Welcher Lebendige

Sinnbegabte

Liebt nicht vor allen

Wundererscheinungen

Des verbreitetern Raums um ihn

Das allerfreuliche Licht-

Mit sinem Strahlen und wogen,

Seinen Farben,

Seiner milden Allgegenwart

Im Tage.

Wie des lebens

Innerste Seele

Atmet es die Riesenuwelt

Der rastlosen Gestirne,

Die in seinem blawen Meere schwimmen.

Atmet es der funkelnde Stein,

Die rubige Pflanze

Und der Tiere

Vielgestaltete,

Immerbewegte Kraft-

Atmen es vielfarbige

Wolken und Lüfte

Und vor allen

Die herrlichen Fremdlinge

Mit den sinnvollen Augen,

Derm schwebenden Gange

Und derm tönendem Munde.

Wie ein König

Der irdischen Natur

Ruft es jede Kraft

Zu zahllosen Verwandlungen

Und sein Gegenwart allein

Offenbart die wunderherrlichkeit

Des irdischen Reichs.

Abwärts wend ich ich

Zu der heiligen, unaussprechlichen

Geheimnisvollen Nacht-

Fernab liegt die Welt

Wie wurst und einsam

Ihre Stelle!

Tiefe Wehmut

Wht in den Saiten der Brust.

Fernen der Erinerung,

Wunsche der Jugend,

Der kindheit Träume,

Des ganzen langen lebens

Kurze Freuden

Und vergebliche Hoffungen

Kommen in grauen Kleidern,

Wie Abendnebel

Nach der Sonne

Untergang

Fernab liegt die welt

Mit ihren bunten Genüssen.

In andern Räumen

Schlug das Licht auf

Die lustigen Gezelte.

Solt es nie wiederkommen

Zu seinen trewen Kindern,

Seinen Gärten

In sein herrliches Haus?

Doch was quillt

So kühl und erquichlich

So ahndungvoll

Unterm herzen

Und werschlucht

Der wehmut weiche Luft?

Hast auch du

Ein menschliches herz,

Dunkle Nacht?

Was hältst du

Unter deinem Mantel,

Das mir unsichtbar kräftig

An die Seele geht?

Du scheinst nur furchtbar-

Köstlicher Balsam

Träuft aus deiner Hand,

Aus dem Bündel Mohn.

In süβer trankenheit

Entfaltest du die schweren Flügel des Demüts.

Und schenkst uns Freuden

Dunkel und unaussprendclich,

Heimilich, wie du selbst bist,

Freuden, die uns

Einen Himmel ahnden Lassen.

Wie arm und kindlich

Dünkt mir das Licht,

Mit seinen bunten Dingen,

Wie erfreulich und gesegnet

Des tages abschied.

Also nur darum,

Weil die Nacht dir

Abwendig macht die Dienenden,

Saetest du

In des Raumes Weiten

Die leuchtenden Kugeln,

Zu verkünderi deine Allmacht,

Deine Wiederkebr

In den Zeiten deiner Entfernung

Himmlischer als jene blitzenden Sterne

In jenen Weiten

Dünken uns die unendlichen Augen,

Die die Nacht

In uns geöffnet.

Weiter sehn sie

Als die blässesten

Jener zahllosen Heere.

Unbedürftig des Lichts

Durchschaun sie die Tiefen

Eines liebenden Germüts,

Was einen höhern Raum

Mit unsäglicher Wollust füllt.

Preis der Weltkönigin,

Oer hohen Verkündigerin

Heiliger Welt,

Der Pflegerin

Seliger Liebe.

Du Kommst, Geliebte.-

Die Nacht ist da-

Entzückt ist meine Seele-

VorÚber ist der irdische Tag

Und du bist wieder mein.

Ich schaue dir ins tiefe dunkle Auge

Sehe nichts als Lie bund Seligkeit.

Wir sinken auf der Nacht Altar

Aufs weiche Lager-

Die Hülle fallt.

Und angezündet von dem warmen Druck

Entglüht des süβen Opfers

Reine Glut.

 

 

II

¿Ha de volver siempre la mañana?

¿El poder de la tierra nunca terminará?

¿Habrá de consumir una solicitud funesta

La noche aterrizando celestial?

¿No arderá eternamente el sacrificio

Secreto del amor?

Adjudicada fue a la luz

Su duración,

Igual que a la vigilia,

Pero es intemporal el reino de la noche

Y eterna es la duración del sueño.

¡Sueño sagrado!

Haz feliz a menudo

A quienes a la noche se consagran-

En esta jornada terrenal.

Sólo el necio te ignora,

No sabe de otro sueño

Que la sombra

Con la que, compasiva, nos recubres

En este atardecer

De la auténtica noche.

No te siente

En el caudal dorado de las uvas

Ni en el aceite milagroso

Del almendro,

Ni en la savia oscura de las amapolas.

No sabe que eres tú

Quien flota en derredor sobre los pechos

De la tierna doncella, transformando

En cielo su regazo-

Ni siquiera sospecha

Que llegas a nosotros

Desde antiguas leyendas

Como quien abre un cielo

Y que traes la llave

Del lugar donde habitan los bienaventurados,

Callado mensajero

De misterios sin fin.

 

II

Muss immer der Morgen wiederkommen?

Endet nie des Irdischen Gewalt?

Unselige Geschäftigkeit verzebrt

Den himmalischen Anflug der Nacht?4Wind nie der Liebe geheimes Opfer

Ewig brennen?

Zugemessen Ward

Dem Lichte seine Zeit

Und dem Wachem-

Aber zeitlos ist der Nacht Herrschaft,

Ewig ist die Dauer des Schlafs.

Heiliger Schlaff

Beglücke zu selten nicht

Der Nacht Geweiht-

In diesem indischen Tagwerk.

Nar die Torren verkennen dich

Und wissen von keinem Schlafe

Als den Schattten,

Den du mitleidig auf uns wirfst

In jener Dämmrung

Der wahrhaften Nacht,

Sie fühlen dich nicht

In der’goldnen Flut der Trauben,

In des Madelbaums

Wanderöl

Und dem braunen Safte des Mohns

Sie wissen nicht,

Daβ du es bist,

Der des zarten Mädchens

Busen umschwebt

Und zum Himmel den Schoβ macht-

Ahnden nicht,

Daβ aus alten Geschichten

Du himmelöffnend entgegentrittst

Und den schlüssel trägst

Zu den Wohnungen der Seligen,

Unendlicher Geheimnisse

Schweigender Bote.

 

 

III

Una vez,

Cuando vertía lágrimas amargas,

Desvanecida mi esperanza

Y disuelta en dolor,

Y solitario estaba

Junto al árido túmulo

Que, en la estrecha oscuridad de un hueco,

Sepultaba la forma de mi vida,

Solitario

Como jamás lo estuvo un solitario,

Abrumado por la angustia indecible,

Sin fuerzas, reducido

Al solo pensamiento de mi desventura:

Cuando buscaba auxilio alrededor

Sin avance posible

Ni posibilidad de retroceso,

Aferrándome con nostalgia infinita

A una vida ya fugaz y apagada:

De la azul lejanía,

Desde la cimas de mi antigua dicha

Un estremecimiento

Sobrevino al crepúsculo

Y se rompió de pronto

El vínculo natal,

La cadena de la luz.

Huyó lejos el resplandor terrestre

Y mi duelo

Con él.

Fluyó conmigo la melancolía

En un mundo nuevo e insondable,

Tú, éxtasis nocturno,

Somnolencia del cielo

Caíste sobre mí.

Levemente se elevó el terreno;

Sobre el terreno

Flotaba, libre ya,

Mi renacido espíritu.

El túmulo era ahora polvareda,

Contemplé a través suyo

Los transfigurados rasgos de la amada.

En sus ojos reposaba la eternidad;

Tomé sus manos y las lágrimas

Se convirtieron en collar brillante

E irrompible.

Los años descendieron a millones

Como una tempestad que se alejara.

Abrazado a su cuello

Lloré a la nueva vida

Lágrimas de arrebato.

Fue la primera vez que soñaba contigo.

Y mi sueño pasó

Permaneciendo su reflejo,

La eterna,

Inquebrantable fe

En el cielo nocturno

Y en su sol,

Que es la amada.

 

III

Einst,

Da ich bittre Tränen vergoβ,

Da in Schmerz

Aufgelöst meine Hoffnung Zerrann

Und ich einsam stand

Am dürren Hügel,

Der im engen, dunkeln Raum

Die Gestalt meines Lebens begrub;

Einsam,

Wie noch kein Einsamer war,

Von unsäglicher Angst getrieben,

Krafilos,

Nar ein Gedanken des Elends noch:

Wie ich da nach Hülfe

Umberschaute

Vorwäarts nicht konnte

Und am fliebenden, verlöschten Leben

Mit unendlicher Sehnsucht hing:

Da kam aus blauen Fernen,

Von den Höhen meiner alten Seligkeit

Ein Dämmrungsschauer,

Und mit einem Male

Riβ das Band der Geburt,

Des Lichtes Fessel.

Hin floh die indische Herrlichkeit,

Und meine Trauer

Mit ihr.

Zusammen floβ die Wehmut

In eine neue, unergründliche Welt;

Du, Nachtbegeisterung,

Schlummer des Himmels,

Kamst über mich:

Die Gegend hob sich sacht empor;

Über der Gegend

Schwebte

Mein entbundner, neugeborner Geist.

Zur Staubwolke wurde der Hügel,

Und durch die Wolke sah ich

Die verklärten Züge der Geliebten.

In ibren Augen

Ruhte die Ewigkeit;

Ich faβte ihre Hände,

Und die Tränen wurden ein funkelndes,

Unzerreiβliches Band.

Jabrtausende zegen abwärts in die Ferne

Wie Ungewitter.

An ihrem Halse weint ich

Dem neuen Leben

Entzückende Tränen.

Das war der erste

Traum in dir.

Er zog vorüber.

Aber sein abglanz blieb,

Der ewige,

Unerschütterliche Glauben

An den Nachthimmel

Und seine Sonne,

Die Geliebte.

 

 

IV

Ahora sé

Cuándo será la última mañana,

Cuándo la luz

Dejará de ahuyentar el amor y la noche,

Cuándo la somnolencia será eterna,

Únicamente un sueño inagotable.

Un celestial cansancio

Que nunca me abandonaré de nuevo.

Largo y fatigoso fue el camino

De la tumba sagrada,

Y pesada la cruz.

Aquél cuya boca alguna vez

Humedeció la ola cristalina

La que invisible a los sentidos brota

En el oscuro seno de este túmulo,

A cuyo pie se quiebra la marea

Terrestre, aquél que erguido

Sobre la misma cima

Fronteriza del mundo

Miró al nuevo país,

A la morada de la noche,

Nunca más volverá

Al tumulto mundano

Al lugar en que habita

Una inquietud constante

Donde reina la luz.

Levanta en lo alto

Sus cabañas de paz

Allí se añora

Y ama,

Mira luego hacia allí

Hasta que la más esperada de las horas

Le empuja a las profundidades

De la fuente.

Es entonces cuando

Todo sobrenada lo terrenal,

Y desde las alturas

Se le purifica.

Más lo que fue santificado

Al roce del amor

Por galerías secretas

Corre disuelto a la región contigua

En donde como nube

Con sus muertos amados se entremezcla.

 

IV

Nun weiss ich,

Wenn der letzte  Morgen sein wird,

Wenn das Licht

Nicht mehr die Nacht und die Liebe scheucht,

Wenn der Schlummer ewig

Und nur ein unerschöpflicher Traum sein wird.

Himmlische Müdigkell

Verläβt mich nun nicht wieder.

Weit und mühsam

War der Weg zum heiligen Grabe,

Und ds Kreuz war schwer.

Wessen Mund einmal

Die Kristallene Woge netze, die,

Gemeinen Sinnen unsichtbar,

Quillt in des Hügels dunkelm Schoβ,

And desen Fuβ

Die irdische Flut bricht,

Wer oven stand

Auf diesem Grenzgebürge der Welt

Und hinübersah in das neue Land,

In der nacht wohnsitz,

Wahrlich, der Kehrt nicht

In das Treiben der Welt zurück,

In das Land,

Wo das Licht regiert

Und ewige Unruh haust.

Oben baut er sich Hütten.

Hütten des Friedens,

Sehnt sich

Und liebt,

Schaut hinüber,

Bis die willkommenste alter Stunden

Hinunter ihn in den Brunnen der Quelle zieht.

Alles Irdische

Schwimmt obenauf

Und wird von der Höhe

Hinabgespült.

Aber was hellig Ward

Durch der Liebe Berühurung.

Rinnt aufgelöst in verbogenen Gängen

Auf das jenseitige Gebiet,

Wo es,

Wie Wolken,

Sich mit entschlummerten Lieben mischt.

 

 

V

Aún incitas,

Vívida luz,

El agotado cuerpo a la tarea-

Me infundes alegría, también vida,

Pero no me distraes

Del símbolo musgoso

De mis evocaciones.

Con gusto moveré

Mis manos laboriosas,

Y he de mirar allí

Donde me necesitas,

Alabaré

La majestuosidad de tu fulgor,

Incansable, siguiendo

El hermoso conjunto de tu obra,

Su artificiosidad,

Observaré

La inteligente marcha

De tu grandioso y lúcido

Reloj,

Sondearé con gusto

Dentro del equilibrio de las fuerzas

Y las reglas del juego,

Maravilloso juego,

De los innúmeros espacios

Y de su tiempo innumerable.

Pero fiel permanece

Mi corazón más íntimo

A la noche y su hija,

El amor creador.

¿Podrás quizá mostrarme

Un corazón eternamente fiel?

¿Tendrá acaso tu sol

Unos ojos amigos

Para reconocerme?

¿Tomarán tus estrellas

Mi ansiosa mano?

¿Me podrán devolver

El dulce abrazo?

¿Fuiste quien la adornó

Con colores

Y con leves contornos?

¿O fue ella tal vez

La que dio a tus adornos

Una más alta y grata significación?

¿Qué placer,

Que delicia

Ofrece tu vivir

Para contrapesar

Los arrebatos de la muerte?

¿Acaso todo cuanto nos exalta

No lo posee ya

El color de la noche?

Ella te guía como madre

Y es a ella a quien debes

Tu grandeza.

En ti misma

Te disiparías

Desvaneciéndote

En los espacios infinitos

Si no te contuviera

Y te atare

Para que te encendieses

Y al arder

Engendraras el mundo.

Yo fui antes que tú.

La madre me envió

Al lado de los míos

Para habitar tu mundo

Y así santificarlo

Con amor.

Para otorgar sentido,

Un humano sentido,

A lo que tú creaste.

No han madurado aún

Esos divinos pensamientos

Y pocas son las huellas

De que estamos presentes.

Un día tu reloj

Ha de marcar

El final de los tiempos,

Cuando ya seas

Como uno de nosotros

Y, llena de nostalgia,

Te extingas y hayas muerto.

Siento dentro de mí

El fin de todo quehacer,

Celeste libertad,

Un dichoso retorno,

En mi dolor punzante

Percibo tu distancia

De nuestro mutuo hogar,

Tu resistencia

Hacia el antiguo cielo

Fastuoso.

En balde tu furor,

Tu delirio.

Se alza la cruz,

Indestructible,

Enseña victoriosa

De toda nuestra estirpe.

Hacía allá peregrino,

Que algún día serán

Todos los sufrimientos

Aguijón de placer.

Un poco tiempo aún

Y seré libre al fin,

Podré reposar, ebrio,

En el regazo del amor.

Una vida infinita

Me recubre,

Desde su altura estoy

Observándote. Veo

Cómo se extingue

Tu brillo en la colina,

Mientras las sombras traen

Una fresca corona.

Aspira, amado aspira,

Aspírame con fuerza

Para que pueda pronto

Dormir eternamente.

Siento en mí el oleaje

Con que la muerte nos rejuvenece

Y aguardo con valor

Entre las tempestades de la vida.

 

V

Noch weckst du,

Muntres Licht,

Den Müden zur Arbeit-

Flöβest fröhliches Leben mire in.

Aber du lockst mich

Von der Erinnerung

Moosigem Denkmal nicht.

Gern will ich

Die fleiβigen Hände rühren,

Überal umschaun,

Wo du mich brauchst,

Rühmen deines Glanzes

Volle Pracht,

Unverdrossen verflogen

Den schönen Zusammenhang

Deines künstlichem Werks,

Gern Betrachten

Den sinnvollen Gang

Deiner geuvaltigen

Leuchtenden Uhr,

Ergründen der Kräfte

Ebenmaβ

Und die Regeln

Des wunderspiels

Unzähliger Räume

Und ihrer Zeiten

Aber getreu der Nacht

Bleibt mein geheimes Herz

Und ihrer Tochter,

Der schaffenden Liebe.

Kannust du mir zeigen

Ein ewig treues Herz?

Hat deine Sonne

Freundliche, Augen,

Die mich erkennen?

Fassen deine Sterne

Meine verlangende Hand?

Geben mir wieder

Den zärlichen Druck?

Hast du mit Farben

Und leichtem Umriβ

Sie geschmückt?

Oder war sie es,

Die deinem Schmuck

Höhere, liebere Bedeutung geb?

Welche Wollust

Welchen Genuβ

Bietet dein Leben,

Die aufvögen

Des todes entzückungen!

Trägt nicht alles,

Was uns begeistert,

Die Farbe Der Nacht-

Sie trägt dich mütterlich,

Und ihr verdankst du

All deine Herrlichkeit.

Du verflögest

In dir selbst,

In endosen Raumbewohnen deine Welt

Und zu hiligen sie

Mit Liebe.

Zu geben

Menschlichen Sinn

Deinen Schöpfungen.

Noch reiften sie nicht,

Zergingest du,

Wenn sie dich nicht hielte-

Dich nicht bände,

Daβ du warm wündes

Und flammend

Die Welt zeugtest

Wahrlich, ich war eg du warst.

Mit meinem, geschlecht

Schickte die Mutter mich,

Zu beowhnen deine Welt

Und zu heiligen sie

Mit Liebe.

Zu geben

Menschlichen Sinn

Deinen Schöpfungen.

Noch reiften sie nicht,

Diese Göttlichen Gedanken.

Noch sind der Spuren

Unsrer Gegenwart

Wenig.

Einst Zeigt deine Uhr

Das Ende der Zeit

Wenn du wirst

Wie unsereiner

Und voll Sehnsucht

Auslöschest und stirbst.

In mir fühl ich

Der Geschäftigkeit Ende,

Himmlische Freiheit,

Selige Rückkehr,

In wilden Schmerzen

Erkenn ich deine Entfernung

Von unsrer Heimat,

Deinen Widerstand

Gegen alen altern.

Herrlichen Himmel.

Umsonst ist deine Wut,

Dein Toben.

Unverbrennlich

Steht das Dreuz,

Eine Siegesfahne

Unsres Geschlechts.

Hinüber Wall ich,

Und jede Pein

Wird einst ein Stachel

Der Wollust sein.

Noch wenig Zeiten,

So bin ich los

Und liege trunken

Der Lieb’im Schhoβ

Unendliches Leben

Kommt über mich,

Ich sebe von oven

Herunter auf dich.

An jenem Hügel

Verlischt dein Glanz,

Ein Schatten bringet

Den Kühlen Kranz.

O! sauge, Geliebter,

Gewaltig micha n,

Daβ ich bald weig

Entschlummern kann.

Ich fühle des Todes

Verjüngende Flut,

Und harr in den Stürmen

Des Lebens voll Mut.

 

 

 

VI

Reinaba en otro tiempo

Con un sordo poder

Sobre las muy dispersas razas

De los hombres

Un destino de hierro.

Una plomiza venda,

Oscura, comprimía

Su espíritu

Angustiado.

La tierra era infinita,

Morada de los dioses,

Su patria

Rica en joyas

Y milagros espléndidos.

Desde la eternidad su arquitectura

Se alzaba misteriosa.

Sobre los azulados montes

Del amanecer,

En el sagrado seno

De la mar habitaba

El sol,

La vivaz y la siempre

Esplendorosa luz.

Un antiguo gigante soportaba el feliz universo.

Recluidos  bajo las montañas

Los primogénitos yacían,

Los de la madre tierra.

Impotente su furia destructora

Ante la nueva y fastuosa

Estirpe de los dioses.

También ante los hombres

Amigos

Y llenos de alborozo.

La azul profundidad

Oscura de océano

Era el regazo de una diosa.

Celestes grupos habitaban

En medio de alegría

Las grutas de cristal.

Los ríos y los árboles,

Animales y flores

Poseían un sentimiento humano,

Era más dulce el vino,

Porque quien a los hombres

Servía era la flor

De la divina juventud- las grávidas gavillas

De áureos cereales

Eran un don divino.

Los ebrios goces del amor

Un dulce oficio

De la belleza celestial.

Así la vida era

Una fiesta continua

De dioses y de hombres.

Y todas las estirpes

Ingenuamente veneraban

La llama frágil y preciosa

Como lo más sublime de la tierra.

Tan sólo había un pensamiento:

 

Que de modo terrible abordaba el alegre festín

Infundiendo en las almas el pavor.

Ni siquiera los dioses conocían

Cómo llenar el alma de consuelo,

Misteriosa la senda que llevaba a este maligno ser

Ni súplicas ni ofrendas su furor apagaban-.

Irrumpía la muerte en el banquete

Y sembraba la angustia y el dolor y el llanto.

 

Alejado por siempre de todo cuanto mueve

Con un dulce deleite el corazón-

Lejos de los que amaba, presos en este mundo

De la vana nostalgia de un largo lamento-

Fue todo para el muerto un sueño extinto

Sólo una pugna inútil fue su estrella.

Y así vino el placer a quebrantar sus olas

Al chocar con las rocas de un despecho infinito.

 

Con espíritu osado y un ardor sensual

El hombre embelleció la oruga gris-

Descansa un joven pálido tras apagar la luz-

Dulce será el final como el plañir de un arpa-.

En la fresca marea de las sombras se diluye el recuerdo

Así canto la poesía la melancólica necesidad.

Pero la eterna noche seguía indescifrada,

Como el símbolo tétrico de un remoto poder.

 

Declinó el viejo mundo.

Y el dichoso jardín

De la estirpe más joven

Se marchitó,

Los hombres

Adultos y precoces

Anhelaron

Un espacio más libre.

Los dioses desaparecieron,

Sin vida la naturaleza,

Exánime quedó

Y en abandono

Ante el rigor numérico

Y la férrea cadena.

Se elevaron leyes

Y la inconmensurable floración

De la múltiple vida

Se deshojó en conceptos

Como si viento y polvo.

Huyó la fe,

La todopoderosa,

Y su celeste compañera,

La imaginación

Que todo lo transforma

Y fraterniza.

Desde el norte

Un viento frío y áspero sopló

Sobre los campos gélidos

Y la maravillosa patria

Se disipó en el éter,

Y la infinita lejanía

Del cielo

Llena quedó de mundos que brillaban.

Entró el espíritu del mundo

Con todas sus potencias

En un santuario más hondo,

En un espacio superior del alma

Para reinar allí

Hasta el amanecer

Del nuevo día

El más alto esplendor de la tierra.

Dejó de ser la luz

Morada de los dioses

Y su signo celeste-

Recubriéndose ellos

Con el velo nocturno.

Se convirtió la noche

En el fecundo seno

De las revelaciones,

En medio de los hombres.

Entre el pueblo,

Que, despreciado de todos

Y prematuramente

Madurado,

De la dichosa inocencia juvenil

Se había enajenado retador,

Apareció un mundo nuevo

Con rostro jamás visto,

En la cabaña milagrosa

De la pobreza-

Hijo de la primera virgen y madre-

Fruto infinito

De un misterioso abrazo.

Fue la sabiduría

Próspera, la intuición

Del Oriente

Quienes reconocieron `por primera vez

Que un nuevo tiempo comenzaba.

Una estrella señaló el camino

Hacia la humilde cuna

Del rey.

En el nombre de un vasto porvenir

Se le rindió homenaje

Con brillos y perfumes,

Las maravillosas máximas de la naturaleza.

Sólo se desplegó

El corazón divino

En el ardiente seno

Del amor,

Vuelto a la faz augusta de su padre-

Reposando en el pecho de la madre,

Llena de gracia, que colman las premoniciones.

Con un fervor deífico

La mirada profética

Del niño floreciente

Contemplaba los días venideros

Y a sus amados, vástagos

De un divino linaje,

Despreocupándose del sino terrestre de sus días.

Pronto se reunieron a su alrededor

Las almas más ingenuas,

Enajenadas milagrosamente

Por un amor profundo y todopoderoso.

Como una flor brotó

Nueva remota vida

En contacto con él-

Inagotables, las palabras,

La más alegre de las nuevas

Cayeron como chispas

De espíritu divino

De sus labios amables.

De lejanas orillas,

Nacido bajo el cielo

Sereno de la Hélade

Un cantor arribó

A Palestina

Para ofrendar su corazón entero

Al niño prodigioso:

 

Eres el joven que desde hace tiempo

Hondamente medita sobre nuestras tumbas-

Signo consolador en medio de tinieblas

Feliz principio de una más alta humanidad.

Lo que en honda tristeza nos sumió

Lejos nos lleva ahora con un anhelo dulce.

La muerte reveló la vida eterna-

Tú eres la muerte y tú nos curarás.

 

El cantor se marchó

Rebosante de gozo

Camino de Indostán

Lleno de amor eterno

El corazón,

Y lo desahogaba

Con himnos tan fervientes

Bajo unos cielos tan benevolentes

Que más íntimamente

Se aproximan a tierra,

Que hacia él se inclinaban

Miles de corazones,

De suerte que la buena nueva

Como un árbol creció de muchas ramas.

Pero apenas el cantor hubo partido

Cuando aquella preciosa

Vida víctima fue

De la honda ruina humana-

Murió, con juventud

arrancado

de la tierra que amaba,

de su llorosa madre

y sus amigos.

Sus dulces labios apuraron

El cáliz sombrío

Del indecible sufrimiento,

Con una angustia atroz,

Se le acercó la hora de alumbrar

Un mundo nuevo.

Duramente luchó con el espectro de la muerte antigua,

La carga del viejo mundo pesaba sobre él,

Una vez más volvió a su madre una mirada afable-

Luego la luz eterna puso en él

Su mano redentora-

Y se murió.

Durante algunos días

Pendió un velo sombrío

Sobre el rugiente mar, sobre los tenebrosos campos

Que se estremecían, y derramaban los amantes

Infinidad de lágrimas.

Rompióse el sello del misterio

Cuando elevaron los sagrados espíritus

De su sombría tumba

La antiquísima losa-.

Al lado del durmiente se posaban los ángeles

Como un símbolo dulce

De algún hermoso sueño.

Resucitado, a las alturas

Del mundo que nacía, comenzó a ascender

Con divino esplendor,

Al tiempo que con su propia mano sepultaba

En la fosa vacía

El viejo mundo fallecido con él

Y con enorme fuerza nuevamente

Colocaba la piedra que nadie ya podría levantar.

 

Tus amados

Junto a tu sepulcro

Siguen vertiendo aún

Lágrimas de emoción

Y de infinita gratitud

Al tiempo que contemplan

Dichosamente conmovidos

Cómo resucitas y contigo

Ellos también-

Cómo con un fervor enternecido

Lloras sobre el bendito pecho

De tu madre,

Sobre el fiel corazón

De tus amigos-

Cómo, ansioso, te echas

En brazos de tu padre

Trayéndole la joven e inocente

Humanidad,

La copa inagotable

Del áureo porvenir.

Muy pronto te siguió la madre

En celestial triunfo-

Fue la primera

Que en el nuevo mundo

Estuvo contigo.

Largo tiempo ha pasado

Desde entonces

Y con un brillo cada vez más vivo

Se desplegó tu nueva creación

Y a miles te siguieron,

Atormentados y anhelantes,

Apenados y fieles,

Llenos de fe

Y allí imperan contigo

Y la virgen celeste

En el reino del amor, sirviendo

En el templo

De la muerte divina.

 

Se levantó la piedra

resucitó la humanidad.

Tuyos seremos siempre

Libres de todo lazo.

Huye amarga zozobra

Ante tu copa áurea

Cuando en la última cena

Se alejan mundo y vida.

 

Llama la muerte a bodas.

Vivas arden las lámparas,

Presentes las doncellas,

El aceite no falta.

¡Ah, si el remoto eco

Del cortejo se oyera,

Y los astros llamaran

Con son y voz humana!

 

Se alzan a ti, María,

Miles de corazones

Que en esta vida en sombras

Sólo a ti te anhelaron.

Llenos de gozo y ansia

La salvación aguardan

Cuando tú, santo ser,

Contra ti les abraces.

 

Los que un dolor amargo

Consumió con su fuego,

Los que huyeron del mundo

Por contemplarte sólo,

Los que ayuda prestaron

Entre tanto dolor,

Con ellos viviremos

Toda la eternidad.

 

No llora de dolor

Sobre las tumbas quien

Amando cree. Nadie

Le arrebata el amor.

Su corazón lo guardan

Hijos del cielo, y para aplacar su ansiedad

La noche le enardece.

 

Esta vida transcurre

Hacia otra eterna ya.

Con un íntimo ardor

Se transfigura el alma.

Las estrellas devienen

Un vivo vino áureo,

Que habremos de beber

Cambiados en estrellas.

 

El amor es ya libre

Ya no hay separación.

La plena vida ondea

Como en un mar sin límites-

De una noche de gozo

Un eterno poema-

Que nuestro sol reside

En el rostro de Dios.

 

 

Über der Menschen

VI

Witverbreitete Stämme

Herrschte vor Zeiten

Ein eisernes Schicksal

Mit stummer Gewalt.

Eine dunkle

Schwere Binde

Lag um ihre

Bange Seele.

Unendlich war die Ende.

Der Götter Aufenthalt

Und ihre Heimat

Reich an Kleinoden

Und herrlichen Wundern.

Seit Ewigkeiten

Stand ihr geheimnisvcller Bau.

Über des Morgens

Blauen Bergen

In des Meeres

Heiligen Schoβ

Wohnte die Sonne,

Das allzÜndende

Lebendige Licht.

Ein alter Riese

Trug die selige Welt.

Fest unter Bergen

Lagen die Ursöhne

Der Mutter Ende-

Ohmmäching

In ibrer zerstörenden Wut

Gegen das neue

Herrliche Göttergeschlecht

Und die befreundeten

Fröhlichen Menschen.

Des Meeres dunkle

Blaue Tiefe

War einer Göttin Schoβ.

Himmlische Scharen

Wohnten in fröhliche Lust

In den kristallenen Grotten

Flüsse und Bäume.

Blumen und Tiere

Hatten menschlichen Sinn,

Süβer schmeckte der Wein,

Weil ihn blühende Götterjugend

Den Menschen gab-

Des golnen Korns

Volle Garben

Waren eiin göttliches Gescenk.

Der Liebe trunkne Freuden

Ein hiliger Dienst

Der himmlischen Schönheit.

So war das Leben

Ein euriges Fest

Der Götter und Menschen.

Und kindlich verehrten

Alle Geschlechter

Die zarte, köstliche Flamme

Als das Höchste der Welt.

Nar ein Gedanke wars.

 

Der furchtbar zu den frohen Tischen trat

Und das Gemüt in Wilde Schrecken hüllte

Hier wuβten selbst die Götter keinen Rat,

Der das Gemüt mit süβen Troste füllte,

Geheimnisvoll war dieses Unholds Pfad,

Des Wut kein Flehn und keine Gabe stillte-

Es war der Tod, der dieses Lustgelag

Mit Angst und Schmerz und Tränen unterbrach.

 

Auf ewig nun von allem abgeschieden,

Was hier das Herz in süβer Wollust regt-

Getrennt von den Gelliebten, die hinieden

Vergebne Sehnsucht, Langes Web beuegt-

Schien nur dem Toten matter Traum beschieden,

Ohmmächtiges Ringen nur ihm auferlegt.

Zerbrochen war die Woge des Genusses

Am Felsen des unendlichen Verdrusses.

 

Mit künem Geist und hoher Sinnenglut

Verschönte sich der Mensch die grause Larve-

Ein blasser Jüngling löscht das Licht und ruht-

Sanft ist das Ende, wie ein Wehn der Harfe-

Erinnerung schmilzt in külher Schattenflut,

Die Dichtung sang dem traurigen Bedarfel

Doch unenträtselt bielb die ewge Nacht,

Das ernste Zeichen einer fernen Macht.

 

Zu Ende neigte

Die Alte Welt sich

Der lustige Garten

Des jungen Geschlechts

Verwelkte,

Und hinaus

In den freieren Raum

Strebten die eruachsenen

Unkindlichen Menschen.

Verschwunden waren die Götter,

Einsam und leblos

Stand die Natur,

Entseelt vor der strengen Zahl

Und der eisernen kette.

Gesetze wurden,

Und in Begriffe

Wie in Staub und Lüfte

Zerfiel die unermeβliche Blüte

Des tausendfachen Lebens.

Entflohn war

Der allmächtige Glauben

Und die allverwandelnde

Himmelsgenossin,

Die Fantasie.

Unfreundlich blies

Ein kalter Nordwind

Über die erstarrte Flur,

Und die Wunderheimat

Verglog in dem Aether,

Und des Himmels

Unendliche Fernen

Fülten mit leuchtenden Welten sich.

Ins tiefere Heiligtum,

In des Gemüts höhern Raum

Zog die Seele der Welt

Mit ihren Mächten,

Zu walten dort

Bis zum Anbruch

Des neuen Tags,

Der höhern Weltherrlichkeit.

Nicht mehr war das Licht

Der Götter Aufenthalt

Und himmlisches Zeichen-

Den Schleier der Nacht

Warfen sie über sich,

Die Nacht Ward

Der Offenbarungen

Fruchtbarer Schoβ.

Mitten unter den Menschen.

Im Volk, das vor allen

Verachtet,

Zu früh reif

Und der seligen Unschuld

Der Jugend

Trotzig fremd geworden war,

Erschien die neue Welt

Mit niegesehnem Angesicht-

In der Armut

Wunderbarer Hütte-

Ein Sohn der ersten Jungfrau und Mutter-

Geheimnisvoller Umarmung

Unendliche Frucht.

Des Morgenlands

Ahndende, blütenreiche

Weisheit

Erkannte zuerst

Der neuen Zeit Beginn.

Ein Stern wies ihr den Weg

Zu des Königs

Demütiger Wiege.

In der weiten Zukunft Namen

Huldigte sie ihm

Mit Glanz und duft,

Den Höchsten Wundern der Natur,

Einssam entfaltete

Das himmlische Herz sich

Zu der Liebe

Glühendem Schoβ,

Des Veters hohem Antlitz zugewandt-

Und ruhend an dem ahndungsselgen Busen

Der lieblichernsten Mutter.

Mit vergötternder Inbrunst

Schaute das weissagende Auge

Des blühenden Kindes

Auf die Tage der Zukunft,

Nach seinen Geliebten,

Den Sprossen seines Götterstamms,

Unbekümmert über seiner Tage

Indisches Schicksal.

Bald sammelten die kindlllischsten Gemüter,

Von allmächtiger Liebe

Wundersam ergriffen,

Sich um ihn her.

Wie Blumen keimte

Ein neues fremdes Leben

In seiner Nähe-

Unerschöpfliche Worte

Und der Botschaften fröhlichste

Fielen Wie Funken

Eines göttlichen Gelstes

Von seinen freundlichen Lippen.

Von fermer Küste

Unter Hellas

Heiterm Himmel geboren

Kam ein Sänger

Nach Palästina

Und ergab sein ganzes Herz

Dem Wunderkinde:

 

Der Jüngling bist du, der seit langer Zeit

Auf unsern Gräbern steht in tiefen. Sinnen-,

Ein tröstlich Zeichen in der Dunkelheit,

Der höhern Menschheit freuddiges Beginnen;

Was uns gesenkt in tiefe Traurigkeit,

Zieht uns mit süβer Sehnsucht nun von hinnen.

Im Tode Ward das ewge Leben kund-

Du bist der Tod und machst uns erst gesund.

 

Der Sänger zog

Voll Freudigkeit

Nach Indostan

Und nahm ein herz

Voll ewger Liebe mit,

Und schüttete

In feurigen Gesängen

Es unter jenem milden Himmel aus,

Der traulicher

An die Erde sich schmiegt,

Daβ tausend Herzen

Sich zu ihm neigten,

Und die fröhliche Botschaft

Tausendzweigig emporwuchs.

Bald nach des Sängers Abschied

Ward das köstliche Leben

Ein Opfer  des menschlichen

Tiefen Verfalls-

Er starb in jungen Jahren

Weggerissen

Von der geliebtten Welt,

Von der weinenden Mutter

Und seinen Freunden.

Der unsäglichen Leiden

Dunkeln Kelch

Leerte der heilige Mund,

In entsetzlicher Angst

Naht ihm die Stunde Der Geburt

Der neuen Welt.

Hart rang er mit des alten Todes Schrecken,

Schwer lag der Druck der alten Welt auf ihm,

Noch einmal sah er freundlich nach der Mutter-

Da dam der ewigen Lichte

Lösende Hand-

Un der entschlief.

Nur wenig Tage

Hing ein tiefer Schleier

Über das brausende Meer, über das finstre bebende Land,

Unzählige Tränen

Weinten die Geliebtten

Entsiegelt Ward das Geheimnis,

Himmlische Geister hoben

Den uralten Stein

Von dunklen Grabe-

Engel saβen bei dem Schlummernden,

Lieblicher Träume

Zartes Sinnbild.

Er stieg, in neuer Götterherrlichkeit

Erwacht auf die Höhe

Der verjüngten, neugebornen Welt,

Begrub mit eigner Hand

Die alte mit ihm gestorbne Welt

In die verlaβne Höhle

Und legte mit allmächtiger Kraft

Den Stein, den keine Macht erhebt, darauf.

 

Noch weinen deine Lieben

Tränen der Freude,

Tränen der Rübrung

Und des unendlichen Danks

An deinem Grabe-

Sehn dich noch immer

Freudig erschreckt

Auferstehn

Un d sich mit dir-

Mit süβer Inbrunst

Weinen an der Mutter

Seligem Busen

Un dan der Freunde

Treuem Herzen-

Eilen mit voller Sehnsucht

In des Vaters Arm,

Bringend die junge,

Kindliche Menschheit

Und der goldnen Zukunft

Unversieglichen Trank.

Die Mutter eilte bald dir nah

In himmlischen Triumph-

Sie war die erste

In der neuen heimat

Bei dir.

Lange Zeiten

Entflossen seitdem,

Und in immer höhern Glanze

Regte deine neue Schöpfung sich,

Und Tausende zogen

Aus schmerzen und Qualen

Voll Glauben und Sehnsucht

Und treue dir nach,

Und walten mit dir

Und der himmlischen Jungfrau

Im Reiche der Liebe

Und dienen im Tempel

De himmlischen Todes.

 

Gehhoben ist der Stein,

Die Menschheit ist erstanden.

Wir alle bleiben dein

Un fühlen keine Banden.

Der herbste Kummer fleucht

Im letzten Abendmahle

Vor deiner goldnen Schale,

Wenn Erd und Leben weicht.

 

Zur Hochzeit ruft der Tod.

Die Lampen brennen helle,

Die Jungfraun sind zur Stelle,

Um Öl ist keine Not.

Erklänge doch die Ferne

Von deinem Zuge schon,

Und ruften uns die Sterne

Mit Menschenzung und Ton!

 

Nach dir, Maria, heben

Schon tausend Herzen sich,

In diesem Schattenleben

Verlangten sie nur dich.

Sie hofften  zu genesen

Mit ahndungsvoller Lust,

Drückst du sie, heilges Wesen,

An deine treue Brust.

 

So manche, die sich glühend

In bittrer Qual Verzehrt

Und dieser Welt entfliehend

Nur dir sich zugekehrt,

Die hülfreich uns erschienen

In mancher Not und Pein-

Wir kommen nun zu ihnen,

Um ewig da zu sein.

 

Nun weint and keinem Grabe

Für Schmerz, wer liebend glaubt.

Der Liebe süβe Habe

Wind keinem nicht geraubt.

Von treuen Himmelskindern

Wird ihm sein herz bewacht;

Die Sehnsucht ihm zu lindern,

Begeistert ihm die Nacht.

 

Getrost, das Leben schreitet

Zum ewgen Leben hin,

Von innrer Glut geweitet

Verklärt sich unser Sinn.

Die Sternwelt wird zerflieβen

Und lichte Sterne sein.

 

Die Lieb’ist freigegeben

Und keine Trennung mehr.

Es wogt das volle Leben

Wie ein unendlich Meer-

Nur eine Nacht der Wonne,

Ein Ewiges Gedicht-

Und unser aller Sonne

Its Gottes Angesicht.

 

 

VII

¡Abajo, al seno de la tierra,

Fuera del reino de la luz!

El airado dolor y el duro choque

Señales son de una feliz partida.

Pronto en estrecha barca

Llegaremos a orilla de los ciclos.

 

¡Loada sea la noche

Eterna, el sueño eterno!

Fatigados del caluroso día,

Ajados de dolor, cerca del padre

Queremos regresar,

Acabadas las ansias por lo extraño.

 

¿Qué hacer en este mundo

Con nuestro amor y la fidelidad?

Sin atender lo antiguo

¿qué sólo queda, qué afligido

Quien, ardiente y piadoso, ama lo remoto!

 

El tiempo en el que los sentidos

Con lucidez ardían entre llamas-

Los hombres aún reconocían

Rostro y manos del padre,

Con candidez algunos se acercaban

A su prístina imagen.

 

El tiempo en que resplandecían

En plena flor los troncos antiquísimos

Y los niños pedían la tortura y la muerte

Ara entrar en el reino de los cielos;

Que a pesar de atraer el placer y la vida

Muchos corazones se quebraban de amor.

 

El tiempo en que Dios mismo

Se reveló con fuego juvenil

Ofreciendo a la muerte prematura

Su dulcísima vida con un brío amoroso

Sin rechazar la angustia ni la pena

Para hacernos más caro así su amor.

 

Lo miramos con ansia temerosa

Envuelto en noche oscura,

Que jamás en el mundo

La ardiente sed se apagará.

Hemos de regresar a la patria de origen

Para volver a ver ese tiempo sagrado.

 

¿Qué demora el retorno?

Ha tiempo que descansan los amantes.

Cierra su tumba el curso a nuestra vida

Y nos invade la aflicción y el miedo.

Ya no tenemos nada que buscar,

Vacío el mundo y harto el corazón.

 

¡Un temblor dulce nos recorre

Misterioso y sin fin!

Pues parece que en hondas lejanías

Nuestra tristeza resonó en sus ecos

Que también los amantes nos añoran

Al enviar suspiros de nostalgia.

 

¡Vayamos al encuentro de la dulce novia,

Vayamos al encuentro de Jesús, bienamado!

Que el crepúsculo envuelv e

A los que aman como a los que sufren.

Un sueño rompe nuestros lazos

Y nos hunde en el seno paternal.

 

VII

Hinunter in der Erde Schoβ,

Weg aus des Lichtes Reichen!

Der Schmerzen Wut und Wilder Stoβ

Its froher Abfahrt Zeichen.

Wir kommen in dem engen Kahn

Geschwind am Himmelsufer an.

 

Gelobt sei uns die ewge Nacht,

Gelobt der ewge Schlummer,

Wohl hat der Tag uns warm gemacht

Und welk der lange Kummer.

Die Lust der Fremde ging uns aus,

Zum Vater wollen wir nach Haus.

 

Was sollen wir auf dieser Welt

Mit unsrer Lieb’und Treue-

Das alte wird hintangestelt,

Was einsam steht und tiefbetrübt,

Wer heiβ und Fromm die Vorzeit liebt.

 

Die Vorzeit, wo die Sinne licht

In hohen Flammen brannten,

Des Vaters Han und Angesicht

Die Menschen noch erkannten

Und hohen Sinns, einfältiglich

Noch mancher seinem Urbild glich.

 

Die Vorzeit, wo an Blüten Reich

Uralte Sämme prangten,

Und Kinder für das Himmelrich

Nach Tod und Qual verlangten,

Und wenn auch Lust und leben sprach,

Doch manches Herz für Liebe brach.

 

Die Vorzeit, wo in Jugendglut

Gott selbst sich kundgegeben

Und frühem Tod in Liebesmut

Geweiht sein süβes Leben,

Und Angst und Schmerz nicht von sich trieb

Damit er uns nur teuer blieb.

 

Mit banger sehsucht sehn wir sie

In dunkle Nacht gehüllet,

Und hiera uf dieser Welt wird nie

Der heiβe Durst gestillet.

Wir müssen nach der Heimat gehn,

Un diese heilge Zeit zu sehn.

 

Was hält noch unsre Rückkehr auf-

Die Liebsten ruhn schon lange.

Ihr Grab schlieβt unsern Lebenslauf,

Nun wird uns weh und bange.

Zu suchen haben wir nichts mehr-

Das Herz ist satt, die Welt ist leer.

 

Unendlich und geheimnisvoll

Durchstömt uns süβer Schauer;

Mir däucht, aus tiefen Fernen scholl

Ein Echo unsrer Trauer.

Die Lieben sehnenb sich wohl auch

Und sandten uns der Sehnsucht Hauch.

 

Hinunter zu der süβen braut,

Zu jesus dem Geliebten!

Gestrost, die Abenddämmrung graut

Den Liebenden, Betrübten.

Ein Traum bricht unsre Banden los

Und senkt uns in des Vaters Schoβ.

 

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NOVALIS

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POETAS 5. Octavio Paz (VI). Salamandra

Entre 1959 y 1962, el periodo en que escribirá los poemas que luego va a recoger en su libro “Salamandra”, Octavio Paz vuelve a residir en París trabajando como diplomático en la embajada mexicana. Había arribado a París por primera vez en diciembre de 1945, en una ciudad donde triunfaba un existencialismo escindido entre la influencia de Jean Paul Sartre y la ascendencia de Albert Camus. En la polémica que enzarzó a ambos escritores, Octavio Paz se va a encontrar mucho más cerca de Camus, con quien le unía “una profunda y espontánea simpatía”. También le unía la fidelidad a España y a su causa, además del enrolamiento en la tradición libertaria y anarquista. “No le debo a Camus –escribió Paz en “Itinerario”- ideas acerca de la política o la historia sino algo más precioso: encontrar en la soledad de aquellos años un amigo atento y escuchar una palabra cálida”. En esta primera estancia en París, además de respirar la atmósfera existencialista, Octavio Paz se siente atraído desde el principio por un surrealismo que por aquel tiempo ya empezaba a declinar. Seducido por la personalidad magnética de Breton, comulga con su exaltada idea de libertad y del amor único, pero desconfía desde un principio de la creencia ingenua en la escritura automática. Invitado por Breton, entra a colaborar en el Almanaque Surrealista de Medio Siglo y asiste a las reuniones del grupo, en el Café de la Place Blanche, donde traba contacto con Benjamin Péret, Max Ernst, Miró, Julien Gracq. Peret, quien a juicio de Paz era el más genuino poeta surrealista, se convertirá desde entonces en su mejor amigo parisino. Cuando después de un largo intervalo vivido en México, Octavio Paz regresa a Paris en 1959, su obra poética y ensayística ya le han convertido en un escritor influyente y la traducción del Poema “Piedra de Sol” por parte de Benjamin Peret le abre las puertas del mundo literario parisino. En esta época entra en relación con Roger Callois y con Cioran. También con Yves Bonnefoy, Kostas Axelos y Cornelius Castoriadis. En París, Octavio Paz se dedica a explorar una ciudad que va reconstruyendo con la memoria y la imaginación, caminando por pasajes y barrios que le dejan una sensación de “déjà vu” provocada por anteriores lecturas de novelas y poemas. Unido a unos pocos amigos por afinidades intelectuales y literarias, frecuenta alguna de sus casas, pero es en los cafés y los bares de París donde tienen lugar alguno de sus encuentros más felices, que luego aparecerán trasladados a sus poemas de aquella época. “Vivía inmerso en la vida literaria de aquellos días, rememorará Paz más tarde, mezclada de ruidosos debates filosóficos y políticos. Pero mi secreta idea era la poesía: escribirla, pensarla, vivirla. Agitado por muchos pensamientos, emociones y sentimientos contrarios, vivía tan intensamente cada momento que nunca se me ocurrió que aquel género de vida pudiera cambiar.» Pero en 1962 le llega el nombramiento como embajador de México en la india y tiene que cambiar París por Nueva Delhi. Atrás deja tres años de intensa vida parisina y un libro de poemas en el que recogerá parte de estas vivencias, y donde es palpable tanto la huella de la ciudad parisina como la influencia del surrealismo. «Salamandra» es, efectivamente, un libro de poemas de marcado carácter surrealista: las imágenes se vuelven oníricas, las metáforas se hacen audaces y parecen llevarnos hacia otra dimensión de la realidad que ayuda iluminarnos más nítidamente. Los versos de estos poemas, más que ponerse uno encima de otro, se yuxtaponen, pierden su puntuación y adquieren sentidos latentes y azarosos. Pero Salamandra es también un libro que recibe cierta inspiración oriental, una como visión zen de la existencia que no desentona con alguna de las búsquedas que dieron sentido a la aventura surrealista: “Todo es puerta y todo es puente”. Estos versos que aparecen en uno de los poemas de «Salamandra» podrían servir de lema al programa promovido por el surrealismo. ¿Puerta y puente hacia qué? Hacia la otra realidad a la que apunta el lenguaje de signos con que nos habla el mundo: hacia la transparencia y la iluminación que la comprensión de estos signos otorga. Las cosas comulgan, se corresponden, cohabitan, respiran bajo un mismo cielo y ello hace que sean intercambiables, propician la posibilidad de la metáfora. Por medio de la metáfora el poeta logra borrar los límites que aíslan a las cosas, se abren puertas y puentes por donde todo se comunica y se hace transparente. A través de la metáfora se logra hacer visible lo invisible, instaurar un nuevo tiempo en que las cosas echan a andar de otra manera. El mundo ha sido vuelto a bautizar mediante los nombres y las imágenes que el poeta ha ido creando para invocar su propio mundo. Ya no es un mundo ajeno, es un mundo que ha sido apropiado por medio de un acto creador. En Octavio Paz se descubre una mágica correspondencia entre la escritura y el mundo sobre el que el poeta escribe: ambos, escritura y mundo, están enhebrados por la misma aguja del tiempo, se acompasan en un mismo latido y están unidos por la misma duración. Todo lleva la marca de la fluencia con que el mundo transcurre. Por eso, a menudo, la poesía de Paz se torna una reflexión sobre el tiempo: la sustancia del tiempo impide que las cosas permanezcan, pero a la vez el pasado de las cosas, invocado por la memoria, retorna mágicamente a cada instante, regresan constantemente las cosas que se fueron, y este refluir del tiempo garantiza y refuerza la presencia y profundidad del mundo. Pero esta refluencia del tiempo hace que la existencia también aparezca amenazada por la irrealidad de la cosas. El vivir se contamina de la misma irrealidad que lleva el tiempo en sus entrañas, un tiempo que es inaprehensible y fugaz. Y la poesía, cuya esencia consiste en ser lenguaje -y, por tanto, palabra en el tiempo-, también participa de esta irrealidad, pues toda palabra dicha se desvanece en el mismo instante de ser pronunciada, ya rematada por el silencio o por la siguiente palabra, o bien adquiriendo resonancias que la contradicen o anulan: “yo sé que estoy vivo entre dos paréntesis”, llegará a decirnos precariamente en uno de sus versos. Pero el poeta busca ir más allá de la mudanza que el tiempo ejerce sobre las cosas, y no se deja embaucar por cada uno de los rostros que toma el tiempo. Más allá de sus varias manifestaciones, hay un centro de claridad donde el devenir del tiempo se manifiesta como transparencia,  y es esa transparencia posible que se nos brinda tras lo ilusorio de las cosas lo que trata de encontrar el poeta al escribir poesía. «A través del poema -nos recuerda Paz en “el arco y la lira”- vislumbramos el rayo fijo de la poesía. Ese instante contiene todos los instantes. Sin dejar de fluir, el tiempo se detiene, colmado de sí”.

AQUÍ

Mis pasos en esta calle

Resuenan

                 En otra calle

Donde

           Oigo mis pasos

Pasar en esta calle

Donde

Sólo es real la niebla

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POETAS 107. Jaime Sabines II (Tarumba)

Jaime Sabines Gutiérrez (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 25 de marzo de 1926 – Ciudad de México; 19 de marzo de 1999) fue un poeta y político mexicano, reputado como uno de los grandes exponentes de la lírica mexicana. Su padre, Julio Sabines, había nacido en el Líbano; pronto emigró con sus padres y sus dos hermanos a Cuba y, ya trasladado a México, entró a formar parte de la revolución de ese país en 1914. La figura del padre, al que más tarde dedicara el libro de poemas “Algo sobre la muerte del mayor Sabines”, fue clave para su dedicación a la poesía, pues se había empeñado  en inculcar en el hijo el gusto por la literatura. La madre, Luz Gutiérrez, procedía de una familia de tradición militar, y su abuelo llegó a ser gobernador de Chiapas. En 1945, Jaime Sabines se traslada a la Ciudad de México con la idea de estudiar medicina, carrera que deja sin concluir cuando entiende que su verdadera vocación es la literatura. Regresa a su tierra natal, pero enseguida vuelve a la Ciudad de México para ponerse a estudiar Literatura en la UNAM. Un grave accidente acaecido a su padre en 1952 obliga a Jaime Sabines a volver a la casa familiar. En Txula entra en contacto con un grupo de escritores y poetas que iban a tener gran importancia para su formación, además de los abundantes poetas clásicos y modernos que nutrieron sus lecturas. De esta época datan sus dos primeros libros de poemas, donde ya es fácil reconocer su voz propia y en donde se hallan presentes los dos temas más arraigados en su obra: la vida y la muerte. Los libros son “Horal”, 1950;  y “La Señal”, 1951. En Txula entra a trabajar en el negocio familiar ejerciendo una actividad como vendedor de ambulante de telas que más tarde llegaría a tachar como “la más antipoética actividad del mundo”. A la vez que se dedica a este oficio, para él humillante, comienza a leer con fruición el romancero español, a los clásicos y a Juan Ramón Jiménez. Más tarde ampliaría su repertorio con lecturas de García Lorca, de Cesar Vallejo, Pablo Neruda y Miguel Hernández.. En 1953 se casa con Josefa Rodríguez Zebadúa, con quien tendrá 4 hijos. En 1954 publica el libro de poemas “Tarumba”. A pesar del prestigio que el libro alcanzó fuera de su país, la tibia acogida que tuvo en México decepcionó a Sabines. La muerte del padre en 1961 sume al poeta en un abatimiento profundo del que logra salir escribiendo uno de los libros más doloridos de la poesía mexicana: “Algo sobre la muerte del Mayor Sabines”. Julio Sabines decidió adoptar la forma del soneto porque era la más adecuada para contener la emoción de una muerte que en los primeros días la sintió como propia, según llego a declarar más tarde. Este libro tuvo una continuación tres años después, en 1964: la escritura de este poemario le ayudó finalmente a quitarse la muerte de la cabeza y a salir de la sensación de soledad que le había dejado la desaparición del padre. Paralelamente a su vocación de poeta, y fiel a su ideario político, decide inmiscuirse en la política, y en 1976 gana un escaño como diputado federal por Chiapas representado al Partido Revolucionario Institucional (PRI) . En 1988 es elegido diputado en el Congreso de la unión. Su carrera estuvo acompañada de multitud de reconocimientos a su obra, destacando el Premio Nacional de Ciencias y Artes lingüísticas y Literatura en 1983. Jaime Sabines definió su poesía como un largo testimonio de vida. Poeta que nunca renunció al compromiso social, incluso al matiz político, buscó la comunicación con los lectores a base de hacer crónica de la vida cotidiana de una forma sencilla y espontánea. Poeta hondo, dolorido, casi un metafísico de la pena, la solidaridad con la desgracia y la miseria humana ennoblece y da profundidad a su poesía. En alguna ocasión, cuando se le invitaba a que hiciese una reflexión sobre lo que para él significaba la poesía, la llegó a considerar sobre todo como un destino: “un poeta es una gente descarnada, es decir una persona que va por el mundo sin piel, con la carne viva. Por lo tanto las cosas que suceden le afectan más que a otros”. Para Sabines el perfil más reconocible de la poesía era su vivencia humana: “el poema no tiene más que una medida, su autenticidad”. Por tanto, era importante que el poeta no escribiera nada más que sobre aquello que hubiera vivido: “todo lo que se haga al margen de la experiencia emocional será una construcción verbal, juego entretenido, pero no poesía”. En el fondo de estas palabras late la suspicacia que le provocaba la poesía de Octavio Paz: “No me gustan los poemas –dijo en cierta ocasión, sobre Paz- donde no se ve al poeta ni al hombre. Pura construcción, pura objetividad sin mancha y sin trato”. Sin embargo, Octavio Paz, que sí apreciaba la poesía de Jaime Sabines, llegó a dejar una semblanza bastante atinada de la relevancia del poeta para la lírica mexicana: “Jaime Sabines es uno de los mejores poetas contemporáneos de nuestra lengua. Muy pronto, desde su primer libro, encontró su voz. Una voz inconfundible, un poco ronca y áspera, piedra rodada y verdinegra, veteada por estas líneas sinuosas y profundas que trazan en los peñascos el rayo y el temporal. Mapas pasionales, signos de los cuatros elementos, jeroglíficos de la sangre, la bilis, el semen, el sudor, las lágrimas y los otros líquidos y sustancias con que el hombre dibuja su muerte –o con los que la muerte dibuja nuestra imagen de hombre».

ANDO BUSCANDO A UN HOMBRE que se parezca a mí

Para darle mi nombre, mi mujer y mi hijo,

Mis libros y mis deudas.

Ando buscando a quién regalarle mi alma,

Mi destino, mi muerte.

 

¡Con qué gusto lo haría,

Con qué ternura me dejaría en sus manos!

                          (“Poemas sueltos”, 1951-1961)

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PENSAMIENTOS 15. Jalil Gibran

Gibran Jalil Gibran nació en Libano el 6 de enero de 1883 y murió en Nueva York el 10 de abril de 1931. Por su rama paterna, pertenecía a una familia maronita originaria de Siria que en el siglo XVI se estableció en Baalbek. Su padre se ganaba la vida como recaudador de impuestos. La familia de la madre, Kamlé Rahmé, era muy conocida en la región. Hija del sacerdote Estephan Rahmé , antes de conocer al padre de Kalil Gibrán, había inmigrado con su primer marido a Brasil en busca de fortuna. De este primer matrimonio había nacido en 1877 Boutros, el hermano mayor de Kalil. Mariana y Sultana eran las otras dos hermanas menores de Gibrán. Kalil se crió junto a sus hermanos escuchando las historias y leyendas que sobre el Líbano iba narrando la madre, quien se esmeró en darle la mejor educación a su alcance: aprende árabe, música, dibujo y descubre la biblia. Un álbum dedicado a Leonardo da Vinci, que le regaló la madre, convierte a Gibrán en un precoz admirador de su obra. Su gran aptitud para el arte y su exceso de imaginación iban a suscitar ya desde muy temprano la envidia y las burlas de sus compañeros. En 1891 el padre de Gibrán es arrestado por las fuerzas del orden debido a la mala administración de los impuestos que recaudaba. Es condenado, despojado de todos sus bienes y conducido a Beirut para ser encarcelado. Esta ausencia del cabeza de familia hunde al resto en la miseria y en 1895, después de malvender su escaso patrimonio, toman un barco para Boston en busca de condiciones más favorables. Una vez instalados en Boston, la madre se ve obligada a ir de puerta en puerta con un fardo a la espalda vendiendo ropa de casa, encajes y sederías de fabricación siria, mientras Boutros, el hijo mayor, se gana la vida como empleado en una tienda de tejidos. En Bostón, Gibran entra a estudiar en la escuela comunal de Quincy, situada en el barrio sirio de la ciudad. Su pericia para el dibujo pronto atraerá la atención de una de las profesoras que pone al adolescente en contacto con Fred Holland Day, una relevante figura del mundo artístico de la época. Fred Holland Day no sólo destacaba por ser un fotógrafo excelente dentro de la corriente simbolista, sino que además dirigía una pujante casa editorial con un moderno catálogo de libros. Entre los jóvenes efebos semidesnudos que desfilaron por su estudio para servir de modelos, Gibrán ocupó un lugar preferente. Pero Fred Holland Day se convirtió sobre todo en el primer mentor intelectual de Gibrán, descubriéndole el mundo gráfico y poético de William Blake, que tanta influencia iba a tener en su obra posterior. La fecundidad simbólica de la obra de Blake, marcada por la dialéctica espiritual del Bien y del mal, de la desintegración y la regeneración, va a estar presente en la imaginería de sus primeros bocetos. Por sugerencia de Day se inicia en las lecturas de Swinburne, Whitman, Keats, Emerson y los escritores románticos. También patrocina una exposición en la que se exhiben los retratos fotográficos hechos a Gibrán, además de una docena de sus propios dibujos. Esta obra precoz va a llamar la atención de una mujer que tendrá una importancia capital en su vida: Josephine Preston Peabody, una mujer de veintitrés años que ya había hecho sus primeras incursiones literarias. En febrero de 1897, un Gibrán apenas adolescente sucumbe a los encantos de una mujer que le dobla la edad, y que la esposa de un comerciante. La madre y el hermano mayor, exasperados por su comportamiento y por sus frecuentes ausencias nocturnas, deciden enviarle en un barco de vuelta al Líbano, donde arriba el 30 de agosto de 1898. En Becharré se reencuentra con su padre y entra a estudiar en el colegio de la Sagesse, donde permanecerá hasta julio de 1901. Durante esta época lee a Ibn Jaldún, Avicena, los poetas sufíes y profundiza en su conocimiento de la biblia. Aprende francés y se sumerge en las obras de Víctor Hugo, Chauteaubriand y Rousseau. También comienza a publicar sus primeros textos en una revista que él mismo edita en colaboración con un amigo. Con dieciocho años, Gibrán inicia una relación amorosa con Sultana Tabet, hermana de un compañero de clase; tiene 22 años y acaba de perder a su marido. La muerte repentina de la joven cuando apenas habían iniciado la relación iba a dejar en Gibrán un doloroso sentimiento que luego plasmaría en su primera novela: “alas rotas”. En abril de 1902 le llega la noticia de que una de sus hermanas está gravemente enferma y se ve obligado a embarcar rumbo a Boston, dejando atrás un país al que ya no retornará. Para cuando Gibrán desembarca en Estados Unidos, su hermana ya ha fallecido de una tisis galopante. A partir de ese momento Gibrán reanuda su relación con Josephine, que se va a prolongar durante un año y medio y que concluirá cuando la tibieza de esta relación acabe abocando a Josephine a casarse por motivos económicos con un inglés acaudalado. En poco menos de un año la desgracia se va a cebar con la familia de Gibrán. Su hermano Boutros fallece el 12 de marzo de 1903 contagiado de tuberculosis por alguno de sus clientes. El 28 de junio del mismo año muere su madre a consecuencia de un tumor, dejando la familia reducida al escritor, su hermana menor, Mariana, y un padre distante en otro continente. No sólo la muerte de sus parientes, sino también las deudas heredadas de sus negocios, hunden a Gibrán en la desesperación. Finalmente consigue clausurar la tienda de costura que había abierto la madre, vende el fondo comercial de su hermano, liquida las deudas y se decide a relanzar su carrera artística. Vuelve entonces a entrar en contacto con Day y acepta su encargo de trabajar en sus dibujos con el fin de ser mostrados en una exposición que tendrá lugar en mayo de 1904. En el curso de esa exposición Gibrán va a conocer a Mary Haskell, miembro de una acaudalada familia de Carolina, encarnizada feminista, militante de grandes causas sociales y políticas y fundadora de una institución educativa para chicas. A la vez que mantiene esta relación, Gibrán comienza a escribir sus primeros artículos para un periódico árabe en Nueva York. El 12 de noviembre de 1904, el estudio de Day va a quedar destruido por un incendio que se lleva por delante el trabajo fotográfico de 20 años de carrera, además de los dibujos que Gibrán había confiado a su amigo. A partir de este desastre, Gibrán va a dedicar más esfuerzo a la escritura que al dibujo. Una entrevista concedida a un periodista árabe revela en ese momento a un joven de 23 años fuertemente influido por la cultura occidental, que lee a Nietzsche y a Shakespeare, que se siente reflejado en Miguel Ángel, admirador de Mahoma y de Juana de Arco, y que ya manifiesta una gran fascinación por la figura de los locos. En el otoño de 1906 publica en árabe “Las ninfas del valle”, una antología de tres relatos alegóricos, obra teñida de romanticismo y que ya anuncia los temas predilectos del autor: la grandeza de Cristo, puesta de relieve frente a la mezquindad del clero; La metempsicosis y la locura como fuente de verdad y de libertad. Un año después comienza a frecuentar en secreto a una pianista, Gertrude Barrie, que se convierte en su amante, en una relación que se va a prolongar durante varios años. A la vez, la relación mantenida con Mary Haskel se convertirá en una relación de mecenazgo: para incentivar el progreso de su carrera artística le propone costearle una estancia de un año en Paris. Antes de su partida, Gibrán publica su tercer libro en árabe: “los espíritus rebeldes”, cuatro novelas realistas ambientadas en el Líbano y que manifiestan su rebeldía contra la opresión feudal, el clero y los hombres de leyes, denunciando el sometimiento del mundo oriental a tradiciones obsoletas. El libro levanta tempestades en Siria y Egipto. En una de las veladas organizadas por Mari Haskel, conoce a a la francesa Emilie Michel, 3 años mayor que Gibrán, mujer adicta al teatro y a quien Mari Haskel ha confiado la dirección de los cursos de francés en la Haskell’s School. Después de que Gibrán le haga un retrato, se iniciará una relación que va a culminar en París. El 1 de julio de 1908 Gibrán embarca en Nueva York y llega a París el 13 de Julio. La pareja se instala entonces en un estudio en el barrio de Montparnasse. Nada más llegar a París, Gibrán se inscribe como oyente en la Escuela de Bellas Artes y entra enseguida a estudiar en la Academia Julian, por donde habían pasado alumnos como Matisse, Bonnard y Léger. Pronto Emile parte de nuevo para América y se instala en Nueva York con la ambición de dedicarse al mundo del teatro. Gibrán tratará de aliviar su soledad mediante el trato con su amigo Youssef Hoayek, con quien vuelve a encontrarse en Paris. Da clases de dibujo durante dos veces por semana a cinco estudiantes para ganarse algo de dinero e inicia una serie de retratos consagrados a las grandes personalidades de su tiempo. Su amigo Youssef ha dejado de Gibrán una semblanza de esta época: “Me acuerdo bien del estado de ánimo de Gibrán; arrastraba los pies por el frío suelo, y su alma volaba por el infinito. Atormentado, empantanado en la vida, fuma mucho, se toma varias tazas de café al día, lee y relee a Gide, Rilke, Tolstoi y Nietzsche, además de compartir con Ernest Renan la admiración por la figura de Jesús de Nazaret”. En una carta escrita a Mari Haskel llegará a definir a Jesús como el más grande de los artistas y el mayor de los poetas. “Llamarlo Dios lo empequeñece. Pues en tanto que es Dios, sus maravillosas palabras resultarían mediocres; pero en tanto que hombre, constituyen la más pura de las poesías”. Gibrán consigue que le admitan una de sus obras, “El otoño”, en el salón de Printemps, una de las más importantes exposiciones anuales de París. Reanuda su relación con Emile, que vuelve de Nueva York sin haber obtenido en el teatro el éxito que ansiaba; su convivencia se va a prolongar todavía unos meses más. El 22 de noviembre de 1909 parte con ella para América. Atrás deja un periodo de aprendizaje de dos años en los que consigue perfeccionar su técnica con la pintura al óleo, la aguada y la acuarela, además de todo el bagaje vital e intelectual que ha ido acumulando. A su llegada a Boston estrecha las relaciones con su protectora Mari Haskel y le pide en matrimonio. Su rechazo, excusando una diferencia de edad, sume a Gibrán en un desengaño amoroso que tratará de mitigar entregándose al trabajo. Pinta y escribe artículos para periódicos árabes y se esfuerza por convencer a los medios libaneses y sirios de Boston para fundar una asociación en defensa de la causa de los países árabes sometidos por el imperio otomano. Entre los artículos, destaca una carta abierta de un poeta cristiano a los musulmanes en el que llama a todos los musulmanes a levantarse contra el ocupante, pues culpa al Estado otomano de la decadencia de la civilización islámica. Un poco asfixiado por la ciudad pequeña en que se ha convertido Boston después de su experiencia parisina, y ansioso de prosperar en su carrera artística, decide mudarse a Nueva York después de una segunda negativa de Mari a unirse con él. Sin embargo, ésta continua protegiéndole con una pequeña asignación mensual que más tarde se convertirá en una donación total de 5000 dólares para que pueda dedicarse por entero a su obra. Como muestra de agradecimiento, le lega a cambio todo cuanto posee. Gibrán ya lleva en su equipaje a Nueva York un manuscrito de su primera novela “Alas rotas” y un ejemplar de “Así habló Zaratrusta”, que se va a convertir en su libro de cabecera. En uno de sus viajes a Nueva York, Mari Haskel le propone consumar su relación y convertirse en amantes, pero ahora es Gibrán quien la desdeña, herido en su amor propio por haber sido rechazado como esposo. Celoso de su libertad, Gibrán va a escoger el no querer comprometerse jamás con ninguna mujer. “Si llegara a tener una mujer a la que pudiera pintar o a la que pudiera escribir poemas, lograría olvidar su existencia. Ninguna mujer enamorada soportaría mucho tiempo un marido así”, le llega a confesar en una carta a Mary. Gibrán aspirará a volcar la energía de su líbido en las diversas disciplinas artísticas a las que se entrega. Más tarde llegará a decirle a Mary :“si hubiéramos tenido lo que se dice una relación sexual, con el tiempo eso nos habría separado. Nuestras vidas han conocido la misma trayectoria y se nos han ahorrado las relaciones sexuales”. Para poder mantenerse despierto por las noches y dedicarse por entero a su obra, bebe café fuerte y toma baños de agua fría, además de ingerir alcohol con demasiada generosidad. Esta forma de vida desarreglada empieza a afectar a su cuerpo: “Sobre su rostro, que solo tiene treinta y tres años, se hallan grabados más de cuarenta”, anota Mary en su diario. En 1913 vuelve sobre un antiguo proyecto de realizar retratos de grandes personalidades: Thomas Edison, Carl Gustav Jung, Henri Bergson y Sarah Bernhardt acceden a posar para él. En estos años también comienza a colaborar en un nuevo periódico que aparece en Nueva York, Al founoun (Las artes), publicando artículos y poemas en prosa. A la vez, aparecen ensayos literarios dedicados a los grandes místicos, Ghazali e Ibn al-Farid, cuya impronta sufista va a tener repercusión en las ideas y el ropaje simbólico que reviste su obra. Con el estallido de la primera guerra mundial, Gibrán se moviliza y acepta el puesto de secretario del Comité de Ayuda para los siniestrados de Siria y de Monte-Líbano. Su función será la de reclutar a los sirios y libaneses de América que estén dispuestos a combatir al lado de los Aliados, para liberar la región del yugo otomano. Con el fin de que su mensaje llegue a adquirir la mayor difusión entre los medios occidentales, comienza a estudiar con intensidad la lengua inglesa para así convertirla en vehículo de su escritura. En ese idioma lee infatigablemente a Shakespeare y la biblia. El tema del loco, como figura capaz de desentrañar la estupidez y la pereza de los hombres y de desvelar las máscaras de la sociedad, comienza a seducirle y se embarga en el proyecto de un libro centrado en esta figura: la locura, para Gibrán, representa “el primer paso hacia la ausencia del egoísmo”. El libro, bajo el título de “El loco”, se publicará finalmente a mediados de octubre de 1918. El horror de la guerra va a provocar que Gibrán durante esta época se refugie en la pintura; el fruto de este esfuerzo se plasmará en varias exposiciones que tienen lugar en diversas galerías de Nueva York. Para Gibrán, la misión del arte consistirá en “comprender la naturaleza y en transmitir nuestra comprensión de ella a los que la ignoran (…) El arte es un paso que se da desde lo visible conocido hacia lo secreto desconocido, de la naturaleza hacia el infinito”. Con estas premisas, ya se intuye que la obra pictórica de Gibrán va a estar influida por el simbolismo de William Blake. Pero a diferencia de Blake, quien también utilizaba su obra gráfica como un complemento de su escritura, el mundo de Gibrán no está tan dominado por las fuerzas destructoras del Mal y del Apocalipsis; la naturaleza, inspirada por un espíritu sereno, aún sigue siendo un pórtico para que se revele lo divino y podamos penetrar a lo infinito. El periodo que va de 1914 a 1920 va a estar marcado por la influencia de Eugéne Carriere; ensaya la técnica del dibujo a la aguada y sus personajes se vuelven más etéreos y transparentes: el interés por el tema de la maternidad va a reflejarse en una serie de cuadros dominados por este motivo. En diciembre de 1916 se encuentra con Rabindranath Tagore, con quienes muchos críticos vieron en su figura y obra más de un paralelismo. En el año 1920, Gibran funda, junto a un grupo de otros ocho escritores libaneses y sirios de Nueva York, “La liga de la Pluma”. Su objetivo era publicar las obras de sus miembros y las de otros autores árabes que merecieran su apoyo, así como estimular la traducción a la lengua árabe de las obras maestras de la literatura mundial. La liga se convirtió, gracias a las ideas iconoclastas que promovía, en el símbolo del renacimiento de las letras árabes. Para Gibrán, la lengua árabe carecía de futuro si no llegaba a liberarse de sus lastres tradicionales. Para ello era necesario entablar un auténtico diálogo con Occidente con el fin de metabolizar la influencia europea sin dejarse poseer por ella. En agosto de 1920 se publica en el Cairo una antología en la que figuran treinta y un artículos de Gibrán aparecidos en diversos periódicos de lengua árabe. El libro se titulará “Las tempestades”. Animado por un poderoso hálito revolucionario, fustiga en “Las tempestades” los defectos de los orientales –su apego al pasado y a las tradiciones arcaicas-, preconiza la emancipación del matrimonio y rechaza “todas las servidumbres que encadenan a la humanidad”. Tomando siempre partido por los oprimidos, Gibrán rechaza el estado de sumisión y de debilidad en el que se encuentran y, dejándose llevar por un soplo nietzscheano, les arenga a que aspiren al poder y a la grandeza. En torno a esta época la salud de Gibrán comienza a resentirse y su corazón se debilita. Un médico le diagnostica una depresión nerviosa provocada por un exceso de trabajo y una alimentación deficiente. A partir de este periodo de su vida, diversas mujeres con las que había mantenido una relación íntima comienzan a comprometerse con otros hombres, ahondando la soledad en la que siempre se había querido situar. Mary Haskell se casa con un hombre que casi le dobla en edad. Los celos que provoca Gibrán en el marido van a ser el motivo principal de que sus encuentros comiencen a hacerse cada vez menos frecuentes. También por la misma época se casa la pianista Gertrude Barrie con un violinista italiano fanático de la aviación. Entre 1919 y 1923 Gibrán va a estar dedicado casi exclusivamente a escribir “El profeta”, la obra que lleva gestando casi desde sus inicios como escritor. Finalmente el libro se publica en septiembre de 1923. Como toda la obra de Gibrán, “El profeta” es un libro de clara inspiración moral y religiosa. Su protagonista, Almustafá, antes de partir hacia su isla natal desde la tierra en que ha vivido doce años en soledad y meditación, es reclamado por las gentes del lugar para que les obsequie con el fruto de sus pensamientos. A manera de testamento, ofrece sus lecciones de vida y sus recomendaciones sapienciales. Se ha visto en este libro, por su articulación en versículos y su cascada de imágenes y parábolas, la influencia de la biblia y los evangelios, influencia que el mismo Gibrán reconoció más de una vez a lo largo de su obra. También se le ha comparado con “Así habló Zaratrusta”. Pero el orbe religioso en el que habitan los protagonistas proféticos de los libros de Gibrán es fruto de un amplio sincretismo religioso y de un largo aliento místico. En Gibrán confluyen el cristianismo, el islam, el sufismo, las grandes religiones de la India, el esoterismo, la teosofía y la psicología jungiana. Encuentra eco en las obras de Nietzsche, Blake, Gide, Maeterlink, Renan, Emerson y Whitman. Al igual que para el Zaratrusta nietzschiano, el hombre aparece definido como una criatura que debe superarse, que debe trascenderse en busca de su yo más divino. El hombre debe aspirar a alcanzar la unidad universal, pero esta unidad queda compendiada en la imagen de Dios. En “los dioses de la tierra” Gibrán define al hombre como “un dios que se eleva lentamente”. Pero es un dios panteísta que resulta inmanente a la humanidad y también a la naturaleza. Dios se halla tras todas las manifestaciones de la naturaleza y sólo por medio de la comunión con los elementos naturales, a través de los árboles, los ríos y la luz, puede el hombre alcanzar la fusión mística y el sentimiento de armonía y unidad con el todo. La buena acogida del “Profeta” en los medios de prensa americanos convierte a Gibrán en una persona célebre, pero el éxito del libro no acaba de  sacarlo de su habitual penuria; una desafortunada inversión en un proyecto inmobiliario le deja casi arruinado, teniendo que volver pedir la ayuda de Mary Haskell para hacer frente a sus deudas. A partir de 1926, abandona el proyecto de prolongar el profeta con una segunda parte y se embarca en un libro sobre la figura de Jesús. Después de 18 meses de dedicación, a principios de 1928 aparece publicado el libro “Jesus, el hijo del hombre”. Los dolores originados por sus diversas dolencias llevan a Gibrán a refugiarse en el alcohol. El 5 de enero de 1929 se hace un examen médico que revela una alarmante hipertrofia del hígado. Los médicos le aconsejan que se someta a una operación, tras un tratamiento con radio que no da resultado, pero Gibrán prefiere que la enfermedad siga su curso sin intervenciones quirúrgicas. Con fecha de 13 de marzo de 1930, redacta su testamento y deja como herederas a su hermana mariana y a Mary Haskell. En julio alquila una casa al borde del mar buscando el reposo para su enfermedad y durante dos meses trabaja en “El vagabundo”, obra que no va a ver publicada en vida . El jueves 9 de abril de 1931 ingresa en el hospital aquejado de una cirrosis hepática y de un principio de tuberculosis en un pulmón. Gibran entra en coma profundo y expira al día siguiente. Siguiendo su última voluntad, Mary Haskell da su aprobación para que el cadáver de Gibrán sea enviado a Becharré y el 23 e julio de 1931 su féretro envuelto en las dos banderas, libanesa y norteamericana, deja el continente americano a bordo del buque Sinaia. El jueves 20 de agosto de 1931 llega a Beirut, donde el féretro es recibido con todos los honores por las autoridades del Líbano.

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-La ambición es una forma de trabajo

-Dios hizo la verdad con muchas puertas para acoger a todos los creyentes que llamen a ellas

-La educación no siembra semillas en ti, pero hace que germinen tus semillas. (más…)

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POETAS 109. Czeslaw Milosz (II) (Tierra inalcanzable)

Czeslaw Milosz nace en Vilna (Lituania) el 30 de junio de 1911, en el seno de una familia de la alta burguesía polaca. Los distintos avatares por los que pasará Vilna a lo largo del siglo XX van a ser un espejo en el que se reflejará la ajetreada existencia de Milosz. En el momento en que nace el poeta, Lituania formaba parte del Imperio ruso; después de la Primera Guerra mundial la zona de Vilna se convertirá en uno de los focos culturales más importantes de Polonia, caerá luego bajo el dominio soviético tras concluir la segunda guerra mundial, para convertirse en Estado independiente tras la caída de los regímenes comunistas que gobernaban Europa central. En ese mosaico de épocas y culturas diversas -donde coexistían idiomas como el polaco, el ruso, el yidish y el lituano-, fue donde Miolosz se crió, una Lituania llena de leyendas y poesía que iba a alimentar su imaginación. A pesar de que sus orígenes y su condición viajera iba a propiciar el conocimiento de varias lenguas, y a pesar del largo exilio en el que vivió una buena parte de su vida, Milosz permaneció siempre fiel a su tradición y a la lengua polaca en la que escribiría la casi totalidad de  su obra. “El idioma –escribió en “Abecedario”- es mi madre, de forma literal y metafórica. Con seguridad es también mi casa, con la que vago por todo el mundo”. Milosz se estrenó como poeta en la década de los 30 con un par de libros que explotaban la veta más irracional y visionaria de la poesía polaca, en contacto con las vanguardias europeas: “Tres inviernos” (1933) y “Poema sobre el tiempo congelado” (1936), libro este último que le valió en 1934 una beca para estudiar en Francia. Antes se había licenciado en derecho y durante algún tiempo trabajó como pasante en un bufete de abogados. Luego comenzó su carrera de funcionario trabajando en las oficinas de radio Polonia entre 1935 y 1939. El estallido de la segunda guerra mundial le lleva a Varsovia, donde es testigo de la ocupación alemana y el levantamiento del gueto judío. En esta ciudad se moverá en la clandestinidad ofreciendo su apoyo a los perseguidos por el régimen nazi. Al finalizar la guerra, abandona una Varsovia devastada para irse a vivir a Cracovia, donde publica “Salvación” (1945), poesía de carácter realista que trata de convertirse en denuncia de una época de barbarie y deshumanización. Después de Salvación (1945), se inicia una época de poesía más social, de acerada denuncia a través de la ironía. Durante la ocupación de Varsovia, Milosz traduce la tierra baldía de T.S. Eliot, poema que ejercerá una gran influencia en el autor. Harto de la imagen de una Polonia desolada tras haber sido tomada por el ejército soviético, Milosz busca una vía de escape que lo aleje de su país y por fin encuentra un trabajo, en el año 1946,  como agregado cultural en la Embajada de la república popular de Polonia en Washington. En 1950 Milosz es destinado a Francia, como primer secretario de la embajada polaca en París, pero en diciembre de ese mismo año le retiran al pasaporte cuando decide volver a Varsovia. En 1951, de nuevo en Francia, empieza su largo exilio, que iba a durar treinta años. Tras vislumbrar en Varsovia la faz bárbara del estalinismo, rompe con el Gobierno de su país y pide asilo en Francia. Quiere regresar a Estados Unidos, donde ha dejado a su familia, pero una trama urdida a su alrededor para desacreditarle como topo soviético ante el gobierno de los Estados Unidos convierte la obtención del visado en un trámite kafkiano que iba a demorarse durante diez años. Durante esta década va a malvivir en una Francia difícil y desocupada, ganándose la vida a duras penas con colaboraciones esporádicas para algunas revistas del exilio. Allí traba amistad con Albert Camus, que a la sazón estaba siendo acosado por una campaña de denigración orquestada por Jean Paul Sartre desde la revista “Les temps Modernes”, purgando por el pecado de no querer doblegarse a la línea antipiimperialista que dictaba escribir en contra de los Estados Unidos para alinearse con la política de la Unión Soviética. Fue Camus quien facilitó desde la editorial Gallimard, de la que era asesor, la publicación de sus novelas “El poder cambia de manos” y “El valle de Issa”, además de su libro de ensayo “El pensamiento cautivo”, denuncia –este último libro- de la mentalidad intelectual bajo el estalinismo, que hace del artista un títere desde el momento en que coloca su talento al servicio del poder. “Cuando me entregué a la escritura del pensamiento cautivo –comentó Milosz más tarde- sentía con fuerza que estaba haciendo algo incorrecto, que estaba violando las reglas del juego aceptado por todos, incluso más, que me estaba adentrando en el espacio sagrado para blasfemar”. Esta audacia suya por denunciar los tejemanejes del totalitarismo en su propio país le costó la desgracia de ser señalado como un enemigo del pueblo por escritores polacos que hasta entonces habían sido sus amigos. Durante la década de los cincuenta seguirá publicando más libros de poemas: “La luz del día” y “Tratado político”.   A partir de 1960 obtiene por fin su visado a los Estados Unidos al lograr una invitación como profesor de lenguas y literaturas eslavas en la Universidad de Berkeley. Para Milosz, América – a la que llegó a definir  como un cúmulo de contradicciones-, era, sobre todo, Walt Whitman, el gran bardo americano con el que iba a compartir su visión panorámica del mundo. «En él se cumple -escribió en cierta ocasión- la fórmula de la poesía entendida como totalidad de lo real. Conforme a esta fórmula, la poesía debe ser como un río caudaloso, un río que lo arrastra todo: arena, ramas, troncos de árboles y, por supuesto, pepitas de oro. Ahí radica la grandeza de Walt Whitman». Aparecen en esta década cuatro libros de poesía que representan un cambio respecto a la poética anterior: el más importante de ellos, “Ciudad sin nombre”, 1969. La poesía social pasa a un segundo plano para dejar paso una obra lírica más reflexiva en donde se pregunta por la finalidad de la poesía, por los ideales humanos o por el sentido de la muerte. En los años setenta publica un único libro de poemas, pero que resulta de una importancia capital en su obra: “Desde donde el sol sale hasta donde se pone”. Al mismo tiempo imparte cursos sobre la obra de Dostoyevski, cuya influencia va a estar presente tanto en su reflexión sobre el bien y el mal y la responsabilidad moral del hombre como en la multiplicidad de voces con que va a acompañar su poesía. Comienza entonces la época de mayor plenitud en la carrera del poeta, culminada con la obtención del premio nobel de literatura en el año 1980. La nueva apertura de Polonia, tras la aparición  del sindicato “Solidaridad”, le permite regresar a su país, lo que provocará un nuevo giro en su poesía, ahora centrada en la memoria y en la imposibilidad de evocar las cosas con la fidelidad con que se sucedieron. La traducción durante esta época de algunos libros bíblicos va a tener influjo en sus nuevos poemas, así como la obra esotérica de Swebendorg, William Black o Simone Weil. En el año 2000 publica el volumen “Esto”, poesía cuyo tono abandona el lirismo de obras anteriores, para partir a la búsqueda de un lenguaje más depurado y esencial. Especial trascendencia para su vida personal tendrá la muerte de su segunda mujer, Carol Thigpen, que desencadena la escritura del largo poema Orfeo y Eurídice. En 2006, dos años después de su fallecimiento, producido el 14 de agosto de 2004, aparece su libro póstumo “últimos poemas”, la mayoría de ellos compuestos durante los últimos meses de vida. Libro testamentario en donde  hace un repaso a la totalidad de su vida y obra con la lucidez y la ecuanimidad que otorga el estar en el último tramo del camino, al borde de una frontera que le permite volver a plantearse las grandes interrogaciones metafísicas y religiosas que siempre acompañaron su poesía.

TAN POCO

He dicho tan poco.

Días breves.

Días breves.

Noches breves.

Años breves.

He dicho tan poco.

No he tenido tiempo.

Han fatigado mi corazón.

El entusiasmo,

La desesperación,

El ardor,

La esperanza.

Las fauces del leviatán

Se han cerrado sobre mí.

He yacido desnudo en orillas

De islas desiertas.

 

La blanca ballena del mundo

Se me ha llevado hacia el abismo.

 

Y ahora ya no sé

Qué ha sido real.

Berkeley, 1969

(“Desde donde el sol sale hasta donde se pone”, 1974)

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POETAS 110. Inger Christensen (Alfabeto)

Inger Christensen (Vejle, Dinamarca, 16 de enero de 1935 – 2 de enero de 2009) fue una poeta, novelista y ensayista danesa. Nació en Vejle (costa oriental de Jutlandia), donde realizó sus primeros estudios. Más tarde se trasladaría a Copenhague, y allí se graduó como profesora de Matemáticas en 1958. De este año datan sus primeros poemas, que van a ser publicados en el diario Hvedekorn, bajo el auspicio del poeta y crítico danés Poul Borum, con quien se casará un año más tarde, conviviendo juntos hasta su divorcio en 1976. En 1963 entra a dar clases en el Colegio de Artes de Holbaek. Tras impartir dos cursos, decide consagrarse a la literatura, llevando a imprenta tres obras de poesía durante la década de los sesenta: Luz (1962), Hierba (1963) y Ello (1969), un largo poema filosófico sobre el origen del lenguaje y del mundo, donde hace un recorrido por los sentimientos más esenciales del hombre: el miedo y el amor; el poder y la impotencia. También en los años sesenta comienza su aprendizaje como novelista y publica dos novelas. En el relato corto de 1976, “la habitación pintada”, la escritora abordará la vida y obra del pintor del renacimiento Andrea Mantegna. En 1991 escribe “el Valle de las mariposas”, un ciclo de sonetos experimentales donde la fragilidad de las mariposas le sirve como símil para hacer una indagación sobre el dolor humano. También escribió relatos para niños, obras teatrales y numerosos ensayos. En 1978 entró a formar parte de la Academia Danesa, y en 1994 se convirtió en miembro de la Academia Europea de la Poesía. Recibió el Premio Austriaco de Literatura Europea y el Premio Nórdico en 1994, y también el Premio Europeo de Poesía en 1995, además de figurar durante los últimos años de su vida como una de las candidatas perennes al premio nobel de Literatura.

Pero su obra fundamental la escribió en 1981 y la tituló “Alfabeto”. Se trata de un largo poema rigurosamente estructurado de acuerdo a dos principios de composición: la secuencia de Fibonaci y el orden alfabético. La secuencia de Fibonacci es la sucesión infinita de números naturales, en la cual cada término es la suma de los dos anteriores, y fue descrita por el matemático renacentista Leonardo de Pisa. Está sucesión numérica que ha rendido su utilidad lo mismo en la computación que en la teoría de juegos, también se manifiesta en el orden biológico, bien en las ramas de los árboles, en la disposición de las hojas del tallo o en la flora de la alcachofa. Como la misma poeta se encargó de recordar cuando publicó su “Alfabeto”: “Las proporciones numéricas están en la naturaleza, como la forma en que un puerro se envuelve en sí mismo desde dentro”. Inger va a tratar de que su composición poética se arregle de acuerdo a esta proporcionalidad natural: es decir, cada estrofa va a estar compuesto por un número de versos que será la suma del número de versos de las dos estrofas anteriores. 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55… Al mismo tiempo, este orden creciente de estrofas sometidas al orden de los números, va a estar también regida por el orden de las letras, convirtiéndose el poema en un inventario de las cosas del mundo de acuerdo a una clasificación alfabética que va a tener su término en la letra N, ya que el crecimiento exponencial de versos que genera la sucesión de Fibonacci supondría una extensión inabordable en un solo libro de poemas.

Y es en este orden alfanumérico donde se da acogida a ese otro orden natural en el que se va desarrollando el entramado de seres y cosas que forman el mundo, y donde incluso la muerte está ahí sólo para apuntalar mejor ese mismo orden. Pero poco a poco comienza a infiltrarse insidiosamente el desorden provocado por la mano del hombre. En el catálogo de seres y cosas que la poeta celebra a fuerza de invocaciones, se va entreverando una serie de productos humanos que comienzan a ir contaminando y desintegrando tanto la belleza del poema como la inocencia del mundo en él reflejado; y así van haciendo acta de aparición entre los albaricoqueros y las palomas y las flores del sauco, también la dioxina, y el cobalto y los productos de fisión, los errores sistemáticos, el control remoto, los fusiles y el llanto y el lugar del crimen junto al ícaro caído, que viene a simbolizar el poder autodestructor del hombre que ha querido escalar por encima de sus posibilidades. Al lado de los halcones también desfilan los cazabombarderos, a la vez que el poema comienza a expandirse hacia un orden cósmico y telúrico: junto a los corrimientos de tierra y los terremotos se abre un espacio donde ya se premoniza la caída de la bomba de Hiroshima, que “con su blanca oscuridad” va a comenzar a desintegrar el poema y a poner un velo de tinieblas. Por medio de variaciones y repeticiones y nuevas recombinaciones de las palabras que van surgiendo, los objetos y seres naturales designados por ellas también van reconfigurándose en otro orden y sentido, para acabar reflejando el desorden cósmico en el que el hombre se coloca. Junto a la aparición de la Historia también aparece la posibilidad del Olvido, la posibilidad de enterrar toda la naturaleza bajo una capa de muerte y destrucción: “existen las calles, las fronteras, el olvido”. Los experimentos que se realizan con la bomba de hidrógeno en el atolón trazan un factor de irrealidad que va desintegrando el mundo real en que vivimos. El hombre, con su poder de transformarlo todo, se convierte a la vez en el ser que puede aniquilar el mundo y convertirlo en nada: “La bomba de cobalto existe/Envuelta en su capa/De isótopos de cobalto 60/Cuyo periodo de desintegración/Garantiza un efecto/Extremadamente dañino/No hay más que/Decir, nosotros garantizamos/Que el daño será el mayor posible/.” Crítica situación de cataclismo que hace tomar conciencia a la poeta de que el ser humano es sobre todo un ser para la muerte y que el equilibrio de esta relación del ser humano con la muerte pasa por restaurar una relación armoniosa con el mundo natural que le da cobijo. El arte del poeta ha de convertirse entonces en juntar las palabras simplemente para hacer que las cosas queden colocadas en su sitio, siendo consciente de que la intervención del hombre en el mundo natural produce un desorden por donde se puede colar la nada, el poder de las tinieblas. Hay que llegar a pensar líricamente, de la misma forma que el viento escribe su poesía en el agua;  el hombre debe aprender a establecer un vínculo poético con el mundo para remozarlo con su nueva sensibilidad. Hay que pensar como una nube o una hoja de un árbol, nos dice Inge, es decir, hay que pensar teniendo también en cuenta la coexistencia con las nubes y con las hojas de los árboles. Hay que pensar ecológicamente si se quiere pensar líricamente y si se quiere sobrevivir a la deshumanización del hombre. Después de la inminencia del cataclismo queda  un estado de conciencia desolado en el que aparece la compasión como el sentimiento resultante que toma conciencia de que «las cosas tal vez ya no pueden seguir como están». Conciencia de que el poder creador del hombre puede convertir al mundo en un caos y, por tanto, poder demónico que puede venir a desbaratarlo todo. En este horizonte desolado por el poder destructor de la civilización humana, la poesía sirve para abrir un espacio en donde el mundo se vuelve a recolocar de nuevo, dejando que los seres y las cosas lleguen a hacer oír su voz más allá del atronador ruido y confusión con que el hombre ha venido a ensordecer el mundo. Un mundo, nos recuerda Inge, cuya luz resplandece ahora en el cielo pareciéndose al fuego de la bomba un poco.

Al ser el poema una celebración de la existencia de las cosas a través de la pronunciación de los sonidos con que se presentan las palabras, cualquier lector que no conozca la lengua danesa puede, mediante la lectura de la versión original -que aquí se ofrece-, tener un atisbo, recibir algún eco del efecto sonoro que la poeta quiso dar a su orbe de versos. Nunca en verso una lengua tan remota para el lector, se podría decir, ha podido llegar a hacerse tan íntima y tan próxima. Es por este motivo por lo que la selección de las primeras estrofas se ofrece también aquí en su lengua original, con el fin de que se pueda tener acceso a una visión y a una audición lo más cabal posible de uno de los grandes poemas del siglo XX. La traducción del danés al español se le debe a Francisco J. Uriz.

1

Abrikostraeerne findes, abrikostraeerne findes

Los albaricoqueros existen, los albaricoqueros existen

2

Bregnerne findes og brombaer, bromaer

Og brom findes; og brinten, brinten

Los helechos existen; y zarzamoras, zarzamoras

Y bromo existen; y el hidrógeno, el hidrógeno

3

Cikaderne findes; cikorie, chrom

Og citrontraeer findes; cikaderne findes;

Cikaderne, ceder, cypres, cerebellum

Las cigarras existen; chicoria, cromo

Y limoneros existen; las cigarras existen;

Cigarras, cedros, cipreses, cerebelo

4

Duerne findes; drommerne, dukkerne

Draeberne findes; duerne, duerne;

Dis, dioxin og dagene; dagene

Findes; dagene doden; og digtene

Findes; digtene, dagene, doden

Las palomas existen; los soñadores, las muñecas

Los asesinos existen; las palomas, la palomas;

Niebla, dioxina y días; los días

Existen; los días, la muerte; y los poemas

Existen; los poemas, los días, la muerte

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Pensamiento

Pensamiento

Pesimista sonriente,
rio.

A veces me alcanzan
oleadas de tristeza.
De otra tristeza más profunda,
sin consuelo.
La tristeza del vacio
o de lo lleno inútil.
Yo mismo, incapaz
de mover un átomo
mi destino.
Y voy perdiendo tesoros
sin valor
y baratijas apreciadas,
hasta no tener nada:
Ni cuerpo ni deseos,
ni objetos pequeños
culpables de añoranzas,
unas veces propias,
otras veces ajenas,
ignoradas,
incomprendidas.
Y esto paso a paso,
lentamente
como un tormento,
preguntándome
cuando llegará
el momento de lo insoportable.

Pesimista sonriente,
rio.

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POETAS 103. Philip Larkin III (Ventanas altas)

Phillip Arthur Larkin, (9 de agosto de 1922-2 de diciembre de 1985), comenzó a labrarse fama en Inglaterra como poeta –antes había ensayado alguna que otra novela-  a raíz de la publicación de su segundo libro de poemas, “Engaños”, publicado en 1955. Le siguió “Las bodas de Pentecostés” (1964) y “Ventanas altas” (1974). Pasó su infancia y adolescencia en Coventry, tal como rememora en su poema “Recuerdo, Recuerdo”, un lugar del que más bien abominaba, y del que no pudo decir que encontró sus raíces, con una irónica “magnífica familia a la que nunca acudió corriendo cuando estaba deprimido”. Su padre llegó a ser tesorero de esta ciudad y se encargó de su primera educación leyéndole obras de Ezra Pound y T. S Eliot. Precisamente éstas fueron sus primeras influencias poéticas, a la que más tarde agregó el descubrimiento de Auden y, sobre todo, de Thomas Hardy. Si bien sus primeros poemas acusaron la influencia simbolista de Yeats, de la que se desprendió más tarde por la lectura más a ras de suelo que hiciera de Hardy. De estos primeros años datan la tartamudez que le acompañó a lo largo de su vida, así como su afición al jazz, llegándose a convertir en uno de los mayores especialistas de Inglaterra. Exento de ir al frente durante la segunda guerra mundial por su miopía, estudió en Oxford entre 1940 y 1943, y se graduó en Literatura Inglesa, llegando a trabar durante esta época una amistad duradera con el escritor Kingsley Amis. Poco después logró un puesto de bibliotecario en Wellington y se ganó fama de mujeriego al mantener durante un tiempo relación con dos mujeres, Ruth Bowman y Monica Jones. En 1950 entró a trabajar en la biblioteca de la Queen’s University de Belfast, donde permaneció durante cinco años, que resultaron bastante fructíferos para su escritura –aquí escribió casi en su totalidad “Engaños”-, debido en parte a una situación de extrañamiento y anonimato favorables, tal como deja constancia en su poema “La importancia de otro lugar”, donde sugiere que la condición de extranjero abre la licencia para poder rechazar las costumbres y las instituciones del lugar, algo que está vedado para quien es nativo. En 1955 fue contratado como bibliotecario por la Universidad de Hull y ya no volvería a cambiar de empleo ni de ciudad. Como bibliotecario fue un empleado diligente que promovió la construcción de una nueva biblioteca y multiplicó ampliamente su dotación de libros. Hull supuso para Larkin la ciudad con la que por fin podía conciliarse, una ciudad perfecta en muchos aspectos, especialmente por “estar al límite de las cosas”, “lejos de todo, de camino a ninguna parte”. La soledad física y espiritual que le aportó Hull le permitió un aclaramiento consigo mismo cuyo fruto fue el siguiente libro, casi diez años después, “Las bodas de Pentecostés”, con excelente acogida por parte de la crítica. Fue especialmente valorada su capacidad para reunir “el mundo de todos, el lugar donde, al final, encontramos nuestra felicidad, o jamás la encontramos”, una capacidad para sintonizar con la trivialidad del hombre contemporáneo . Como ha escrito Damià Alou, “la belleza de los poemas de Larkin no reside en otra cosa que en la verdad de la experiencia relatada, en su manera de partir del detalle, de fijarlo, de precisarlo, y de saber pasar, a veces con un leve paso y a veces con una cabriola sintáctica, a una observación general acerca de la vida que nunca es desatinada, nunca deja indiferente”. Larkin fue un escritor moroso que trabajaba mucho sus poemas, a veces durante años, por lo que su siguiente libro demoró su aparición una década más, llegó en 1974, “Ventanas altas”, con un gran éxito de ventas. Su último poema importante, “Albada” fue publicado en el Times Litterrary Supplemente del 29 de noviembre de 1977 y versa sobre el terror de “la muerte infatigable (…) que borra todo pensamiento excepto cómo y dónde y cuándo moriré (…) un miedo concreto que ningún truco disipa”. Murió de cáncer de esófago, en Hull, el 2 de diciembre de 1985. Su fama póstuma, cada vez más creciente, fue emborronada por la publicación en 1992 de sus cartas y de su biografía oficial escrita por Andrew Motion. Estos documentos desentierran a un Larkin obsesionado por la pornografía, que se manifestaba abierta y procazmente racista. En alguna ocasión Larkin llegó a escribir: “Encuentro el estado de la nación muy terrorífico. En diez años probablemente nos ocultemos bajo nuestras camas mientras grupos de negros roban todo lo que pueden”. A pesar de su fama controvertida, Larkin fue elegido en 2003, en una encuesta hecha por la Poetry Book Society, como el poeta más querido de Gran Bretaña y en los paneles de los autobuses de la ciudad de Hull se puede leer todavía alguno de sus poemas.

La traducción de estos poemas se le debe a Damià Alou. De su labor como traductor de Larkin, ha comentado: “Nunca se prima el sentido sobre el sonido, ni viceversa, porque en el lenguaje humano ambas cosas no pueden separarse. Lo más importante en poesía es que oigamos  la voz del poeta como si fuera un buen doblaje: nunca será lo mismo, pero puede llegar a conmovernos o divertirnos igual. El lenguaje de Larkin nunca es chillón ni machacón, y a veces su rima es tan sutil que pasa desapercibida. Sin embargo, poemas como “Sapos” o “Egoísta es el hombre” la reclama a gritos para que nos llegue su efecto: la risa.”

VENTANAS ALTAS

Cuando veo una parejita e imagino

Que él se la folla y ella toma

Píldoras o usa un diafragma,

Sé que es  el paraíso

 

Que todo viejo soñó la vida entera:

Ataduras y prejuicios desechados

Como una cosechadora obsoleta, y los jóvenes

Deslizándose sin límites, ladera abajo,

 

Hacia la felicidad. Me pregunto si

Cuarenta años atrás, mirándome alguien

Habrá pensado: Eso es vida;

Nada de Dios, ni de sudar de noche

 

Pensando en el infierno, ni de ocultar

Lo que opinas del pastor. Ese y sus

Amigos se deslizarán, maldita sea,

Libres como pájaros. Y de inmediato,

 

Más que en palabras, pienso en ventanas altas:

El cristal donde cabe el sol y, más allá,

El hondo aire azul, que nada muestra,

Y no está en ninguna parte, y es interminable.

 

 

HIGH WINDOWS

When I see a couple of kids

And guess he’s fucking her and she’s

Taking pills or waring a diaphragm,

I know this is Paradise

 

Everyone old has dreamed of all their lives-

Bonds and gestures pushed to one side

Like and outlated combine harvester,

And everyone you going down the long slide

 

To happiness, endlessly. I wonder if

Anyone looked at me, forty years back,

And thought, That’Il be the life;

No God any more, or sweating in the dark

 

About hell and that, or having to hide

What you think of the priest. He

And his lot will all go down the long slide

Like free bloody birds. And inmediately

 

Rather than Word comes the thougt of high Windows:

The sun-comprehending glass,

And beyond it, the deep blue air, that shows

Nothing, and is nowhere, and is endless.

 

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Objeto para un sujeto

Objeto para un sujeto

Soy objeto para un sujeto…
Si no hubiera sujeto ¿Qué sería yo?
Un vejete insignificante,
un rostro pura arruga,
puro guiño,
oferta de simpatía
difícil de aceptar…
al fin le queda tan poco…

Objeto sin sujeto
que no ve el tiempo pasar.

Mas miro alrededor y nadie vive
si no pervive su objeto,
si no tiene el reflejo de él mismo
en el espejo:
Objeto yo de mi mismo sujeto
o de mi ideal, porque la imagen
en mí reflejada no es
cómo yo creía, interesante,
al modo de años atrás.

Es una pura ruina,
Esferitas rebotando
en el interior de otra esfera,
objetos sin sujeto
esperándome a mí,
o lo que es más: una relación
que las lleva al juicio.

Insisto con un extraño
y todo vuelve a empezar:
Un vejete insignificante…

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